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¿Por que a los católicos nos gusta la teoría de la evolución y el Big Bang?

Brian Wright
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No compartimos con otros cristianos las protestas en defensa de los relatos bíblicos: sencillamente, la ciencia no lo explica todo

El título de este artículo no pretende ser jocoso. El catolicismo está incluso apasionado por las teorías de la evolución y por el Big Bang. Nosotros, los católicos, no tenemos ninguna razón para unirnos contra las habituales protestas de nuestros hermanos cristianos en defensa de los relatos bíblicos.
 
Voy a intentar explicar por qué. Pero antes, propongo que leas estas breves frases de dos documentos importantes:
 
"Hoy, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis. En efecto, es notable que esta teoría se haya impuesto paulatinamente al espíritu de los investigadores, a causa de una serie de descubrimientos hechos en diversas disciplinas del saber. La convergencia, de ningún modo buscada o provocada, de los resultados de trabajos realizados independientemente unos de otros, constituye de suyo un argumento significativo en favor de esta teoría".
 
Quien hace esta declaración es el papa Juan Pablo II, en su mensaje de 1996 para a Academia Pontificia de las Ciencias. Él afirma que la teoría de la evolución es "más que una hipótesis": es el mejor relato que tenemos sobre cómo surgieron y se desarrollaron materialmente las especies.
 
Lee ahora este pasaje de una homilía del Papa emérito Benedicto XVI, en la fiesta de la Epifanía 2011:
 
" No deberíamos permitir que limiten nuestra mente teorías que siempre llegan sólo hasta cierto punto y que —si las miramos bien— de ningún modo están en conflicto con la fe, pero no logran explicar el sentido último de la realidad. En la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos menos de leer la racionalidad eterna, y no podemos menos de dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra”.
 
El contexto de este párrafo, una meditación sobre la estrella que siguieron los reyes magos hasta el pesebre de Belén, indica con fuerza que, cuando menciona las "teorías que sólo llegan hasta cierto punto", Benedicto XVI está pensando en la teoría del Big Bang. A primera vista, él parece rechazarla. Pero sigue leyendo: él afirma que estas teorías “si las miramos bien, de ningún modo están en conflicto con la fe”.
 
Esto nos lleva a la razón por la cual los católicos no sólo no tienen problema alguno con las teorías de la evolución y el Big Bang, sino que incluso las estiman positivamente. ¿Por qué? Porque los católicos aman la verdad, y creen que la verdad es fundamentalmente una: así, la verdad científica, siendo verdad, no puede contradecir la verdad teológica. En otras palabras: los católicos creen en la absoluta armonía entre fe y razón.
 
Por eso no tenemos miedo a aceptar las teorías científicas bien fundamentadas.
 
Otra cosa crucial a entender sobre la visión católica de la ciencia es que ella contempla las teorías de la evolución y del Big Bang como "causas materiales". La teoría de la evolución, por ejemplo, explica cómo las especies han llegado a ser y cómo, en determinados contextos, dejarán de existir. La teoría del Big Bang explica cómo la materia formó físicamente el universo. Ambas teorías, por lo tanto, están muy lejos de explicar todo lo que necesita ser explicado, sobre todo respecto a los seres humanos.
 
Como el papa Juan Pablo II observa en el mencionado mensaje a la Pontificia Academia de las Ciencias, la teoría de la evolución no explica la naturaleza del ser humano, dotado de un alma intelectual que ansía por sobrevivir a la muerte del cuerpo. Esa laguna de la ciencia, por lo tanto, es aceptable, pues una explicación semejante es tarea de la filosofía y de la teología, y no de los científicos.

 
De la misma forma, la teoría del Big Bang no explica lo más importante sobre el universo: por qué existe, en vez de simplemente no existir. La teoría del Big Bang no contiene nada parecido a la actividad de un Dios que crea el cosmos por amor, a partir de la nada. Y esa laguna también es aceptable, pues una explicación semejante es tarea de la filosofía y de la teología, y no de los científicos.
 
A causa de la idea de que la verdad es fundamentalmente una, cualquier teoría científica que niegue la inmaterialidad del alma humana, o que afirma que la teoría do Big Bang excluye la noción de un Dios creador, tendría que ser rechazada por los católicos, tanto en el terreno científico como filosófico y teológico. En la medida en que las teorías de la evolución y del Big Bang ayudan a explicar los aspectos materiales del universo, sin embargo, el catolicismo está perfectamente abierto a ellas.
 
Para terminar: ¿sabes una cosa interesante? El sacerdote católico Georges Henri Joseph Édouard Lemaître (1894-1966), astrónomo y profesor de física de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, es ampliamente reconocido como nada menos que el primer proponente de la teoría del Big Bang. Tienes aquí su historia
 

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