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Saber reposar en el propio corazón

© Juan de Dios Santander Vela / Flickr / CC

Aleteia Team - publicado el 11/06/14

No tenemos alma cuando vivimos volcados sobre el mundo, vaciados en las cosas que poseemos y nos atan

Muchas veces nuestra alma está esclava. El hombre vive tristemente la vida que no quiere vivir.

Decía el Padre José Kentenich: «El hombre moderno está en peligro de perder su alma, de esclavizar su alma a las cosas exteriores, de vincularla a las cosas. Lleva una vida de rata, de sapo, de ave migratoria. Está demasiado poco en su propia casa. Siempre mentalmente de viaje, de camino. Está demasiado fuerte hacia fuera, carece de alma»[5].

No tenemos alma cuando vivimos volcados sobre el mundo, vaciados en las cosas que poseemos y nos atan. Nos pesa demasiado el corazón. Somos esclavos de nosotros mismos, de nuestros deseos y anhelos, de las pretensiones que nos impiden crecer. Cada uno sabe lo que más le pesa, lo que le impide avanzar pasos nuevos.

Necesitamos adentrarnos en nuestro cenáculo y esperar la venida del Espíritu. Viene a devolvernos el alma. Lo primero que le pedimos hoy es que nos enseñe a reposar en nuestro propio corazón, solos.

Decía el Papa Francisco: «En la intimidad con Dios y en la escucha de su Palabra, poco a poco dejamos de lado nuestra lógica personal, dictada la mayor parte de las veces por nuestra cerrazón, por nuestros prejuicios y nuestras ambiciones, y en cambio, aprendamos a preguntar al Señor: ¿Cuál es tu deseo? ¡Pedirle consejo al Señor!».

En oración aprendemos a vivir sin miedo en soledad. Aprendemos a hacer silencio para escuchar su voz y descifrar sus caminos.

El hombre de hoy ha perdido la conciencia de su originalidad. No sabe quién es. No conoce para qué lo quiere Dios.

El Espíritu nos devuelve los ojos para descubrir nuestra belleza, para saber qué quiere Dios que hagamos. En intimidad con Él reconocemos quiénes somos.

El Espíritu Santo convirtió ese grupo de discípulos masificado en un grupo de hombres enamorados de su misión.

El Espíritu Santo hoy nos saca de la masificación, nos hace alegrarnos en los dones que nos ha dado. Nos capacita para amar más desde nuestra verdad. Nos hace creativos. La fuerza del Espíritu transforma a hombres débiles en hombres capaces de todo. 

Tags:
espiritu santosoledad
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