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“Necesitamos educadores más que profesores que impartan conocimientos”

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El ex presidente del Consejo Escolar de Madrid José Luis Carbonell alude a la violencia con la que conviven diariamente muchos niños en Sudamérica

Fue uno de los pioneros en el estudio y prevención del acoso escolar en España. José Luis Carbonell, ex presidente del Consejo Escolar de Madrid, destaca la responsabilidad de los padres para implicarse en la educación de sus hijos y no darles todo lo que pidan para que valoren el esfuerzo de conseguirlo. Cuando no se ejerce así la autoridad, se produce habitualmente “la frustración en el niño, que reaccionará con agresividad para conseguir las cosas a la fuerza”, también en las aulas.
 
Carbonell subraya la importancia de plantear dilemas morales en la familia y en la escuela para que niños y jóvenes enjuicien la bondad y maldad de los actos, juicio necesario en un momento en el que “el alejamiento de la juventud de cualquier práctica religiosa anula estos procesos, puesto que cada religión cristaliza el desarrollo moral en unos principios, que te dicen lo que está bien o mal”.
  
Como experto en violencia en las aulas desde hace varios lustros, ¿en qué estado se encuentra la convivencia escolar en España y en otros países?
 
Llevo trabajando en este aspecto desde el año 96. En el 97, me llamó Núñez Morgades (en aquel momento, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid), porque estaba muy preocupado por la violencia y el acoso en las aulas. Así iniciamos el proyecto pionero en España “Convivir es vivir”.
 
En estos años, hemos mejorada bastante, pues se crearon programas y servicios de apoyo en todas las comunidades autónomas, lo que ha sensibilizado a toda la comunidad escolar.
 
No obstante, han  ocurrido tremendas desgracias como los suicidios de Jokin en 2004 y de una chica de Ciudad Real en 2012.
 
En cuanto a los países europeos, ya a finales de los 70, el noruego Dan Olweus empieza a hacer diagnósticos y  prevención de la violencia en las aulas, lo que condujo a crear una gran sensibilización al respecto y a instaurar canales y herramientas de prevención y apoyo.
 
¿Qué características específicas tiene el acoso en Sudamérica?
 
Un elemento importante es la falta de apoyo social que reciben los menores. De hecho, en muchos casos, no disponen de un teléfono para denunciar estas situaciones ni hay centralizado una forma de ayudar a los alumnos que sufren bullying.
 
Pero, por encima de todo, nos encontramos con las condiciones vitales que llevan a acostumbrarse y a minimizar la violencia, pues hay países con una alta violencia social que el niño percibe totalmente normalizada porque está en su vida cotidiana.
 
Además, se da un culto a ella en los medios de comunicación, lo cual conforma un tipo de “educación” paralela con gran impacto.
 
Por otro lado, conocemos países en los que es muy reducido el horario lectivo. En este sentido, me ocurrió un caso en un colegio de Madrid con una niñita de República Dominicana. Me decía que estaba contentísima aquí porque venía por la mañana a clase, comía y luego se marchaba a su casa. Al ver mi extrañeza, me explicó que en su país estaba en horario escolar de segundo turno, con únicamente dos horas de clases diarias.
 
En el CRIF, estamos desarrollando una app sobre prevención de la violencia en la escuela, teniendo presente también a los países sudamericanos.

En el apartado de innovación, ¿qué se hace en el Centro Regional de Innovación y Formación (CRIF) del Profesorado de la Comunidad de Madrid?
 
Desarrollamos aquí toda la formación del profesorado de centros públicos, concertados y privados dedicada a los colegios bilingües y nos ocupamos, entre otras, de la formación on line del profesorado.
 
En este sentido, he diseñado y tutorizo un curso online de prevención de la violencia escolar que tuvo en la primera convocatoria 2.500 peticiones para 70 plazas y en la última ha pasado de las 1000 para 35.

 
En uno y otro lado del Atlántico ¿qué papel juegan los padres en este problema?
 
Nosotros estudiamos tres factores de riesgo: familia, centro educativo y  entorno social. En las familias en las que se plantean dilemas morales y se enjuician la bondad o maldad de las acciones, es probable que no se caiga en conductas de este tipo.
 
Pero en chicos que se mueven en entornos agresivos o en familias que justifican la violencia (eso de toda la vida de que “si te pegan, pega”, en vez de tratar primero de resolverlo pacíficamente) tienen más repercusión.
 
La minimización del daño al otro que, en los últimos tiempos, ha estado impregnada de empacho de bienestar (la crisis económica lo ha eliminado en buena medida) hacía que las familias tuvieran como objetivo prioritario que el niño lo tuviera todo, ya que argumentaban que no podían atenderle.
 
Esto ha motivado muchísimos problemas personales de agresividad, y no sólo en familias de clase baja, si no en las de altísimo nivel, que se han constatado por estudios en esta línea.
 
En Sudamérica, también ocurre con las familias adineradas: están más pendientes de otras cuestiones que de los hijos, a quienes ponen en manos de otros, y consideran lo más importante que no les falte nada.
 
No se trabaja en ningún momento el refuerzo que supone el esfuerzo de negar algunas de sus peticiones (el niño pide y se le da todo en el momento). En estos casos, cuando se produce la frustración en el niño de no darle lo que pide, reacciona con agresividad para conseguir las cosas a la fuerza.
 
Con su alusión anterior al dilema moral ¿cree que se ha difuminado la frontera entre el bien y el mal?
 
En buena medida. En el curso para profesores al que he aludido antes, utilizamos mucho el dilema moral. Incluso para personas que no tienen creencias religiosas o de distintas sensibilidades, y están receptivos y lo entienden.
 
Si no recuerdo mal, fue desarrollado por Kohlberg (un psicólogo que trabajó mucho sobre el desarrollo moral). Consiste en plantear un caso que cree una controversia ética para luego hacer reflexionar al niño.
 
Esto falla primeramente en la familia, lo que consecuentemente incapacita para conocer las implicaciones de nuestros actos.
 
No nos importa tanto que los chicos digan que se ha hecho bien o mal una determinada acción, sino el proceso de reflexión que se suscita en clase o en la familia, porque flexibiliza y enriquece el pensamiento de los intervinientes.
Pero se habla muy poco en casa, al estar cada uno en su televisor, su móvil…
 
Por otro lado, el alejamiento de la juventud de cualquier práctica religiosa anula estos procesos, puesto que cada religión cristaliza el desarrollo moral en unos principios; te dicen lo que está bien o mal. Esto falta actualmente entre la juventud.
 
Después de la familia, como factor de riesgo, aludía al centro educativo…
 
Como he comentado anteriormente, hemos mejorado mucho en España en prevención, formación del profesorado, disposición de herramientas para prevenir y anular los acosos y, además, está muy presente la implicación de la fiscalía de menores para judicializar los casos más graves.
 
Es difícil que exista un niño con problemas y que no se activen mecanismos para resolverlos. Otra cosa es que la gente que debiera utilizarlos sea lo suficientemente diligente para acometerlos.
 
Lamentablemente se suicidó en 2012 una chica en Ciudad Real, no porque no existieran los medios sino porque alguien no hizo bien su trabajo para tratar de evitarlo.
 
He visitado muchos países europeos y, por ejemplo, en el Reino Unido ejercitan una sensibilización increíble en los centros educativos, con buzón de sugerencias para alertar de casos potenciales y una línea telefónica anónima para comunicar con el personal de dirección…

 
¿Cómo está la libertad de enseñanza en los países sudamericanos y europeos?
 
En Europa, el nivel de libertad es el máximo. Son sistemas democráticos muy desarrollados, pero otra cosa son los países que van llegando.
 
Hablando con una profesora rumana sobre las dificultades de escolarización de los niños gitanos (yo he trabajado 15 años con gitanos y es muy difícil porque nos empeñamos en convertirlos en payos cuando no deberíamos ir por ahí), me decía que nosotros estamos muy avanzados frente a ellos, que todavía tienen colegios exclusivos para gitanos.
 
En Sudamérica, hay diferencias abismales, por ejemplo, entre Chile o Argentina con relación a República Dominicana.
 
Por su parte, México hace muchos esfuerzos pero no termina de encontrar la fórmula por la gran diversidad cultural, racial y social; además, está muy masacrado por el narcotráfico y por la violencia extrema en varias zonas del país.
 
Por eso es muy difícil desarrollar políticas educativas de atención a la diversidad. En una visita que hicimos en San Juan Chamulas (Chiapas), observamos unos medios muy escasos, aunque creo que se podrían resolver en el futuro por las TIC.
 
Hablemos entonces sobre las nuevas tecnologías.
 
La verdadera revolución en la educación todavía no se ha producido, como en otros aspectos de la vida. Actualmente, si quitamos los pupitres y ponemos los del siglo pasado, la forma de educar es la misma: seguimos teniendo como valor principal el conocimiento, pero éste está ya socializado en Internet, es libre y lo único importante es saber seleccionarlo.
 
Lo que nos falta, y muchos de los profesores no lo quieren abordar, es educar, porque enseñar es hoy muy fácil.
 
Yo estoy enseñando a 50 profesores con dos horas presenciales y los resultados son mucho más satisfactorios que cuando los tengo aquí sentados 21 horas seguidas.
 
Hoy más que nunca necesitamos educadores, rol que ha desaparecido en la mayoría de mis compañeros profesores, dedicados a impartir conocimientos, que se pueden realizar antes, más y mejor con la posibilidades que nos da la red y los medios tecnológicos, con los que podríamos ayudar también a los países menos desarrollados.
 
Apuesto claramente por la tecnología, aunque lo importante es la metodología, saber cómo hacerlo, teniendo claro que el que debe cambiar es el profesor, pues es el que debe liderar a los alumnos en la tarea educativa.

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