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“Evangelio pa´la Banda”, acercando a Jesús a las pandillas

© sari dennise
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Una iniciativa de evangelización para los "chavos-banda" en los distritos más pobres de México

“Mi nombre es Francisco Xavier Sánchez Hernández, soy sacerdote católico por vocación divina y enamorado de la filosofía por voluntad personal (y tal vez también divina)”. Así se define este doctor en filosofía, sacerdote y verdadera rara avis del sacerdocio mexicano que acaba de publicar –tras de hacerlo sobre Emmanuel Levinas y la justicia—un libro sobre los “chavos banda”, es decir, los jóvenes de pandillas, que viven la violencia extrema de poblaciones del extrarradio de la Ciudad de México; “ciudades perdidas” en donde no hay más ley que la pobreza y mayor esperanza que la muerte rápida.
 
Los primeros “chavos-banda” del Distrito Federal, “Los Panchitos” inventaron un grafiti que pronto fue popular: “Mejor morir pronto”. 

Ahora, el padre Sánchez Hernández, quien ama la opera “las sinfonías de Beethoven; la filosofía de Levinas; los cuentos de Rulfo; los colores de Rothko”; al que le gusta correr y poder terminar un maratón en algún lugar del mundo, pero que ama “más encontrarme con mi hermano el hombre, sobre todo el más necesitado.”, ha escrito un libro: Evangelio pa´la Banda.
 
Puesto en circulación por Ediciones Paulinas, el padre Sánchez Hernández ha dicho que de todos los libros que ha escrito hasta ahora “es el que más satisfacciones me ha dado”.

Es un libro que escribió hace años, durante su trabajo con chavos-banda en Valle de Chalco y Netzahualcóyotl, Estado de México, dos de las poblaciones más grandes y pobres del país, en el cinturón del Distrito Federal, en donde se hacinan millones de seres humanos en condiciones, muchas veces, infrahumanas.
 
El libro está escrito también por el padre Federico Loos y reúne textos de los dos autores. El prólogo es del reconocido escritor y periodista mexicano Vicente Leñero y se puede encontrar en las librerías San Pablo (www.sanpablo.com.mx) de toda la República mexicana y algunas sucursales en el extranjero.
 
Una probadita del Evangelio en condiciones extremas

 
El padre Sánchez Hernández ha escrito: “Pocas semanas después de haberme ordenado sacerdote me nombraron párroco en el Valle de Chalco. (…)  Yo llegaba para quedarme. Sin aplausos, sin condiciones materiales para vivir o ejercer mi ministerio (no había templo y menos aún casa sacerdotal), sin experiencia sacerdotal, pero con muchos deseos e ideales de ‘hacer algo’ por la comunidad en que Dios me había colocado.
 
“Muy pronto me di cuenta de la presencia de ‘chavos banda’ en la zona. Jóvenes, adolescentes, e incluso niños, que deambulaban por las calles reunidos en grupos: Rockers, Arkanzas, Calacos, etc. Camisetas negras estampadas, cabello largo o no, con o sin tatuajes, varios consumiendo drogas, pero todos con un elemento común: el gusto por reunirse, estar juntos, y tal vez olvidar por algunos momentos (sea por medio de drogas, cascaritas de fut, o tocadas) los problemas de la vida.
 
“Quería hacer algo por ellos –sin saber que al final fueron ellos los que hicieron mucho por mí, desapendejándome de algunos esquemas eclesiásticos y de prejuicios– pero no sabía cómo.

Fue así que me puse a escucharlos, y a tratar de entrar en su mundo: lenguaje, hogares, broncas, tocadas, etc. Con ellos era como volver a nacer, y a entender de manera nueva y diferente la Palabra del Señor, desde los pobres; más rica, más real, más profética.
 
“No se me olvida aquel día, después de varios meses de convivencia con la banda, que uno de ellos –el Mangas–, me dijo: ‘¿Oye cabrón tu eres cura, verdad?’ ‘Claro que sí’, respondí. Y luego continuó: ‘Entonces háblame de Jesús pero que yo le entienda valedor’.

Sentí que esas palabras venían de arriba, del ‘Valedor de todos los valedores’, y le dije que sí. Sin embargo, por más esfuerzos que hacía, sentía que mis palabras no les llegaban.

Entonces se me ocurrió cambiar los nombres de los personajes, y en lugar de Pedro y Juan el Bautista aparecieron el Piedra y Juan el Grillo; y Nazaret se convirtió en Neza-ret, etc. Todo esto, claro está, a partir del lenguaje de la banda. Como ellos hablan, o por lo menos hablaban por los años noventa.
 
“Es decir que los textos que ahora se presentan han sido escritos pensando ‘exclusivamente’ en la banda. Son textos que han nacido en la calle y para el aliviane de la banda. Es la banda la que ha quitado o añadido las palabras que más convienen, para que el Evangelio sea entendido con toda su novedad y frescura como ‘Buena nueva’.

Tres años después me cambiaron de parroquia y me fui a Netzahualcóyotl, a iniciar otra parroquia en una zona de paracaidistas (precaristas). La experiencia anterior me sirvió de mucho para alivianar y ser alivianado por nuevas bandas.
 
“Algo muy importante, que tengo que reconocer, es la amistad y el ejemplo sacerdotal de mi valedor el padre ‘Fede’. Cuando lo conocí supe lo que es vivir la ‘radicalidad evangélica’ y la ‘opción por los pobres’, que yo tan sólo había leído en los libros.

Los tres juntos (Dios, Federico y yo) hicimos varias actividades chidas al servicio de la banda: tocadas, misas, peregrinaciones, partidos de futbol, etc. Gracias a Federico Loos, y a sus contactos con el personal, este libro se ha distribuido en cárceles, anexos, bandas de la República mexicana, e incluso chicanos del gabacho, y ha gustado mucho.

Después de mis primeros cinco años de sacerdocio se me brindó la oportunidad de seguir estudiando (filosofía) en el extranjero, y abandoné mi trabajo con la banda.

Sin embargo, si, ahora como profesor, continúo sensibilizando laicos, religiosos/as, y curas, a alivianar de alguna o de otra manera a los más jodidos de la sociedad (que es donde Dios se expresa de manera más directa), mi trabajo, de ayer y de ahora, no habrá sido en vano”.

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