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¿Podemos estar con Dios y atentar contra el medio ambiente?

© jurvetson
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Jesús tenía una preferencia por lo frágil: entonces, tendría una preferencia también por la fragilidad de nuestro martirizado medio ambiente, según el profesor Lucas Cerviño

Este martes se ha celebrado el Día Internacional de la Tierra. Aleteia.org ha entrevistado al profesor Lucas Cerviño, quien ha hablado recientemente en un Congreso en Roma sobre la relación entre teología y protección del medio ambiente, a propósito de los rumores no confirmados en el Vaticano de que el Papa Francisco está preparando la primera encíclica sobre ecología en la historia de la Iglesia.

Cerviño ha sido invitado por la Universidad del Papa, la Urbaniana, al Congreso Internacional sobre América Encuentros entre pueblos, culturas y religiones camino para el futuro. El joven teólogo argentino hace más de 10 años que vive en Bolivia, es docente y coordinador de investigaciones en el Instituto Latinoamericano de Misionología de la Universidad Católica Boliviana (UCB).

El teólogo argentino afirmó que es un imperativo despertar la conciencia en los creyentes y en la acción pastoral de la Iglesia sobre la protección del medio ambiente. Las consecuencias del cambio climático afectan a las poblaciones más pobres del planeta, afirmó. “Jesús tenía una preferencia por lo frágil”, así que sería un defensor del medio ambiente. Todos tenemos la posibilidad de hacer algo, empezando por una vida más sobria. Cerviño compara una vida equilibrada con el medio ambiente a una planta que adsorbe de la tierra apenas lo necesario para sobrevivir.

¿Cómo el deterioro del medio ambiente está cuestionando a la teología?

La crisis ecológica cuestiona a la teologia a reflexionar cómo se establece en el ser humano esta relación con lo creado, con la naturaleza, con el cosmos. La pregunta es: ¿Dónde está Dios en esa relación que se establece en una cuestión ecológica?, ¿Cómo y dónde me relaciono con lo sagrado? ¿Dónde están mis puntos fuertes en mi espiritualidad con lo sagrado?

Entonces, sí mantenemos esta concepción de que yo encuentro lo sagrado en una relación personal con Dios, íntima en la oración etc., en el amor al prójimo que ya sería el próximo paso, pero no veo en este descentramiento de mi ego y en la relación con la naturaleza el encuentro con Dios. Es decir, mientras no se equilibre esta armonía seguiremos tendiendo hacia una teología antropocentrista, por más que al final le pongamos un toque ecológico. Por lo tanto, creo que la crisis ecológica exige una reflexión a la teología.

¿La teología está llegando tarde al desastre ecológico que estamos causando?

No sé si decir la teología. La Iglesia puede llegar tarde o no tocar argumentos. El tema de la ecología se puede ver en los documentos, pero lo que yo decía es que en la conciencia del creyente, en la pastoral, en las misiones,… estos temas no interesan, incluso en Latinoamérica. Estos temas no se tocan cuando tendrían que ser temas centrales.

Ya en el año de 1992, cuando Leonardo Boff escribe su libro El grito de la Tierra, el grito de los pobres une las dos cosas; desde ahí hay una intuición muy clara. Podemos estar de acuerdo o no con Boff, pero la intuición está clara ¡y cuántos años han pasado…

La crisis ecológica, la cuestión ecológica es el ágora del siglo XXI, es la plaza pública donde nos encontraremos todos. En este tema tienes que enfrentar el problema sociológico, ecológico, las relaciones con las culturas, porque allí está la diversidad y es un tema del cual depende nuestra vida. A lo mejor la mía no, pero si tengo un mínimo de conciencia es un problema para  las generaciones futuras.

Por lo tanto, tengo que empezar desde ahora. Tengo que aprender a escuchar al otro que piensa distinto, al otro que tiene un planteamiento, al otro que tiene su cultura, de ahí lo desafiante y lo bonito.

El problema del desastre ecológico es un problema que toca sobre todo a los pobres, ¿puede ampliar esta idea?

El informe de desarrollo humano de 2013 dice claramente que los afectados son los pobres. Los efectos del cambio climático: desforestación, sequías, lluvias, inundaciones,… ocurren donde hay poblaciones más pobres. Por lo tanto, son las personas que más sufren: si tú no tienes dinero, si tu condición de vida no te ayuda a salir de ahí y el Estado no te ayuda. Quien tiene la posibilidad, se traslada. En las ciudades cuando hay inundaciones, terremotos,… al final los que sufren más las consecuencias son los pobres.

Desde una visión cristológica, usted hablaba de cuidar nuestro entorno natural como una propuesta de amor hacia todo lo creado…

Jesús tenía una preferencia por lo frágil, por eso hablé del tema del medio ambiente como un bien frágil. ¿Qué significa un bien frágil? Cuando uno ve la fragilidad, si tiene un mínimo de conciencia, reacciona. Cuando ve a una anciana que necesita algo, uno reacciona. Con una actitud de cuidado, de protección, de conservación, somos capaces de ver el medio ambiente. Jesús actuaba ante lo frágil. La compasión por los últimos, por su fragilidades, es una opción cristológica.

¿Nosotros hacemos frágil la tierra?

Sí, ya era un equilibrio muy frágil y lo hemos roto, lo hemos empeorado. Sin embargo, podemos aportar algo para no terminar de romper este equilibrio. Pero tampoco tengo una visión apocalíptica, creo que como cristianos también tenemos que dar esperanzas ante esta crisis ecológica. No es una esperanza de quedarme de brazos cruzados y seguir haciendo lo mismo, sino que Dios actúa en mi historia […]. En esa experiencia espiritual, aportar para recuperar la creación que también tiene sus gemidos de paz.

¿Cómo podemos seguir ese ejemplo que nos pide el Papa Francisco de cambiar nuestro estilo de vida?

Una vida austera; austera que no significa pobreza o miseria, sino llevar una vida sobria. Vivir con lo necesario. Un ejemplo: una planta absorbe las sales y el agua que necesita, no absorbe más agua, más sales de las que necesita. Si nosotros fuéramos capaces de vivir con esa lógica, las relaciones con los demás, las relaciones con los bienes naturales, con los bienes artificiales… Esto no significa irme a vivir al campo; en nuestra cotidianidad hay mucho para cambiar.

El mundo está en peligro y nos necesita […]. Volvemos a decir el triple descentramiento, cuidar, vivir, una vida sobria es descentrarlo. Sé que es importante y conservo la naturaleza, debo llevar y respetar este ritmo que tiene el medio natural.

[Ha colaborado en este servicio también Maria Paola Daud].  

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