¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

​¿Dar o recibir? La riqueza del encuentro con el otro

© Morpheos / Flickr / CC
Comparte

En la comunicación con el otro me descubro a mí mismo, llego a ser realmente yo

Estamos en primavera. El mejor indicador es la naturaleza, que estalla en gritos de fiesta y nos muestra la alegría de la Creación. Después de unos meses de recogimiento y sosiego, de interioridad y contemplación, llega el tiempo de la expansión y la algazara. De los colores, la belleza y la vida que se contagian a raudales.
 
En su sabiduría, la naturaleza es una gran maestra. Dicta lecciones magistrales desde la cátedra de la vida. Con la irrupción de la primavera nos invita a salir de nosotros mismos y a saltar valientes al encuentro con el otro.
 
Aún más que la naturaleza, que ya es decir, el ser humano está llamado a la relación con los demás. En la comunicación con el otro me descubro a mí mismo. Llego a ser realmente yo. Somos «yo y nuestras circunstancias». Somos «yo y nuestras relaciones».
 
El ser humano está hecho para la relación interpersonal, para el encuentro con el otro. Con el riesgo que eso supone. Toda relación está expuesta al fracaso y al desencuentro, pero eso no es motivo para dejar de intentarlo.   
 
Una imagen que expresa con elocuencia esta llamada a salir de uno mismo es la del doble movimiento del corazón: sístole y diástole. Recibo para dar y doy para recibir. Me contraigo para expandirme. Me recojo para relacionarme. La clave está en el equilibrio.
 
¿Pero quién y cómo determina ese equilibrio? Hay filósofos personalistas que han llegado a afirmar que el ser humano no se equilibra más que en el amor. Es, sin duda, la clave que lo armoniza todo. «Ese faro imperturbable que desafía las tempestades y nunca se estremece», que diría el gran Shakespeare.
 
El amor, que antes hemos recibido, necesita ponerse en movimiento y ser dado a los demás. De lo contrario le pasa como a la corriente de un río. Cuando se detiene y se estanca, el agua se pudre y pierde todas sus propiedades. El amor actúa también así. Sólo si crece y se comunica, pasa a ser fuente de vida.
 
En este tiempo de primavera que ya ha comenzado, ¿seremos río o agua estancada? ¿Saldremos al encuentro del otro o nos encerraremos en nosotros mismos? ¿Apostaremos por el amor propio o por el amor a los demás? 

Tags:
alma
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.