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La guerra entre la Argentina y Chile que no fue, gracias a Juan Pablo II

© Biblioteca del Congreso Nacional de Chile
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En la Navidad de 1978, el próximo santo evitó lo que era una inminente guerra entre los países vecinos.

En la foto: histórica firma del tratado de amistad entre Argentina y Chile que ponía fin al conflicto sobre el Canal de Beagle, en 1984 ante Juan Pablo II

El carisma mediador del beato Juan Pablo II saltó a la luz a pocos meses de iniciado su pontificado y evitó, en la Navidad de 1978, una inminente guerra entre los países hermanos de Chile y la Argentina. Cuentan algunos que faltaban apenas horas para que se desatara el conflicto por las islas en disputa en la zona del canal de Beagle, cuando el recién asumido Papa anunció el envío de un mediador, el cardenal Antonio Samoré.

Ambos países se encontraban gobernados por dictaduras militares, con Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet a la cabeza. A ambos lados de los Andes, los ejércitos estaban listos y a tiro para iniciar el conflicto fratricida. Factores climáticos retrasaban lo que parecía inminente. Fue el 22 de diciembre, ante los embajadores tanto de la Argentina como de Chile, que Juan Pablo II expresó: "Es motivo de profundo dolor y de íntima preocupación  el enfrentamiento entre la Argentina y Chile que se ha ido agudizando en este último período, a pesar de las vibrantes invocaciones a la paz formuladas por los Episcopados de los dos países”. Cinco días después, el cardenal Samoré ya estaba en Buenos Aires, para reunirse con la junta militar, y luego viajar a Chile.

La mediación de Samoré fue decisiva y rápida, como la situación demandaba. A los pocos días, recién iniciado 1979, enunció una frase que quedaría en la historia tanto argentina como chilena: “Alcanzo a divisar una lucecita al final del túnel”. Finalmente, en Montevideo, el 8 de enero ambos gobiernos firmaron la aceptación de la mediación papal y el inicio de un proceso de paz que recién culminaría en 1984, cuando el gobierno democrático de Raúl Alfonsín, tras un referéndum que contó con un apoyo del 82% de los argentinos, selló con Chile la paz, en el Vaticano. El 29 de noviembre de este año se cumplirán 30 años de aquel tratado, ratificado el 2 de mayo del año siguiente ante la presencia de Juan Pablo II.

El modélico acuerdo, que demostró ser duradero ya que nunca más la paz entre los países se vio amenazada, no pudo ser rubricado por el cardenal Samoré, que falleció el 3 de febrero de 1983. En el documento los cancilleres testimoniaron “en nombre de sus Pueblos, los agradecimientos a Su Santidad el Papa Juan Pablo II por sus esclarecidos esfuerzos para lograr la solución del diferendo y fortalecer la amistad y el entendimiento entre ambas Naciones”.

En honor del cardenal Samoré, entre otros reconocimientos, se renombró uno de los pasos más importantes que, a través de la cordillera, une ambos países. Se trata del ahora Paso Internacional Cardenal Samoré.

En su viaje a la región en 1987, en la fronteriza Mendoza, a los pies del Cristo Redentor, expresó el Papa: “Si todos mis viajes apostólicos tienen como finalidad ser un llamado al empeño por la paz, éste que estoy realizando a los países hermanos de Chile y Argentina, quiere ser un servicio pastoral de acción de gracias al Príncipe de la Paz, que os protegió contra la fuerza destructora de las armas, y os iluminó para seguir el camino de la negociación y del diálogo, de modo que, superando las tensiones y según criterios de equidad, la paz fuera garantizada. Haber logrado este objetivo es motivo de noble orgullo para ambos pueblos, y demuestra ante el mundo como los conflictos y diferendos entre los hombres pueden ser resueltos mediante el entendimiento y el diálogo, sin tener que recurrir a la violencia”.

Durante este viaje, que sirvió para que el Santo Padre presida la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma, en Buenos Aires, Juan Pablo II pudo cumplir su anhelo ya expresado al pueblo chileno durante su visita a la Argentina en 1982: “Os confío que desde enero del año 1979, cuando vuestro Gobierno y el Gobierno argentino me pidieron que los ayudara, como Mediador, en el diferendo de la zona austral, estoy anhelando el momento en que me sea concedida la gracia impagable de visitar al mismo tiempo a los hijos de ambas Naciones, para unirme a la alegría de todos en acción de gracias a Dios por la conclusión definitiva de esta controversia y por la consolidación perenne de la paz y de la amistad entre los dos Países por mi tan queridos”.
 
La que no pudo evitar, pero sí ayudó a que se termine

Juan Pablo II había visitado la Argentina por primera vez en 1982. La visita, efímera, se dio en plena Guerra de Malvinas. El Papa tenía planificada de antemano una visita al Reino Unido, por lo que ante el conflicto decidió visitar el país sudamericano, en un viaje organizado en un brevísimo tiempo y por apenas dos días. En aquella ocasión llamó a los jóvenes a hacer “con sus manos unidas, una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra”, frase inmortalizada luego en el himno “Un nuevo sol”, de la JMJ de Buenos Aires. Poco tiempo después de ese discurso, la Argentina presentó su rendición. 

 

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