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¿Vas corriendo a todas partes? Revisa tu concepto de tiempo

© Olga Berrios / Flickr / CC
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El “kairós” es un tiempo al servicio de la persona, que le ofrece la posibilidad de realizarse en cada una de las cosas que hace, pequeñas o grandes

Apenas nos hemos levantado parece que algunos ya vamos con prisas… Tenemos toda la jornada por delante pero parece que todo lo tengamos que hacer aquí y ahora.
 
Con este ritmo, con esta anticipación, es normal que el sistema nervioso se resienta. Nos preocupamos antes incluso de ocuparnos. ¿Qué es el tiempo para nosotros? ¿Una exigencia o una oportunidad?
 
Los griegos, cuya cultura clásica ha iluminado durante siglos a la humanidad, solían diferenciar entre kronos y kairós. Eran para ellos dos maneras de concebir el tiempo. Una más literal y cronológica, asociada al paso de los segundos, los minutos y las horas… Y otra mucho más filosófica y al mismo tiempo esperanzada: el kairós, que podría traducirse como el tiempo favorable.
 
Una concepción estricta y cronológica del tiempo puede convertirse casi en una tortura. Nos obliga a llenar la jornada de ocupaciones productivas y eficientes. Sobre todo si tienen lugar en el marco del actual sistema capitalista, cuyo eje principal es el beneficio por encima de la persona.
 
En este contexto el hombre está sometido al tiempo y a menudo queda atrapado en él. Todo lo que no sea producir, pasa a ser una pérdida de tiempo. Y a menudo también, es fuente de ansiedad y culpa. Esto no es vida, que dicen algunos, y realmente ir corriendo a todas partes, no lo es…  
 
La concepción del tiempo como kairós, como oportunidad, es algo muy distinto. Es un tiempo que está al servicio de la persona. Que le ofrece la posibilidad de realizarse en cada una de las cosas que hace, pequeñas o grandes.
 
El kairós es tiempo de esperanza y de ilusión. De entusiasmo y de asombro. Las prisas aquí no juegan un papel decisivo, porque cada instante vivido es ocasión para desplegar lo mejor de uno mismo.
 
En el tiempo entendido como kairós nada se pierde. Porque no es la producción la que marca el criterio de discernimiento, sino la donación, la entrega, la capacidad de vivirlo todo a mayor profundidad.
 
Esta manera de vivir el tiempo es el mejor antídoto contra el estrés y la ansiedad. El tiempo deviene algo favorable, un regalo que merece ser disfrutado e incluso compartido.
 
¿Viviremos hoy la jornada como kronos o como kairós? ¿Como exigencia o como oportunidad?
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