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Papa Francisco: Dios nos salva en nuestros errores y no en nuestras seguridades

AFP PHOTO / ALBERTO PIZZOLI
ITALY, Rome : Pope Francis waves has he arrives for a visit at the "Bambino Gesu" children's hospital on December 21, 2013 in Rome. AFP PHOTO / ALBERTO PIZZOLI
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Homilía hoy en la Domus Santa Marta

No nos salva nuestra seguridad al obedecer los mandamientos, sino la humildad de tener siempre la necesidad de ser curados por Dios: es lo que, en resumen, ha afirmado Papa Francisco en la Misa presidida esta mañana en Santa Marta.
 
“Ningún profeta es bien recibido en su tierra”: la homilía del Papa parte de estas palabras de Jesús dirigidas a sus compatriotas, los habitantes de Nazaret, entre los que no puede realizar milagros porque “no tenían fe”. Jesús recuerda dos episodios bíblicos: el milagro de la curación de lepra de Naamán el Sirio, en la época del profeta Eliseo y el encuentro del profeta Elías con la viuda de Sarepta de Sidón que se salvó de la carestía. “Los leprosos y las viudas, explica Papa Francisco, en aquel tiempo estaban marginados”. Sin embargo, estos dos marginados, acogiendo a los profetas, se salvaron. Sin embargo, los nazarenos no aceptan a Jesús, porque “estaban seguros en su ‘fe’, tan seguros en la observancia de los mandamientos que no necesitaban otra salvación”:
 
“El drama de la obediencia a los mandamientos sin fe: ‘Yo me salvo solo, porque voy a la sinagoga todos los sábados, intento obedecer todos los mandamientos, pero ¡que no venga a decirme este que eran mejores que yo el leproso y la viuda!’. ¡Esos son marginados!. Y Jesús nos dice: ‘Mira, si no te marginas, si no te sientes al margen, no tendrás salvación’. Esta es la humildad, el camino de la humildad: sentirse tan marginados que necesitamos la salvación del Señor. Solo Él salva, no la obediencia a los preceptos. Esto no ha gustado, se enfadaron y querían matarlo”.
 
La misma rabia, comenta el Papa, siente inicialmente también Naamán, porque considera ridículo y humillante la invitación de Eliseo a lavarse siete veces en el río Jordán para ser curado de la lepra. “El Señor le pide un gesto de humildad, de obedecer como un niño, hacer el ridículo”. Se va indignado, pero después, convencido por sus siervos, vuelve y hace lo que le ha pedido el profeta. Este acto de humildad lo cura. “Y este es el mensaje de hoy, de esta tercera semana de Cuaresma, afirma el Papa, si queremos ser salvados, debemos elegir el camino de la humildad”.
 
“María, en su Cántico, no dice que está contenta porque Dios ha mirado su virginidad, su bondad y su dulzura, virtudes que ella tenía, no. Sino que el Señor ha mirado la humildad de su sierva, su pequeñez, la humildad. Y esto es lo que mira el Señor. Debemos aprender esta sabiduría de marginarnos, para que el Señor nos encuentre. No nos encontrará en el centro de nuestras seguridades, no, no. Allí no va el Señor. Nos encontrará en la marginación, en nuestros pecados, en nuestros errores, en nuestra necesidad de ser curados espiritualmente, de ser salvados: allí nos encuentra el Señor.
 
“Este, afirma el Papa, es el camino de la humildad”.
 
“La humildad cristiana no es la virtud de decir: ‘Pero yo no sirvo para nada’ y esconder allí la soberbia, no, ¡no! La humildad cristiana consiste en decir la verdad: ‘Soy pecador, soy pecadora’. Decir la verdad: es esta nuestra verdad. Pero hay otra: Dios nos salva. Pero nos salva allí, cuando nos marginamos; no nos salva en nuestras seguridades. Pidamos la gracia de tener la sabiduría de marginarnos, la gracia de la humildad para recibir la salvación del Señor”.
 

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