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¿Qué crisis enfrenta la familia en la actualidad?

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 15/05/14

Entrevista al padre Yañez

Apropósito del Día internacional de la familia celebrado este jueves y del próximo sínodo extraordinario convocado por el Papa Francisco para el mes de octubre (5-19), Aleteia ha entrevistado al padre Umberto Miguel Yáñez, S.I., director del departamento de Teología Moral de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

La crisis de pareja, la crisis económica, la comunión para los divorciados y la crisis de la natalidad son entre otros los argumentos comentados por el padre Yañez, asesor papal en temas de familia y protección de menores. 

«Cuando un matrimonio supera una crisis puede estar mejor situado que antes de la crisis porque puede madurar en su capacidad de amar, en la crisis nos conocemos. De ahí surge una renovación de la voluntad de quererse y de elegirse». 

¿Qué significado tiene hoy para la Iglesia escuchar a la familia?

Me parece fundamental. Por otra parte, no hay nada nuevo. Si miramos atrás, el Concilio Vaticano es una prueba. Ya la Gaudium Et Spes (Pablo VI, 1965) adopta un método inductivo que trata de integrar la experiencia humana con el evangelio y la tradición de la Iglesia.

Por otro lado, este método ha sido puesto en práctica por los episcopados en América Latina en las distintas Conferencias desde Medellín hasta Aparecida.

De hecho, hoy la familia enfrenta las consecuencias de la crisis global…

Estamos en un cambio de época, en un cambio cultural muy fuerte. Hemos pasado de una sociedad postindustrial a la sociedad cibernética, la cultura digital. Esto supone también un cambio de valores relacionados con la globalización y  la interconexión.

Las formas como el sujeto se relaciona han cambiado respecto a 50 años atrás. Entonces, este cambio, obviamente, produce: una crisis de auto-comprensión del sujeto, una crisis de relaciones, una crisis de las instituciones. Porque no sólo la familia está en crisis. Son todas las instituciones que se encuentran en crisis. También la Iglesia.

El Papa Francisco ha hablado de sinodalidad para acompañar al pueblo de Dios que camina en la historia…

Sí: como decía, también el sujeto ha cambiado en su autocomprensión y en sus relaciones. Entonces, cuesta mucho hoy en día comprometerse, es decir, asumir un compromiso para toda la vida. No solamente en el matrimonio, también pasa en el ámbito de la vocación sacerdotal o de la vida religiosa.

O sea, que la crisis que encontramos en los matrimonios también la encontramos en la vida religiosa porque en el fondo es una crisis antropológica […]. Necesita de un estudio profundo que pueda implicar también a los afectados por esta crisis.

¿Qué pasará con la gente divorciada que desea volver a la comunión con la Iglesia?

Esa será una tarea del sínodo. Es una decisión del Papa. No se trata de convocar un sínodo para ver si damos la comunión a los divorciados o no, porque sería algo muy puntual. El Papa, en su discurso a los cardenales, dijo que no se trataba de una casuística, sino de una reflexión profunda acerca del matrimonio.

Ahora, una reflexión profunda sobre el matrimonio, sin los matrimonios es imposible […]. La idea precisamente es escuchar a los que tienen la experiencia de la vida familiar para poder juntos buscar un camino.

Después se podrá llegar a una  indicación respecto a los divorciados y vueltos a casar. En este sentido, es probable que haya una indicación, pero no es el tema principal. El tema principal es la familia. Y si queremos aún más especialmente el matrimonio en cuanto base de la vida familiar.  

Con la crisis se han roto vínculos sociales, afectivos, nexos familiares. El Papa, al respecto, ha sido muy concreto: por ejemplo, ha dicho que si falta el trabajo se afecta el futuro de la familia…

Sí. Muchas veces falta un marco social y económico que permita a los jóvenes poder proyectarse como una familia. Cuando no hay un trabajo estable, no se puede pensar en asumir un compromiso como es el matrimonio y la familia. Así que esto es una cosa que incide, y sobre esto no es que podamos hacer mucho.

Pero por otra parte, hay un cambio en la mentalidad respecto a la idea del compromiso para toda la vida […]. Entonces, me parece que hay un aspecto positivo, que es tratar de establecer una relación que sea auténtica. Lo que pasa es que necesitamos también aquí la educación a las parejas […].  

¿Cuáles son los tres puntos focales a los cuales el sínodo de la familia de octubre deberá responder?

Primero, una educación en el amor, capaz de integrar las diferentes facetas de la realidad del amor conyugal. Por ejemplo la dimensión afectiva, justamente no puede faltar, pero hay que educarla. La dimensión afectiva no puede ser mera espontaneidad.

Segundo, la dimensión sexual y la genitalidad. Es una realidad, en la cual no se puede obviar, pero también necesita ser educada para que pueda ser correctamente integrada.

Tercer aspecto: la dimensión de generosidad donde la fecundidad no se reduce a una mera cuestión biológica, sino que entra en juego la paternidad y la maternidad […].

Me parece que tenemos que integrar la competencia de los laicos en la educación de los jóvenes y en el acompañamiento de las parajes no solamente hasta el matrimonio, sino a partir de matrimonio.

¿Cómo se aplica el concepto de paternidad y maternidad responsable en una Europa que no tiene un cambio generacional y en otras regiones, donde en cambio, no se da abasto al aumento de la población?

La paternidad y la maternidad responsable es un concepto que debemos ampliarlo. La Iglesia siempre ha promovido un sentido de generosidad frente a la vida. Pero este sentido de generosidad ante la vida siempre será responsable, obviamente, en la medida de lo posible. Por lo tanto, la familia no solamente se mira a sí misma, sino que se mira en un contexto social.

Por lo tanto, la familia no puede quedarse cerrada en si misma, tratándose de satisfacerse a sí misma, sino que debe mirarse como quien tiene una misión dentro de la sociedad, entre las cuales está la generación de la vida, que no se reduce a lo biológico. 

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