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Cuba apuesta por una mayor autonomía de la empresa nacional

© Rinaldo Wurglitsch
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Raúl Castro va introduciendo pequeños pero efectivos cambios en la isla

Lo que para cualquier nación de occidente podría significar un reconocimiento del problema que implica la hegemonía estatal sobre la empresa, en Cuba significa un avance estructural.  Condenada –por el cincuentenario embargo comercial de los Estados Unidos—a buscar formas locales de desarrollo, y abandonada por la URSSS cuando cayó el Muro de Berlín, hacia 1989, Cuba ha ido, paulatinamente, anunciando cambios en su economía que puedan hacer a ésta un poco más competitiva.

Son poco perceptibles, pero son cambios que Raúl Castro ha ido introduciendo y que hubieran sido impensables en los tiempos duros de su hermano Fidel Castro.  Por lo pronto, se han anunciado este lunes nuevas directivas en la Gaceta Oficial cubana que crean condiciones para una mayor flexibilidad en el desempeño de la empresa nacional, “con el fin de otorgarle una mayor autonomía”.

Dicho de otra manera: que la empresa de Estado cubana sea motor y no lastre de la economía de la isla caribeña. El cómo está por verse.  Lo cierto es que apenas se están llevando a cabo los cambios propuestos en el Sexto Congreso del Partido, en abril de 2011, “para separar, progresivamente, las funciones estatales y empresariales”.

Tímida flexibilidad

El diario Granma, vocero oficial del gobierno cubano, defendió esta medida diciendo que son líneas de trabajo que están incorporadas al Plan de la Economía para el 2014, que amplía las facultades del sistema empresarial. Según la jefa de Área de Perfeccionamiento de Entidades de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, Grisel Tristá Arbesú. Durante 2014 se irán "creando condiciones para que las empresas puedan desarrollarse progresivamente en correspondencia con sus posibilidades económicas y la capacidad de dirección.

La funcionaria cubana añadió se trata de “un proceso gradual de descentralización de facultades, con el que aumenta la responsabilidad de los directivos en las decisiones que competen a sus propias empresas; por tanto, resulta fundamental prepararse desde la base hasta el nivel más alto.  Entre los cambios más importantes anunciados por la Gaceta Oficial de Cuba, ahora las empresas nacionales, es decir, bajo control del Estado, “podrán decidir qué actividades secundarias llevar a cabo y de apoyo derivadas de su objeto social, lo que les permitirá producir aprovechando mejor todas sus potencialidades”. 

Explicado en el tortuoso lenguaje de la burocracia estatal cubana, las empresas nacionales tendrán que cubrir los requerimientos de producción establecidos por el gobierno y, después, podrán comercializar sus excedentes al precio que fije la relación entre la oferta y la demanda.  Otros cambios ha anunciado Trista Arbesú como que "el Plan de la empresa lo aprueba ahora el presidente de la Organización Superior de Dirección Empresarial”,  y ya no los políticos de la jerarquía cubana: "Esto constituye un cambio fundamental y, por tanto, seguimos en el camino de la descentralización", dijo la funcionaria.

Las empresas ya no tendrán que aportar la depreciación y amortización de activos, ni las reservas no utilizadas en años anteriores.  Podrán guardarlas y utilizarlas como capital de trabajo; también podrán distribuir sus beneficios entre los trabajadores y, como se han aprobado “nuevos indicadores directivos que permitan definir mejor el desempeño del cargo”, podrán remover a los hombres del régimen puestos ahí, muchas ocasiones sin otro bagaje más que su lealtad a los Castro.
 

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