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De “bruja” a apóstol de Dios: sucedió en Colombia

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La historia de la ex hechicera colombiana que hoy pone en guardia contra la brujería

La “bruja” más famosa de Colombia es hoy un apóstol de Dios que pone en guardia contra los peligros de la brujería.

El testimonio de la que en los años 70 y 80 fue la “bruja” más solicitada por políticos y personalidades colombianas ha aparecido en un libro polémico que escandalizó al país hace más de veinte años y que ha sido recreado en una telenovela. La mujer ha querido mantener el anonimato para preservar la tranquilidad que ha conseguido.

Su vida sufrió un cambio radical. Hoy sus jornadas comienzan con el rezo del Rosario antes de ir a trabajar. Madre de familia, guía un grupo de oración, va a Misa, forma parte de un grupo pro-vida que lucha contra el aborto y recorre el país dando conferencias sobre los peligros de la brujería.

Quien la conoce la describe como inteligente, vigorosa, desenvuelta, entusiasta, generosa, apasionada y dueña de una fe a prueba de todo.

“Cuando entregas todo a Cristo y le pides que haga lo que quiera contigo, alégrate: el Señor es maravilloso, misericordioso”, afirmó (El Tiempo.com, 15 marzo).

La “ex bruja” fue “salvada” por una monja. “Cuando conocí a madre Alicia tenía una falda azul oscuro y una camiseta gris. No sabía quién era. Fui a una iglesia. Yo era católica, iba a Misa – pero a las breves, porque las largas me daban sueño – pero practicaba la brujería. Lo único que hice fue abrazarla y decirle: ‘Hermana, sálvame, yo practico la brujería’. Empezó a rezar y me mandó a su convento. Me dijo que rezara el Rosario”.

“Era una mujer de éxito, amiga de políticos. Creía tener el mundo a mis pies, pero me faltaba lo más importante: Dios”.

Después de recaídas, visitas psiquiátricas, oraciones de liberación por parte de la monja y de un monseñor que se había unido a las oraciones por ella, se le hizo un exorcismo.

“Vomité gusanos y escupí alfileres. El sacerdote rezaba. Sentí una voz que me decía que matara al sacerdote, que era muy alto y robusto. No sé qué fuerza tuve, le agarré del cuello y le clavé las uñas. Él siguió rezando, me puso la hostia consagrada; caí a tierra, le pedí perdón, le dije que ese ataque no venía de mí y nos arrodillamos ante el Santísimo. Desde ese momento fui liberada del maligno”.

Desde entonces todo es “un caminar hacia Dios. Y para caminar hacia Dios hay que enseñar a los demás a elegir el camino. Mis intervenciones parten de lo que he vivido, y lo único que pretendo es que la gente no caiga donde caí yo y que no cambie al único Dios existente con una cantidad de dioses”.

E invita: “Quienes se han metido en estas cosas, acudan a un sacerdote que los oriente y les haga una oración de liberación, o hagan una confesión de todo corazón para que los perdonen de ese atentado contra la fe de Dios”.

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