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¿Recitar mantras es contrario a la fe católica?

© Anneli Salo
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Atención: son mucho más que palabras extrañas en otro idioma

¡Hola! Ojalá pudieran publicar un artículo sobre los Mantras, si significado y la contrariedad que hay con el catolicismo. ¡Gracias!  (Comentario desde FB)

Los mantras

Para  centrar la cuestión, en este caso lo más oportuno es empezar acudiendo al diccionario de la Real Academia de la Lengua. En él la palabra “mantra” tiene una única acepción:

“En el hinduismo y en el budismo, sílabas, palabras o frases sagradas, generalmente en sánscrito, que se recitan durante el culto para invocar a la divinidad o como apoyo de la meditación”.

El término mismo es una palabra sánscrita, que significa “pensamiento”. Por extensión, se suele utilizar para significar algunas palabras que alguien repite hasta la pesadez, pero este sentido del término ni se recoge en el diccionario ni nos interesa aquí, pues resulta intrascendente.

La definición es muy precisa –salvo quizás lo de ceñir su uso al culto, pues también se utilizan fuera del mismo-, e indica que estamos ante un elemento de las principales religiones orientales, totalmente ajenas al cristianismo.

En ellas, se piensa que los mantras están cuidadosamente escogidos –y en el idioma sagrado en que se escribieron los vedas, las escrituras consideradas sagradas- para tomar contacto con la divinidad y facilitar la armonía interior que permite despojarse de la sensibilidad para fundirse con el infinito.

Es parte de un todo, y ese todo es una religión distinta del cristianismo.

En este sentido hay que entender su incompatibilidad con el cristianismo: no por el hecho de repetir una palabra rara (en occidente pocas personas suelen saber el significado), sino por el hecho de introducirse con ella en otra religión.

Y ya no digamos si se pronuncian dentro de un culto.

En el hinduismo, este culto no debe entenderse como una liturgia en el sentido en que estamos acostumbrados a ver y entender, sino que se trata de la llamada puja, un homenaje a un ser divino o a un ser humano al que se considera divinizado, cuya imagen se coloca en el centro de una especie de altarcito rodeado de velas, flores u otros objetos decorativos.

Pero en todo caso sigue siendo una ceremonia de índole religiosa.

Hay un ejemplo que puede resultar ilustrativo. En Occidente, el mantra más conocido lo es por designar a un grupo religioso: hare krishna.

En realidad, el nombre del grupo no es éste, pero su mantra, que repiten incansablemente, ha acabado por designarlo.

Permite así comprender la importancia que tienen dentro de estas religiones orientales, y desde luego que se trata de algo que desde el punto de vista religioso no es en absoluto indiferente.

Siendo todo esto bastante claro, se creó cierta confusión sobre todo a partir de las enseñanzas de un gurú que se hizo llamar Maharishi Mahesh Yogi.

Esto ya es una presentación religiosa, porque su verdadero nombre era Mahesh Prasad Varma; Maharishi viene a significar “el gran vidente” y yogi se utiliza para los maestros de yoga.

Creó una organización llamada Meditación Trascendental, que tuvo bastante éxito. En Occidente la presentaba como algo no religioso y compatible con cualquier religión, pero en realidad trataba de introducir subrepticiamente el hinduismo en quienes acudían a sus cursos de meditación.

En privado decía que hacía eso porque “Occidente no está preparado todavía para la verdad”. Su método, teóricamente destinado a la armonía interior y a combatir el stress, incluía proporcionar a cada participante un mantra que debía repetir una y otra vez, al menos interiormente. Por ejemplo, Shyama.

En realidad es una antigua invocación a Krishna; si se objetaba que, en contra de lo afirmado, sí que tenía sentido religioso, Maharishi se defendía diciendo “pero no para los meditantes”.

Sin embargo, el paso siguiente era completar la palabra con otras dos; en el ejemplo mencionado, shri Shyama namah. ¿Qué significa eso? Lo supiera o no el que lo pronunciaba, significa “yo me postro ante el glorioso Krishna”.

Como puede fácilmente verse, el que los maestros de esa organización declararan que eran palabras sin significado religioso era sencillamente una falsedad.

 

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