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Al rescate de los «bienes comunes» de la humanidad

© N i c o l a
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Crece una nueva teoría socio-económica de tipo distributiva sobre los también llamados «commons»

La superficie terrestre del planeta está cubierta por un 30% de árboles, es decir, el equivalente a casi cuarenta millones de kilómetros cuadrados según reportes de la FAO. Estos se dividen entre bosques naturales o modificados, semi-naturales, plantaciones forestales protectoras o planificadas de tipo productivas. Es decir, un conjunto de tierras boscosas pero con distintos dueños…

La Evaluación de los Recursos Forestales de 2005 de la FAO revela que la deforestación continúa a un ritmo alarmante, aunque cada vez se dedican más esfuerzos a la conservación y gestión de los bosques y sus diversos usos y valores. Entre estos está la mitigación del cambio climático, la conservación de la biodiversidad y de los recursos hídricos, además de la retención del suelo.

Se lee en el Informe que si estos recursos naturales son gestionados de una manera responsable, los bosques también pueden contribuir de manera significativa a la economía en el plano local y nacional, y al bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Pero, ¿somos capaces de revalorar los recursos naturales y sentarnos a la mesa para optimizar el uso de estos "bienes comunes", y a la vez protegerlos?

Nuestros bienes comunes

Fue la Nobel de Economía de 1989, la estadounidense Elinor Ostrom, quien atrajo la atención del mundo hacia sus trabajos de investigación sobre “Gestión colectiva de bienes comunes”. Es decir, acerca de aquellos procesos y recursos que no funcionan bajo la lógica de la propiedad mercantil/privada ni bajo la jerarquía estatal. Este urgente análisis le valió el premio en Oslo.

Entre las seguidoras de tal teoría está la economista argentina Ángela Cristina Calvo, Directora del Programa Internacional sobre Democracia, Sociedad y Nuevas Economías de la Universidad de Buenos Aires, quien llegó a Lima días atrás para encabezar un encuentro con agentes sociales y ambientales, algunos de ellos de la Pastoral Social del Episcopado peruano.

“Pueden ser parte de los commons -se lee en su notas-, tanto los recursos tangibles (bosques, tierras, plazas, huertos) como bienes intangibles (software, conocimientos, información), entes sociales (democracia) o naturales (fondos marinos, recursos hídricos, genoma), siempre y cuando la gestión de los mismos sea pública y colectiva y no pertenezcan o estén gestionados exclusivamente por entidades mercantil/privadas”.

La especialista explica que los bienes comunes son todos aquellos que presentan, por lo menos, tres características: 1) se usan colectivamente, pudiendo llegar a ser utilizados por todos 2) no pueden ser gestionados por criterios de racionalidad individual 3) no pueden ser propiedad privada.

Nos encontramos pues ante un modelo "en el que lo colectivo recupere un espacio propio, expresión de la capacidad de la sociedad para asumir y afrontar problemas comunes, sin lógicas de monopolización por parte de los poderes económicos y/o estatales", advierte Calvo.
 
La salud: patrimonio de la Humanidad

Entre los commons llama la atención lo referido a los conocimientos. Una rápida revisión de cifras nos permite constatar que a nivel de América Latina, el número de muertes como consecuencia de enfermedades tiene su más alto índice entre las que afectan vías respiratorias, las diarreicas, TBC, Diabetes, Malaria, cáncer de estómago y el mortal VIH-SIDA, por citar algunas.

Ante ello, es obvio que un descubrimiento científico que permitiera disminuir estas muertes y hallar una cura temprana, no debería entrar en la dinámica actual del mercantilismo ni del monopolio.

Sino por el contrario, y en aras de una ética colectiva, aquellos actores que rodean esta realidad como son el Estado, el mercado y la sociedad afectada directamente, deberían sentarse y garantizar que a estos descubrimientos acceda el mayor número de afectados, y al menor costo posible.

 

Según explica la doctora Calvo, el rol del Estado es el ser garante de esta distribución justa, mientras la empresa privada aporta su experiencia y capital, a lo que se suma el servicio organizado de la sociedad.

"Estamos ante una nueva teoría que apoya las iniciativas multidisciplinarias y sostenibles", augura la especialista.

Sensibilidad papal

Es muy probable que esta teoría la conozca y abrace también el papa Francisco, sobre todo por el impulso que le ha venido dando la Universidad de Buenos Aires en los últimos años. Aún resuenan sus palabras al inicio del Pontificado, cuando exhortó a los hombres a ser "custodios de la Creación".

También se ha manifestado varias veces sobre la distribución equitativa de los alimentos, muchos de los cuales son desechados por sobreproducción. Esto lo ve el papa como un escándalo, sobretodo porque la humanidad aún es indiferente ante poblaciones enteras que, o mueren por desnutrición, o son víctimas de las más indignas enfermedades del siglo XXI.

Su famoso mensaje "Dios siempre perdona, nosotros a veces perdonamos, pero cuando la naturaleza -la creación- es maltratada, no perdona", transmitido en enero pasado a los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede, lanzó una alarma al mundo que no ha dejado de sonar…

El mismo mes, la agencia Reuters informó que el papa estaría preparando una encíclica sobre el medio ambiente. Esto lo basó en una confidencia revelada por el presidente francés Francois Hollande a la salida de su encuentro con Francisco, hecho que luego fuera confirmado por el vocero vaticano, padre Federico Lombardi.

Consultada la doctora Calvo sobre este anuncio, confiesa su esperanza de que esta encíclica pueda "recuperar lo más genuino del mensaje cristiano y contribuya a poner al medio la centralidad de la persona humana y al planeta, en una auténtica armonía".

Eso esperamos todos. Y por ello aguardamos a que la encíclica "brote" muy pronto.

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