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El relativismo según Benedicto XVI

© ANDREAS SOLARO /AFP
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Mariano Fazio desgrana las claves de su pensamiento en “Al César lo que es del César”

El relativismo preocupa al Papa, y también inquietaba a Benedicto XVI. En palabras del historiador Mariano Fazio, "podría decirse que Benedicto habla a la cabeza y Francisco al corazón y a la práctica. Son pasos de un mismo proceso". Lo analiza en un nuevo volumen editado por www.rialp.com, "Al César lo que es del César"
 
Mons. Mariano Fazio es historiador y filósofo, Profesor de Historia de las Doctrinas Políticas en la Facultad de Comunicación Social Institucional de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Ha sido el primer Decano de la Facultad, y Rector Magnífico de dicha Universidad. Actualmente vive en Argentina. Entre sus libros destacan Cristianos en la encrucijada; Historia de las ideas contemporáneas, La América ingenua y De Benedicto XV a Benedicto XVI.
 
– ¿Qué entendía Benedicto XVI por relativismo?
 
Lo que dijo el entonces Card. Ratzinger en la misa anterior al cónclave que lo elegiría Papa puede servirnos para responder esta pregunta: "Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias". El relativismo abandona la posibilidad del diálogo para alcanzar una verdad común sobre la que construir la convivencia humana, el desarrollo como personas y como sociedad, e introduce una dictadura, la del propio yo y sus apetencias…
 
El poder, la economía, el placer, rigen la sociedad. Esto siempre se produce en perjuicio de los más débiles, de los que tienen menos recursos. Es lo que Francisco llama la sociedad del descarte. Al final, es la imposición de unos sobre otros. En un contexto relativista no impera la tolerancia, sino que se impone el más fuerte… se destruye esa red de contención que son los derechos humanos universales, las verdades comunes.
 
– ¿Qué antídoto proponía?
 
Podría decirse que Benedicto propone dos antídotos para este desafío que nos plantea la cultura contemporánea: ampliar los límites de la razón y poner en práctica la caridad. Apostar por una ética compartida, unos valores comunes, es una meta posible de la razón. Se puede llegar a la verdad sobre la dignidad del ser humano, aunque no sea algo empírico. Para eso hay que abrirse y ampliar los límites de la razón.
 
Y también poner en práctica la caridad. La caridad en acción es la garantía de credibilidad de la verdad del cristianismo. Cáritas in veritate se titula la encíclica social de Benedicto. La primera expresión de esa verdad básica es la prioridad del servicio, del respeto, de que no podemos mirar para otro lado ante el sufrimiento y la miseria de los hombres y las mujeres del mundo.
 
El relativismo mira para otro lado, casi siempre se mira en el espejo de la propia vanidad y de los propios intereses. La ética universal se fija primero en el otro y sus necesidades.
 
– ¿Qué quiere decir que el relativismo es la crisis de la verdad?
 
El relativismo es la crisis de la verdad porque se considera que el ser humano no es capaz de conocer la verdad. Pero esto no es un tema de lógica o filosofía del conocimiento solamente. Es una actitud general ante el gran desafío de la verdad. Se olvida que Jesús dijo "la verdad los hará libres" y se percibe a la verdad como un techo que limita nuestras posibilidades y nuestro despliegue personal o, como sujeto colectivo, nuestro despliegue cultural. Sin embargo, la verdad es una base firme sobre la que se despliega la creatividad social e individual. Mientras más firme es esa base, más alta la construcción, más posibilidades, más libertad de proyectos, de ideas, de propuestas.
 
Los totalitarismos del siglo XX proponían una verdad fuerte y la violencia perpetrada levantó una sospecha. Pero como dice un autor contemporáneo, el problema de esos regímenes ideológicos no eran sus ideas fuertes, sino que eran ideas equivocadas, parciales: absolutizaban un solo aspecto de la persona.

 
La sociedad actual necesita redescubrir su verdad más fundamental para poder superar la crisis que estamos viviendo desde hace años ya: la dignidad humana, el respeto absoluto por los derechos humanos de cada persona, que es única e irrepetible y merece todo el respeto. Sin esta base, unos instrumentalizarán a otros para sus propios fines, y los seres humanos serán usados en lugar de respetados.
 
– ¿Cuáles son los principios no negociables?
 
La expresión principios no negociables ha sido recientemente criticada por el Papa Francisco, pero no para descartarla sino para reforzarla: "nunca entendí la expresión ‘valores no negociables’. Los valores son valores y basta. No puedo decir cuál de los dedos de la mano es más útil que el resto, así que no entiendo en qué sentido podría haber valores negociables".
 
Si bien se podría argumentar que Benedicto utilizó esa expresión para referirse a cuatro principios especialmente en riesgo durante los últimos tiempos, y que los particularmente vinculados con la vida,  no admiten grados o excepciones, es también verdad que actualmente conviene tener la referencia de los valores que el entonces Card. Ratzinger sintetizaba en la Nota doctrinal sobre la participación de los católicos en la vida política: "Si el cristiano debe ‘reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales’, también está llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo moral, nociva para la misma vida democrática, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida social, no son "negociables"".
 
Luego, pasa a detallar (n. 4) una lista de valores concretos, que son los siguientes: la defensa de la vida y el respeto del embrión humano, la tutela y promoción de la familia, la libertad de los padres en la educación de sus hijos, la tutela social de los menores y la liberación de las víctimas de las nuevas formas de esclavitud, la libertad religiosa, el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, el respeto de la justicia social, del principio de solidaridad humana y de subsidiaridad, y la promoción de la paz, como obra de la justicia y efecto de la caridad.
 
– ¿El Papa Francisco sigue en esta línea? No habla tanto de relativismo.
 
Desde mi punto de vista, el Papa Francisco se refiere de modo permanente al relativismo, pero mediante una propuesta superadora del relativismo y mediante la denuncia del producto directo del relativismo: el dominio de los poderosos, la cultura del descarte y la indiferencia, la burocratización de la fe.
 
En la Evangelii Gaudium constata "un progresivo aumento del relativismo, que ocasiona una desorientación generalizada". Y más adelante, explica en qué consiste el relativismo práctico: "Este relativismo práctico es actuar como si Dios no existiera, decidir como si los pobres no existieran, soñar como si los demás no existieran, trabajar como si quienes no recibieron el anuncio no existieran".
 
Finalmente, en esta línea, habla de otra dictadura, que es la misma que la primera: "La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano".
 
En resumen, podría decirse que Benedicto habla a la cabeza y Francisco al corazón y a la práctica. Son pasos de un mismo proceso. Francisco denuncia con fuerza particular que el verdadero nombre del relativismo es la cultura del descarte y el triunfo del poder y el dinero sobre la dignidad, sobre lo verdaderamente humano, sobre la verdad.

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