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Como nos autoengañamos: las consecuencias de las rupturas en los hijos

Gladskikh Tatiana
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Hay una gran resistencia a reconocer los efectos del divorcio, aunque los datos son insistentes

Una de las características de nuestro tiempo es la desvinculación de las acciones, de sus consecuencias, es decir la pérdida del sentido de la responsabilidad. Hay que decir que esta pérdida obedece a una tendencia muy humana. Pero, pero precisamente por ello, el marco de referencia de nuestra civilización, como un denominador común universal y por ello una expresión de la ley natural, ha forjado la cultura del deber y la responsabilidad como antídoto. La sociedad desvinculada, que se mueve bajo el imperio de la subjetividad de la satisfacción del deseo como hiperbien, rompe con esta tradición cultural y califica a la responsabilidad de “culpabilización". Hoy, en muchos aspectos, apelar a la responsabilidad de los propios actos es “culpabilizar”.
 
Uno de los casos más generalizados es el de las numerosas y crecientes rupturas matrimoniales, que tienen un impacto distinto en la sociedad en función de la existencia de hijos y de su edad. Evidentemente, también la pareja sufre consecuencias negativas. Cito dos efectos para no alargar esta vertiente. El del estrés: la ruptura ocupa una destacada posición en la generación de estrés, por debajo de la muerte de un ser querido y a la par o por encima del paro. La otra consecuencia es la destrucción del capital social generado por la pareja que simplemente desaparece o tiende a cero.
 
En relación a los hijos y si estos se encuentran en edad escolar, las consecuencias estudiadas hasta la saciedad son considerables. Esto no significa ninguna “criminalización” de quien se separa, pero si una reflexión madura sobre la necesidad de procurar reconstruir el vínculo roto, o de buscar la forma menos traumática posible. Pero, si se da la separación, la consecuencia existe y generalmente es importante. Este debería ser el planteamiento usual, el lugar común, la consideración de dominio público, pero en realidad la cultura desvinculada lo plantea en otros términos. A la pregunta ¿tienen consecuencia la separación para los hijos?, la respuesta es: "no… si está bien gestionada, hay consenso en la educación, no hay disputas si la relación con el progenitor es sana". El entrecomillado es debido a que esta es la respuesta de un psicólogo experta en niños con dificultades de aprendizaje.

Pero esto es coger el rábano por las hojas porque las condiciones que se apuntan son la excepción y no la regla. La respuesta correcta es sí, claro, y solo si se dan determinadas condiciones el impacto negativo no existe o es reducido; y estas condiciones son si la ruptura está bien gestionada, etc., etc. Como cada vez hay más personas con hijos que han roto, cada vez es mayor la masa crítica de público objetivo que se resiste a asumir que la ruptura no es buena para sus hijos; y esto más la cultura imperante impide aflorar algo que toda sociedad necesita para proporcionar sentido y buenas respuestas…, felicidad a sus miembros: la responsabilidad.
 
Artículo publicado originalmente por Forum Libertas 

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