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​Ciberacoso: la mayor fuente de angustia de los adolescentes europeos

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Nace en el Policlínico Gemelli un ambulatorio para escuchar y atender a las víctimas y a los ciberacosadores

El ciberacoso, es decir, el fenómeno de violencia psicológica, insultos y revelación de secretos en la red, está en constante aumento.

Según una investigación realizada el año pasado por Save the Children, en colaboración con Ipsos, 4 de cada 10 menores son testigos de actos de acoso en línea hacia los coetáneos percibidos como “distintos” por su aspecto físico (67%), su orientación sexual (56%) o por ser extranjeros (43%).
 
Para afrontar el crecimiento del malestar entre los menores, el Policlínico universitario Agostino Gemelli de Roma ha inaugurado un ambulatorio dedicado a la escucha y atención de las víctimas del ciberacoso, particularmente difundido en el Lazio y la capital.
 
La estructura podrá potencialmente unirse a los institutos escolares para descubrir a los posibles usuarios también gracias a la policía postal y de las comunicaciones, con la cual se tiene una colaboración.

La coordinación del ambulatorio está confiada al doctor Federico Tonioni, del Instituto de psiquiatría y psicología de la Universidad católica de Roma, responsable también del ambulatorio para la dependencia de Internet del Gemelli, que desde 2009 – primero en su género en Italia – ha acogido y atendido a más de 600 pacientes.

¿Por qué el Gemelli ha decidido abrir un ambulatorio dedicado al ciberacoso? ¿Cuán grave es este problema?

Gravísimo y quien tenga hijos que van en el último año de la primaria o secundaria puede dar testimonio. El acoso o bullying en línea es ahora ya reconocido como la mayor fuente de angustia de los adolescentes nativos digitales en Europa.

En realidad, el bullying siempre ha existido pero hoy los jóvenes llegan a suicidarse cuando son víctimas en la web o se registran fenómenos igualmente graves como el retiro social.

Todo esto porque la agresividad en línea de tres elementos está exacerbada:

Antes que nada la falta de contacto físico. Basta pensar que la pelea por teléfono trasciende mucho más de lo que sucedería en un encuentro cercano y a través de la web todavía más.
 
La agresividad es importante para un adolescente, porque significa la afirmación de él mismo. Para todos, la parte constructiva de la agresividad es la posibilidad de tener un espacio en el mundo, como hacen los niños que al moverse quizá rompen objetos pero de ese modo conquistan el dominio del espacio.
 
La agresividad en línea está amplificada, como todos los instintos, incluidos los sexuales. De esta manera, hay muchachas jóvenes que suben imágenes de ellas mismas en actitudes sexys, y que en realidad no están capacitadas para replicar en un encuentro personal.
 
No es infrecuente que los jóvenes de 10 a 11 años se “comprometan” en línea al chatear durante horas e intercambien besos virtuales y luego al encontrarse no logren siquiera decirse “hola”.

¿Cuáles son otros elementos que vuelven más intensa la agresividad en línea?

El segundo elemento es la ausencia de los adultos en los espacios donde los adolescentes se encuentran en línea. Debe ser así, pero la presencia de un adulto – como sucede “en persona” cuando alguien interviene para defender a un joven agredido de compañeros más mayores – es claramente un elemento de disuasión.
 
El tercer elemento es la visibilidad. Para realizar un acto de acoso o bullying no bastan un acosador y una víctima, sino que se necesitan espectadores que asistan a la demostración de fuerza de uno a expensas del otro.
La visibilidad en internet está enormemente amplificada y el acosador se vuelve una estrella. Por eso, el ciberacoso es más peligroso que el acoso ejercitado en un encuentro cara a cara.

¿Cómo se lleva a cabo la intervención terapéutica?

Nosotros nos ocupamos de ambos protagonistas: la víctima y el acosador.

Para la víctima el foco, a través de conversaciones psicológicas, está en la agresividad mantenida; de algún modo la víctima debe ser educada para expresar y gestionar esta agresividad.

En cambio, para el acosador el centro está en la capacidad de empatía, de ponerse en la piel del otro y quizá comenzar a sentir un sentimiento de culpa. En la convicción de que nadie nace acosador.

¿Cómo se vuelve acosador entonces?

Los jóvenes son aquellos que “respiran”. A menudo en las familias respiran verdadero racismo, existe una tendencia  a un individualismo estructurado desde hace algunos decenios, agravada por los efectos de la crisis económica.

Ninguno quiere ponerse en la piel de los demás, en una especie de guerra entre pobres. Los jóvenes exponen los valores que son vehiculados por las familias.

Por eso es necesario dar espacios de escucha a las mismas familias para tomar conciencia de lo que somos, sin alarmismos pero con conocimiento.

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