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La batalla de almohadas de Juan Pablo II

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Episodios que arrojan luz sobre la personalidad del papa polaco

Estoy colaborando con programas de la Rai sobre Juan Pablo II y, además de la alegría de revivir esos momentos, oigo testimonios de quien lo conoció. Entre los cuales está el del profesor Stanislaw Grygiel que acompañaba a Karol en las excursiones por la montaña con sus estudiantes, ajustando las tesis universitarias.

Un día Stanislaw no se había llevado de comer y Wojtyla con discreción partió su sándwich a la mitad y le dio su té para beber. Un pequeño detalle pero elocuente. Una vez casado, Grygiel invitaba, a menudo, a cenar al nuevo obispo de Cracovia que llegaba cansado y tarde. Una vez los niños estaban ya acostados y Karol se quedó apenado; después de algunos minutos se levantó, los despertó y alistó una batalla de almohadazos. Luego puso a los niños a dormir y volvió sereno a cenar.

Son episodios que arrojan una luz sobre la personalidad de aquel Papa que ha impresionado al mundo con sus gestos tan humanos y divinos al mismo tiempo.

Dios está en la vida cotidiana, no sólo en los momentos completamente dedicados a la oración y Wojtyla lo hacía entender con su estilo. Reía de gusto al mirar a los pequeños, sus reuniones de trabajo eran serias pero divertidas. Cuando Montanelli fue a su casa a cenar describió su mirada como “sablazo azul”. Lo he visto reír hasta las lágrimas mientras un universitario interpretaba la parte de un payaso en un encuentro con estudiantes durante la tarde de Pascua. El Papa hablaba de Dios incluso sin palabras. Me ayudó a simplificar y a consolidar mi relación con Jesús.

Artículo publicado originalmente por Giuseppe Corigliano en el Blog Preferisco il Paradiso. Traducción de Aleteia

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