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La verdad sobre la relación entre Santa Sede y comunidad internacional

UN Photo/Jean-Marc Ferre
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Monseñor Tomasi habla sobre la cuestión de los abusos y las medidas de prevención aplicadas por el Vaticano. Esta es “la otra cara de la moneda” que no todos conocen

El compromiso de la Santa Sede, el encuentro del Papa con Ban ki-moon y las novedades en temas de prevención de los abusos a menores. Monseñor Silvano Maria Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante las Oficinas de la ONU en Ginebra, vuelve sobre el tema tras el informe presentado el lunes 5 de mayo, en el que reafirmó el compromiso de la Santa Sede de combatir la tortura y de defender los derechos inviolables de la persona humana. Esta es la entrevista concedida a Aleteia:
 
– El Comité de la Convención contra la tortura se ocupa de penas o tratamientos crueles cometidos y de algún modo admitidos dentro de un Estado. ¿Por qué en el caso de los abusos sexuales por parte de sacerdotes, por tanto ligados a las acciones de individuos, se decide de acusar al Vaticano?
 
Como los demás estados que forman parte de la Convención contra la Tortura, la Santa Sede presentó su Informe, tal y como pedía la misma Convención que ratificó en 2002. En el encuentro mantenido, el Comité abrió la puerta, por así decirlo, a una serie de preguntas sobre los abusos sexuales cometidos por personas que trabajan para la Iglesia, porque el artículo 16 de la Convención habla de “tratamientos crueles, inhumanos o degradantes”. Los abusos sexuales no son, estrictamente hablando, actos de tortura según la definición del artículo 1, porque este prevé que estas acciones sean cometidas “por un funcionario público o por cualquier otra persona que actúe a título oficial, o bajo su instigación, o bien con su consentimiento expreso o tácito”.

El artículo 16, me parece que con una cierta legitimidad, permite discutir sobre el abuso sexual a menores como acciones degradantes. Pero esta razón se presentaron preguntas sobre la responsabilidad de la Iglesia respecto a sacerdotes pedófilos y a casos que han sucedido en varios países del mundo. Pero se trata de comportamientos inhumanos y no de tortura, que requeriría la participación de funcionarios del Estado, cosa que los sacerdotes no son.
 

– En un largo editorial, el Wall Street Journal ha señalado a las asociaciones que en estos días están exigiendo con fuerza que las Naciones Unidas se pronuncie contra el Vaticano y contra la línea como ha gestionado los casos de pedofilia en su interior. En particular, el Center for Reproductive Rights está presionando para que las enseñanzas del Vaticano en el tema del aborto sean considerados incuso “iguales a torturas psicológicas”. ¿Qué piensa usted de ello?
 
El hecho de que haya representantes de la sociedad civil que toman parte en las actividades de Naciones Unidas, me parece algo positivo. Por desgracia, algunas de estas organizaciones no gubernamentales son un poco fanáticas o bien adoptan una metodología que está más bien cerrada a una lectura objetiva de la realidad.

En otras palabras, mientras el funcionamiento de las Naciones Unidas tiene lugar sobre una base democrática a través de la representación de los Estados miembros, hay ONG o incluso funcionarios que marchan por otros caminos, llevando adelante más bien sus convicciones personales.
 
Esto sin embargo no afecta en modo alguno a la posición jurídica de la Santa Sede dentro de las Naciones Unidas. Al contrario, diría que en estos últimos meses mi pequeña experiencia aquí en Ginebra ha sido de gran respeto y solidaridad por parte de los representantes de los Estados.

Al contrario, los representantes de algunas organizaciones no gubernamentales asumen a veces una actitud fundamentalista, en el sentido de que cierran los ojos frente a la evidencia de los hechos y de lo mucho que se ha hecho y se está haciendo respecto a estos problemas de los abusos sexuales, sea respecto a un cambio de cultura al tratarlos

.
 
– Se ha anunciado el 9 de mayo el encuentro entre el Papa y el secretario de la ONU, Ban Ki Moon. ¿Puede anticiparnos sobre qué temas hablarán?
 
Yo no estoy al corriente de la agenda de este encuentro, sé que el secretario general de la ONU estará acompañado por los directores generales de las diversas agencias y entes de las Naciones Unidas. Este encuentro del Papa con los más altos representantes de la ONU es el signo de la voluntad y del compromiso de la Iglesia, como dice el Concilio Vaticano II, de ser protagonista dentro de la comunidad internacional y de favorecer todo lo que refuerce la solidaridad dentro de la familia humana.

Por tanto, el sentido de solidaridad entre países y entre personas, la libertad que debe ser aceptada tanto en lo que respecta al credo y a las opiniones de las personas, como al derecho a una participación activa en la vida social.
 
A pesar de las críticas de algunos grupúsculos muy “vocales”, muy activos, que encuentran una buena caja de resonancia en los medios de comunicación, que buscan poner resistencia y dejar de lado la voz de la Iglesia y de la tradición cristiana, la verdad es que la relación entre Santa Sede y mundo internacional es muy buena.

Diría que se revelan en esta contraposición dos culturas distintas. Esto creo que está en la raíz de algunas polémicas, de algunas actitudes que detectamos hacia algunas posiciones de la Santa Sede.
 
Nosotros mantenemos una lectura de la persona humana basada en su dignidad, en su capacidad de conocer la verdad, en su imagen de Dios desde la creación y su apertura a los demás, no sólo a las personas sino también a la trascendencia. Otra cultura en cambio lleva al extremo un individualismo que intenta hacer de cada deseo un derecho humano, sin tener en cuenta a responsabilidad que nuestras actitudes y nuestras decisiones comportan hacia los demás.

Las consecuencias de estas dos antropologías se ven después en la vida práctica, en la actitud asumida por algunas ONG hacia la posición de la Iglesia sobre el aborto – por ejemplo –, que nosotros consideramos una forma de tortura para el niño, mientras para otros se ve como un simple servicio de salud sin tener en cuenta los derechos de la persona que es eliminada. Así podemos ir a las cuestiones de las actitudes de las personas del mismo sexo respecto del matrimonio.

Ciertamente, en la cultura pública internacional hay un fuerte componente que representa esta segunda línea cultural, pero a mí me parece que la fuerza del Evangelio es siempre nueva, y no es la primera vez en la historia que la comunidad de fe que tiene estos valores que vienen del Evangelio está llamada a transformar la sociedad y la cultura.
 
– En 2015 se celebrará en EE.UU. la jornada mundial de las familias en Filadelfia. ¿Se puede hipotizar sobre una intervención del Papa Francisco en la Asamblea de las Naciones Unidas?
 
Ciertamente hay un precedente, pues Pablo VI, Juan Pablo II y el Papa Benedicto han pasado por las Naciones Unidas en Nueva York, participando en la Asamblea General y dejando su mensaje. Es posible que también el Papa Francisco siga esta tradición, pero yo no tengo indicación alguna en este sentido.

Ciertamente hay que tener presente que la Iglesia y la Santa Sede sienten la responsabilidad de una presencia de protagonista en la vida internacional aunque haya dificultades.
 
– ¿Se prevén otras medidas por parte de la Santa Sede respecto al tema del abuso sexual? ¿Cuál es el camino que seguirá el Vaticano?
 
Las medidas que ya han sido tomadas dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano se refieren a las leyes del Vaticano modificadas precisamente para tomar en consideración las peticiones de la Convención contra la tortura y también para castigar de manera explícita actividades como las de los abusos sexuales a menores.

Por ello hay una serie de medidas que ya han sido tomadas y que siguen llevándose a cabo: la más reciente es la “Comisión para la protección de los menores” establecida por el Papa Francisco, que lleva adelante la voluntad de la Santa Sede tanto a nivel pastoral (como Iglesia universal) como a nivel jurídico (como Ciudad del Vaticano) a alentar todas esas decisiones dirigidas a prevenir la repetición de estos crímenes, a castigar a los culpables y a garantizar que dentro de las instituciones de la Iglesia haya serenidad y confianza para que los niños y los adolescentes puedan ser confiados a estas instituciones sin preocupación alguna.
 

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