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¿Había sacramentos en el Antiguo Testamento?

ADORATION OF THE MYSTICAL LAMB
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La circuncisión, los sacrificios por el pecado y el delito, el remedio de la naturaleza, la celebración del cordero pascual, la consagración de Aarón y sus hijos al sacerdocio,…

Por un acto de misericordia, Dios creó el universo y todo lo que en él se contiene, y como una obra prima de entre las criaturas visibles, creó el hombre a su imagen y semejanza a fin de que este pudiese participar de su propia Vida a través de la gracia.

Trágicamente el hombre rompió la alianza establecida con Dios, y por medio del primer pecado, todo el género humano quedó privado de su gracia y estaba condenado a no más participar del fin para el cual Dios lo había creado.

Qué grave y duro castigo infligido por la Justicia Divina al pecado cometido; entretanto, cuán dulce y suave solución encontrada por la Misericordia Infinita del Creador, pues Él envió al mundo a su Hijo Unigénito, a fin de redimir todo el género humano, y es por eso que la Iglesia no duda en cantar «‘O Felix Culpa‘, que ha merecido la gracia de un tan grande Redentor».

Remedio contra el pecado

Habiendo el hombre sido infiel, perdió el mayor de los tesoros que le fuera confiado: la gracia de Dios. No sólo las puertas del paraíso terrestre le fueron cerradas, sino que el cielo ya no podía recibir al hombre fuera del estado de gracia.

¿Cuál es el remedio contra este gran mal? ¿Estaría el hombre privado para siempre del fin sobrenatural para el cual fuera creado?

Con vistas a hacer que el hombre pudiese obtener o readquirir la gracia perdida, Jesucristo realiza la Redención y deja a los hombres los sacramentos, «señales sensibles instituidas por Nuestro Señor Jesucristo para significar y producir en nuestras almas la gracia santificante». [1]

Necesidad de los sacramentos

No es real defender que Dios tendría una necesidad absoluta de instituir los sacramentos, pues podría haber utilizado otras formas para que el hombre pudiese alcanzar la salvación eterna.

Pero se puede afirmar que fue sumamente conveniente la institución de los mismos, considerando la naturaleza humana en sí misma, el estado en que se encontraba el hombre y por el hecho de que la acción humana se desarrolla predominantemente en el ámbito de la realidad corporal. [2]

Los sacramentos de la antigua Ley

Habiendo sido cerradas las puertas del cielo, los hombres necesitaban un Redentor que les trajera nuevamente la posibilidad de la salvación.

Con todo, la Divina Providencia y la misericordia de Dios, demostrada tantas veces en la historia, parecen exigir que no se dejase sin ningún medio de salvación, incluso antes de la venida del Redentor, tanto a los niños que muriesen antes del uso de la razón, como a los adultos, a fin de que obtuviesen el perdón de sus pecados actuales [3].

Pueden verse tres de estos sacramentos, a pesar de no saberse bien el número de ellos:

1º El remedio de la naturaleza (remedium naturae), que se ordenaba a borrar el pecado original. No se sabe en qué consistía, pero parece que se trataba de alguna manifestación externa de la fe en el futuro Mesías […];

2º La circuncisión promulgada por Dios a Abraham y sancionada nuevamente por la Ley de Moisés;

Una especie de penitencia para la remisión de los pecados actuales. Tuvieron ese carácter los llamados ‘sacrificios por el pecado y el delito’, promulgados posteriormente de forma más determinada por la Ley de Moisés. [4]

Estos fueron los sacramentos del período de la Ley Natural, y que más tarde fueron complementados por Moisés, en el período de la Ley Escrita, período este en que se puede afirmar que ciertamente ha habido verdaderos sacramentos.

Los sacramentos del período de la Ley Escrita

Se llama período de la Ley Escrita al período comprendido desde Moisés hasta Cristo.

Además del ‘remedium naturae‘, de la circuncisión y de ciertos sacrificios por el pecado, se agrega todavía durante este período la celebración del cordero pascual, que era una pre-figura de la Eucaristía y la consagración por la cual Aarón sus hijos y descendientes eran destinados al sacerdocio, que a su vez, era una pre-figura del sacramento de la Orden.[5]

Por último, basándose en la certeza de que ningún hombre puede salvarse a no ser por la fe en Cristo, santo Tomás demuestra la real necesidad de los sacramentos en la antigua Ley:

[…] ya antes de la venida de Cristo convenía que hubiese señales sensibles, por las cuales el hombre profesase su fe en la venida futura del Salvador. Tales señales se llaman sacramentos. Así, queda claro que era necesario que fuesen instituidos sacramentos antes del advenimiento de Cristo.[6]

Para los que desean la salvación

Finalmente, vale resaltar la gran superioridad de los sacramentos de la Nueva Ley con relación a los de la Antigua, pues «no se puede decir que los sacramentos de la Antigua Ley causaban la gracia por sí mismos, esto es por fuerza propia»,[7] mientras que «los sacramentos de la Nueva Ley causan la gracia: por orden de Dios, son utilizados para causar la gracia en los hombres».[8]

Por tanto, es en la consideración de este deseo de Dios en salvar la humanidad perdida por el pecado, que el hombre debe llenarse de confianza y buscar acercarse cada vez más a los sacramentos, verdaderas maravillas puestas por Dios a disposición de todos aquellos que desean la salvación.

Por Anderson Fernandes Pereira
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[1] MARÍN, Antonio Royo. Teologia Moral para Seglares. 5ª edição. BAC: Madrid, 1993. p. 8.
[2] Cf. S.T. III, Q. 61,1.
[3] Cf.MARÍN, Antonio Royo. Teologia Moral para Seglares. 5ª edição. BAC: Madrid, 1993. p.11.
[4] Idem. p. 12.
[5] Cf. Idem.
[6] S.T. III, q. 61, 3.
[7] S.T. III, q. 62, 6.
[8] S.T. III, q. 62, 1.

Artículo publicado originalmente por Gaudium Press 

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