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Qué hacer cuando un hijo cae en la pornografía

© Montecruz Foto
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La pornografía por internet ofrece a los jóvenes una visión distorsionada y enferma del amor

Hace relativamente pocos años, a los jóvenes les resultaba casi imposible conseguir una revista o un video pornográfico. Era poco probable que un muchacho pudiera entrar a una sala de cine erótico o a un espectáculo nudista, las revistas y publicaciones pornográficas no se exhibían abiertamente en los puestos de periódicos y los sex shops prácticamente no existían.
 
Entonces era muy difícil que los jóvenes pudieran entrar en contacto con la pornografía; sin embargo, la llegada del internet marcó el inicio de la “era de la pornografía posible”, como lo describe el especialista en satanismo juvenil  y autor de varios textos sobre el tema, Carlo Climati, en el libro Los juegos extremos de los jóvenes.
 
Con solo oprimir una tecla de la computadora, los jóvenes de hoy pueden conectarse con facilidad a los sitios de pornografía que ofrecen cantidad de fotografías, videos, la posibilidad de participar en grupos virtuales, y el intercambio de material con personas desconocidas.
 
“La computadora –expone Climati– se volvió el equivalente de los puestos de revistas y del cine ‘para adultos’, pero con una diferencia: antes, el joven se enfrentaba a ciertos obstáculos que le dificultaban el recorrido. En cambio, hoy está completamente libre el camino. Es suficiente ‘tocar a la puerta de la pornografía’ a través de la computadora, y siempre hay alguien listo para abrir inmediatamente”.
 
Explica que los jóvenes cuentan con habilidades para esquivar los ‘bloqueos’ de navegación segura de sus papás, al contar con equipos portátiles o usar computadoras fuera de casa. “Esta tendencia está afectando a los jóvenes, ofreciéndoles muchas tentaciones. En un principio, esto parecería un pasatiempo normal, pero les esperan gravísimos daños posteriormente”, subraya el autor.
 
El daño
 
Al referirse a las consecuencias de la “era de la pornografía posible”, Climati destaca que los jóvenes que cultivan dicha práctica “comprometen seriamente su propio futuro, porque ‘entrenan’ su propio cuerpo y mente en una dirección equivocada, acostumbrándolos a ‘observar’ en vez de encontrar”.
 
Por su parte, la psicóloga Claudia Amador, de Fundación Cenyeliztli, explicó que “son serias” las consecuencias de la adicción a la pornografía porque distorsionan su percepción de la sexualidad, del amor y del trato con las personas del  sexo opuesto”.
 
Además, provoca en los jóvenes inseguridad cuando consideran que su propia imagen corporal no corresponde a lo observado en la pornografía, y esto les genera una sensación de no estar a la altura de lo que esperaría una mujer o un hombre de ellos, que deriva en dificultades para establecer una relación satisfactoria en los aspectos emocional y sexual.
 
El mensaje de mayor trascendencia es que el sexo y el amor están desvinculados, y que el sexo solo se practica por placer, sin vínculos afectivos ni compromisos con las personas, “es solo placer por placer, y en el peor de los casos el sexo es una mercancía sujeta a compraventa”, aseveró Amador.
 
Carlo Climati manifesta que esto “presupone una visión distorsionada y enferma del amor. Crea relaciones completamente ilusorias, virtuales, inexistentes  porque el ‘otro’,  con el que el joven se relaciona, no es un ser humano sino una imagen irreal.
 
Otra situación es que la pasión por la pornografía se convierte en “una esclavitud parecida a la de la droga, que puede llevar a alguien al aislamiento y a la ruina”, porque al concentrarse demasiado tiempo en la computadora, el joven poco a poco va perdiendo la percepción de la realidad y las relaciones humanas verdaderas.
 
El especialista también plantea otro problema grave: el comportamiento “desleal” de los jóvenes hacia la familia, ya que comienzan a comportarse “clandestinamente”, para mantener en secreto su búsqueda de material pornográfico mientras alimentan un estilo de vida lleno de mentiras.

 
¿Qué hacer?
 
El autor Carlo Climati recomienda a los papás no rendirse, y empeñar su voluntad para:
 
• Entablar un diálogo pacífico con los hijos y ayudarlos a sacar lo que guardan ellos, que podría haber surgido en un momento difícil en sus vidas o por alguna desilusión.
 
• Propiciar que el joven piense acerca de su vida, al verse obligado a mentir y esconderse.
 
• Pedirle que considere la calidad de las relaciones humanas con el mundo que lo rodea.
 
• Preguntarle cómo se siente y si se da cuenta que la pornografía lo está  llevando a descuidar aspectos verdaderamente importantes en su vida.
 
La psicóloga Claudia Amador aconsejó:
 
• Hablar con los jóvenes sobre la sexualidad, resolver sus dudas sin prejuicios, y enseñarles que el sexo es una función natural del ser humano pero que debe estar vinculada a un compromiso con uno mismo y con la otra persona.
 
• También hablar de la necesidad de cuidarse y de ser posible reservarse hasta tener la madurez necesaria y estar seguros de lo que están haciendo.
 
A los jóvenes que han caído en esta adicción, les recomienda: primero dejen de ver pornografía. Acérquense a alguien que los oriente, porque en muchos casos se requiere de una atención profesional por la confusión que esto genera, y que puede convertirse en un cuadro de patologías obsesivo-compulsivas.
 
También es de gran ayuda acudir al Sacramento de la Confesión, asistir a Misa, integrase a algún grupo parroquial juvenil, y encomendarse a la poderosa intercesión de la Virgen María para lograr vencer la tentación de recurrir a la pornografía.
 
Artículo publicado originalmente por SIAME

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