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Conozca los 50 personajes históricos del Antiguo Testamento confirmados por la arqueología

Public Domain
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Reyes y funcionarios, cuyo nombre figuraba en documentos oficiales.

Mykytiuk hace una lista de 50 personajes históricos del Antiguo Testamente que figuran en fuentes arqueológicas, como estelas de piedra, sellos de arcilla, recibos, tabletas o inscripciones funerarias que han conseguido perdurar a través de 2.000 o 3.000 años, pese a guerras, terremotos, expolios y saqueos.
 
Por supuesto, se trata de gente de importancia "mundana": reyes y funcionarios, cuyo nombre figuraba en documentos oficiales.
 
La lista incluye:
– 5 faraones egipcios
– 1 rey moabita
– 5 reyes y líderes arameos o sirios
– 9 gobernantes del reino del norte, Israel
– 14 autoridades de Judá, el reino del sur
– 6 reyes o señores de la conquistadora Asiria
– 5 reyes o señores de Babilonia
– 5 reyes de Persia
 
Estos 50 nombres son los que Lawrence Mykytiuk considera confirmados e identificados con inscripciones contemporáneas a su vida. Cada uno de ellos los argumenta con una larga nota a pie de página. No incluye personajes citados o aludidos en inscripciones de generaciones posteriores a la que vivieron.
 
Ajab, el esposo de la pérfida Jezabel

Por ejemplo, a Ajab, rey de Israel, lo conocemos en la Biblia como el perseguidor del profeta Elías, motivado por su pérfida esposa, la pagana Jezabel. Si no fuera por la Biblia, de él sólo tendríamos un par de menciones en inscripciones en piedra, como su mención en el Monolito de Kurkh, encontrado en 1861, en el que Salmanaser III describe su victoria contra una alianza de 11 o 12 reyes en la batalla de Qarqar en el año 853 a.C., y uno de los vencidos es "A-ha-ab-bu Sir-ila-a-a", es decir, "Ajab Señor de Israel", quien acudió con "2.000 carros y 10.000 infantes".
 
 
 
Este texto del monolito de Kurkh, aunque sea propaganda babilonia, lo dice todo muy claro… en escritura cuneiforme
Desempolvando un poco el cuneiforme del colegio, cualquiera puede buscar al rey Ajab en la inscripción
 
Aunque Salmanaser "hinche" las cifras para darse más gloria, esos 2.000 carros implican la mitad de la fuerza aliada a la que se enfrentó, por lo que Ajab debía ser el líder e impulsor. Además, los palacios y edificios que tenemos de su época demuestran que su reino, aunque tomado por la impiedad según Elías, era económicamente fuerte.
 
Las inscripciones en piedra tampoco son "la verdad absoluta": la supuesta victoria de Salmanaser no debió ser tan victoriosa, porque la realidad es que no le alcanzaron las fuerzas para ocupar Siria ni castigar a los reyes aliados contra él.
 
¡La Biblia en un recibo!

Otro ejemplo curioso se da cuando encontramos un nombre bíblico ¡en una factura o recibo! Por ejemplo, entre las 130.000 tabletas amontonadas en el Museo Británico, que se traducen y analizan con lentitud exasperante.
 
Un día de julio de 2007, el profesor Michael Jursa de la Universidad de Viena se sentó a traducir y transcribir esas tabletas cuando se encontró una muy bien conservada y fácil de traducir: una factura del año 595 antes de Cristo, 8 años antes de que los babilonios conquistaran Jerusalén, episodio descrito con detalle por Jeremías.
 
 
 
Factura de Nabusarsekim, jefe de eunucos, del 595 a.C., 8 años antes de entrar a sangre y fuego en Jerusalén
 
En la factura leemos:
 
"1,5 minas [0,75 kg] de oro, propiedad de Nabu-sharrussu-ukin, el jefe de los eunucos, que envió a través del eunuco Arad Banitu a [el templo de] Esangila; Arad Banitu lo entregó. En la presencia de Bel-usat, hijo de Alpaya, guardaespaldas real; Nadin, hijo de Marduk-zer-ibni, mes nueve, dia 18, año 10 de Nabucodonosor rey de Babilonia".
 
Y, efectivamente, en Jeremías 39,1, se describe con detalle la entrada de los jefes y generales de Nabucodonosor en Jerusalén. La Biblia española de 1884 traducida por Torres Amat de la Vulgata latina enumera jefes: "Semegarnabu, Sarsachim…" La Biblia de la Conferencia Episcopal Española de 2011 en cambio habla del "príncipe de Sinmaguir, jefe de los magos, Nabusazbán, jefe de los eunucos…" ¡Es lo que pasa cuando se traduce un idioma semítico, que no escribe las vocales ni separa las palabras!

 
En realidad, el "nabu" (señor) no va con Semegarna (o Sinmaguir) sino con Sarsachim (Sharrussu-ukin), el jefe de eunucos (como le llama la Biblia y la factura del templo, 8 años anteriores a la conquista). Y así, la factura del Nabu-Sharrussu-kin, jefe de eunucos, confirma lo meticuloso y documentado de Jeremías al enumerar a Nabusarsakin, jefe de eunucos, entre los generales que entran triunfantes en Jerusalén. De hecho, este personaje está en el texto de Jeremías porque Jeremías es detallista y exacto, ya que Nabusarsakin no vuelve a ser mencionado ni cumple ninguna función narrativa o teológica más.
 
Sobná, el "predecesor" de San Pedro

Lawrence Mykytiuk menciona también algunos personas, fuera de su lista de 50, que considera "casi reales", es decir, casi comprobados en su correlación entre el nombre bíblico y el documento arqueológico.
 
Un ejemplo es Sobná, el mayordomo de palacio de Jerusalén… a quien los católicos gustan de mencionar cuando debaten con protestantes acerca del poder del Papa.
 
Jesucristo explica a San Pedro: "a ti te doy las llaves del Reino". Y el símbolo de las llaves, a un judío, le hace pensar en Isaías 22,22, donde se describe la función de un mayordomo del reino davídico: "Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará; cerrará y nadie abrirá".
 
En la ausencia del rey, el vicario o mayordomo tiene todo ese poder. Unas frases antes, en Isaías 22,15, vemos que un mayordomo anterior se portó mal, un tal Sobná, y por eso Dios le va a castigar quitándole las llaves.
 
Mykytiuk considera que Sobná existió entre el 726 y el 686 antes de Cristo, y que quizá también es el personaje mencionado en 2 Reyes 18,18 y siguientes (cuando aún no era mayordomo o vicario de palacio). En 1953 se encontró una tumba de un mayordomo real cortada en la roca en Silwan (o Siloam), cerca de Jerusalén, pero la inscripción del nombre no está completa aunque podría ser Sobná. Es tentador atribuirlo a Sobná, de quien leemos en Isaías 22,16, reprochándole: "te estás labrando un sepulcro en alto, excavando en la roca un lugar de reposo"…
 
Quizá sin la vanidad de Sobná y su caro sepulcro no se habría escrito el texto de Isaías, el símbolo de las Llaves no nos habría llegado por la Biblia, quizá Jesús no lo hubiera conocido o utilizado para explicar el poder que estaba entregando a Pedro, el nuevo senescal, vicario del Rey, portador de las Llaves. O quizá lo hubiera usado y el lector moderno no lo hubiera entendido al carecer de una referencia bíblica anterior. Eso se evitó, quién sabe, por la vanidad de Sobná que tanto molestó a Isaías.
 
Artículo publicado originalmente por Religión en Libertad 

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