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​¿Dar o recibir? La riqueza del encuentro con el otro

© Morpheos / Flickr / CC

Samuel Gutiérrez - publicado el 29/04/14

En la comunicación con el otro me descubro a mí mismo, llego a ser realmente yo

Estamos en primavera. El mejor indicador es la naturaleza, que estalla en gritos de fiesta y nos muestra la alegría de la Creación. Después de unos meses de recogimiento y sosiego, de interioridad y contemplación, llega el tiempo de la expansión y la algazara. De los colores, la belleza y la vida que se contagian a raudales.

En su sabiduría, la naturaleza es una gran maestra. Dicta lecciones magistrales desde la cátedra de la vida. Con la irrupción de la primavera nos invita a salir de nosotros mismos y a saltar valientes al encuentro con el otro.

Aún más que la naturaleza, que ya es decir, el ser humano está llamado a la relación con los demás. En la comunicación con el otro me descubro a mí mismo. Llego a ser realmente yo. Somos «yo y nuestras circunstancias». Somos «yo y nuestras relaciones».

El ser humano está hecho para la relación interpersonal, para el encuentro con el otro. Con el riesgo que eso supone. Toda relación está expuesta al fracaso y al desencuentro, pero eso no es motivo para dejar de intentarlo.   

Una imagen que expresa con elocuencia esta llamada a salir de uno mismo es la del doble movimiento del corazón: sístole y diástole. Recibo para dar y doy para recibir. Me contraigo para expandirme. Me recojo para relacionarme. La clave está en el equilibrio.

¿Pero quién y cómo determina ese equilibrio? Hay filósofos personalistas que han llegado a afirmar que el ser humano no se equilibra más que en el amor. Es, sin duda, la clave que lo armoniza todo. «Ese faro imperturbable que desafía las tempestades y nunca se estremece», que diría el gran Shakespeare.

El amor, que antes hemos recibido, necesita ponerse en movimiento y ser dado a los demás. De lo contrario le pasa como a la corriente de un río. Cuando se detiene y se estanca, el agua se pudre y pierde todas sus propiedades. El amor actúa también así. Sólo si crece y se comunica, pasa a ser fuente de vida.

En este tiempo de primavera que ya ha comenzado, ¿seremos río o agua estancada? ¿Saldremos al encuentro del otro o nos encerraremos en nosotros mismos? ¿Apostaremos por el amor propio o por el amor a los demás? 

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alma
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