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​Música litúrgica: Volver al diálogo con los artistas actuales

Jeffrey Bruno
What function does music serve within the liturgy?
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Entrevista al presidente del Instituto Pontificio Litúrgico de Roma, el padre Jordi-Agustí Piqué

Hay que revalorizar el gregoriano, la gran riqueza musical de las Iglesias orientales y hay que volver al diálogo con los artistas actuales, para ayudar a las personas a comunicarse con el misterio de Dios. Lo afirma el presidente del Instituto Pontificio Litúrgico de Roma, el padre Jordi Agustí Piqué, monje de la Abadía de Monserrat desde hace 25 años, y experto en teología dogmática y música en la liturgia.
 
 
¿Cómo piensa que la música sacra se puede a la gente, a los jóvenes?
 
La música puede ser un medio de comunicación del misterio de Dios. Y esto no es nuevo, lo tenemos en san Agustín, los primeros Padres, hasta llegar a los teólogos actuales como Joseph Ratzinger. Este tema está a lo largo de la historia pero en los últimos tiempos o había desaparecido o no era muy actual.
 
Sin embargo, yo no estoy muy de acuerdo en que la música sacra esté lejos de la gente. Quizás es la gran desconocida, pero hay que ver cómo a veces se usan piezas musicales que nacieron para la liturgia en la publicidad, o para relajarse, por ejemplo. ¿Quién no ha oído el Aleluya de Haendel alguna vez?
 
Pero saber que esa música tiene una relación con la Palabra de Dios o con la celebración de la liturgia es lo que falta, ese paso, ser conscientes de que mucha de esta música nació para la liturgia. El mismo Bach escribía para la celebración luterana, sí, pero al fin y al cabo una celebración basada en la Palabra de Dios.
 
Y ahí está precisamente el valor de la música porque por ejemplo los jóvenes aprecian el canto gregoriano, pero lo hemos dejado para incluir otros cantos y ha desaparecido de la práctica litúrgica.
 
Pero los jóvenes aman el gregoriano, y también aman otro tipo de música que ha nacido después del concilio: la música de Taizé, la música de Bosse, la música de Montserrat, la música de Lourdes,…
 
Pero falta esta conciencia: primero que la música en la liturgia, lo que llamamos música sacra, está relacionada directamente con la Palabra de Dios porque la glosa, la hace comprender, como decía Pío X.
 
Y después que esta palabra cantada encuentra un espacio, un tiempo, un momento concreto en el tiempo de los hombres. Podríamos hablar por ejemplo de los cantos típicos de Navidad, o de Pascua.
 
¿Por qué el Vaticano ha enviado esta encuesta sobre el estado de la música sacra a las conferencias episcopales?
 
Es un tema que aparece en la Constitución Sacrosanctum Concilium, que señala que la música forma parte de la participación activa de los fieles. Es decir, un fiel participa activamente, no sólo cantando sino también escuchando.
 
Y sobre todo subraya que la participación principal de la asamblea son las respuestas, los diálogos, las aclamaciones. Cantar esas partes, sea en la celebración de los sacramentos o en la celebración de la eucaristía, es una participación activa.
 
Dentro del proceso post-conciliar ha habido sus más y sus menos. Las modas han ido cambiando. Por una parte parecía que el gregoriano desaparecería: no ha sido así. La polifonía también ha pasado sus momentos. Se introdujeron músicas que venían de otras tradiciones, ha habido una producción grande y excelente,…
 
Y después del tiempo hay que hacer una valoración de lo que se ha hecho, fomentar lo bueno, volver a los orígenes, a la Sacrosanctum Concilium, el gregoriano, la polifonía, el órgano, y después ir a una sana inculturación en cada cultura de las músicas para la liturgia.
 
Teniendo este horizonte es normal que haya una encuesta, un afán, para saber, pulsar, en qué momento estamos.  
 
A la espera de recibir las respuestas al cuestionario, ¿cómo valora usted el estado actual de la música sacra en el mundo?

 
Necesitaríamos casi dos días para poderlo explicar. En el mundo es muy difícil… Primera, no se puede generalizar. En distintas regiones, en distintos países ha habido en general una gran producción de nueva música litúrgica, es decir, en relación directa con la Palabra y con la acción litúrgica.
 
¿Ha habido abusos? Sí. Pero yo creo que esta producción ha proporcionado un encuentro muy directo con Dios mismo a través de la liturgia.
 
Quizás lo que habría que valorar más desde mi pobre opinión es la tradición del canto gregoriano, que es común, mucho más común y mucho más arraigada con la antropología de muchísimas culturas, la modalidad se encuentra en la base musical de casi todas las culturas humanas, generalizando.
 
Pero este gregoriano relacionado con la Palabra que durante siglos y siglos ha sido la música propia de la Iglesia católica creo que hay que revalorarlo.
 
Y hay que revalorar también la gran riqueza de las Iglesias orientales. Y hay que –y eso sí que sería un gran aporte- volver al diálogo como quiso Pablo VI con los artistas actuales. Invitar a compositores, a escritores, a escribir textos para la liturgia a partir de la Palabra de Dios y músicas nuevas, como tantos autores hay que están escribiendo para la liturgia.
 
¿Qué diferencias se encuentran entre Europa y Latinoamérica, respecto a la música sacra?
 
En Europa mismo ya hay diferencias. No es lo mismo la música de las naciones del norte: Alemania, Inglaterra, Francia, que en España, Italia o Grecia. Incluso dentro de los países hay  muchas diferencias.
 
En América Latina ha habido un movimiento de inculturación y eso ha sido bueno. Y han intentado recoger los instrumentos propios de cada cultura. Pero ahí sí falta una revaloración del canto gregoriano, que es apreciado por la gente.
 
Como se quiso hacer tras el Concilio, con el documento Musicam Sacram en 1967, que hubiese un cantoral común de canto gregoriano para todos los fieles de la Iglesia católica y después aportar este tipo de inculturación propio de cada cultura.
 
No es suficiente separar América de Europa porque en la misma Europa hay muchas diferencias. Y lo mismo podríamos decir de Asia. Es un poco difícil. Sí le puedo decir que en el Instituto de Liturgia tenemos estudiantes de todo el mundo y cada cual intenta hacer un análisis de esta realidad: de la inculturación, de la realidad de valoración de la música liturgia, del estado de la cuestión,…
 
Dar los elementos para que después los obispos puedan decir qué tipo de música es mejor, qué forma hay de inculturación y cómo fomentar la participación de los fieles en la liturgia.
 
 
¿Qué tipo de música es el más adecuado para las celebraciones litúrgicas en este momento de la historia? 
 
Yo creo que las intuiciones de la Sacrosanctum Concilium son las válidas, que ya venían también de Pío X: la música tiene que ser buena, universal y con formas adecuadas al momento. Y después la Sacrosanctum Concilium subraya que tenga relación con la Palabra de Dios (cantada, meditada, glosada en la celebración) y paralelamente que tenga relación con la acción litúrgica.
 
 
La música debe adecuarse al momento litúrgica: una Iglesia que canta durante el gozo, la tristeza, los encuentros, la adoración,… la música tiene que estar adecuada a ese momento litúrgico: ni tiene que pararlo, ni tiene que esconderlo, ni tiene que traicionarlo.
 
Por eso nosotros ofrecemos el máster de música litúrgica a músicos y liturgistas para que se pueda hacer un diálogo en este aspecto.
 
¿Cómo es la formación de las personas que se encargan de la música en las parroquias? ¿Cómo podría mejorarse?

 
Ahí sí que hay un gran campo por recorrer. Primero hay que agradecer el esfuerzo que hacen muchos para mantener la música en la liturgia, para mantener vivas las parroquias, para que la gente cante,… Es una realidad muy rica.
 
Pero no basta con buena voluntad. Hay que tender a una buena formación, seria en el aspecto musical, pero también en el aspecto litúrgico.
 
Cuántas veces encuentras músicos profesionales que no distinguen por ejemplo entre los tiempos litúrgicos –no saben la diferencia entre lo que hay que tocar en Cuaresma o en Pascua- o directores de coro que escogen un texto que no tiene nada que ver con el misterio que se celebra.
 
La formación litúrgica y musical es importantísima. Eso en algunos países, donde para ser músico de Iglesia hay que hacer un concurso, una selección, ya está reglamentado. Queremos formar a los que puedan formar. Evidentemente los sacerdotes no pueden hacerlo todo. Hay que tener una formación musical para poder dialogar con los músicos y también formar a los jóvenes.
 
¿Cuál es la función del gregoriano hoy en la Iglesia? ¿Tiene vitalidad todavía?
 
La que ha sido siempre: cantar la Palabra de Dios. Es la forma más pura de la relación entre la música y la Palabra porque el gregoriano nace como una prolongación de la Palabra, una glosa, una identificación total con el texto cantado en la liturgia.
 
Por eso ha habido también después del Concilio muchos intentos de intentar adaptarlo a lenguas vernáculas, algunas veces con gran éxito, otras no tanta. La base es el latín pero no es una dificultada para proponerlo a los fieles.
 
Por ejemplo a mí me impresiona cuando al final de celebraciones se canta la Salve Regina o el Regina Coeli. Todos cantan y también la escucha permite esa paz y esa comunicación con Dios.
 
La función del gregoriano es la misma que ha hecho que perdure a través de los siglos.
 
¿Músicas más populares pueden considerarse sacras? ¿Pueden cantarse en celebraciones litúrgicas católicas? 
 
Yo siempre uso la palabra “música litúrgica” porque la connotación sagrada –aunque los textos hablen de música sagrada o sacra-, ese concepto lleva unas connotaciones que nos llevan fuera de lo concreto de la liturgia.
 
Músicas populares, si tienen relación con la palabra de Dios, con el misterio celebrado y con la acción litúrgica, si el ordinario, el obispo está de acuerdo con eso, sí. Si sólo es un mero gusto del cantor, o del músico, sin contraste y sobretodo sin permiso del obispo diocesano, ahí tengo algunas reservas. Es fundamental la relación con el misterio celebrado y con la Palabra de Dios. Y ahí sí que podemos encontrar elementos de inculturación muy importantes.
 
¿Podría recomendar algunas canciones sacras para los que desean conocer mejor la música de la liturgia?
 
En orden cronológico, gregoriano de la Abadía de Solesmes en Francia (ahora himnos de Pascua o grandes secuencias de Pascua o Pentecostés). Después naturalmente la gran polifonía romana, por ejemplo la Misa del Papa Marcelo de Palestrina. Después evidentemente para escuchar algo más actual desde el Requiem de Mozart que nació para una función litúrgica hasta algo más contemporáneo, el de Lloyd Weber (la parte más famosa, el Pie Iesu), y como siempre escuchar música de Taizé o del Monasterio de Bosse ayuda a los jóvenes a entrar en la celebración.

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