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Papa Francisco: No hay que “adueñarse” de la Palabra de Dios

Marcin Mazur/Catholic NewsUK
El Papa Francisco en una audiencia general
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Homilía hoy en la Domus Santa Marta

Para no “matar” en el corazón la Palabra de Dios, hay que ser humildes y capaces de rezar. Dos actitudes que Papa Francisco indicó esta mañana al comentar el Evangelio durante la Misa presidida en Casa Santa Marta.
 
Uno puede adueñarse de la Palabra de Dios y disponer de ella a su conveniencia, si no es humilde y no reza. El punto de partida para subrayar y poner en guardia contra este peligro lo toma el Papa Francisco del Evangelio del día, en el que Jesús narra la parábola de los viñadores homicidas, que primero matan a los siervos y finalmente al hijo del amo de la viña con la intención de adueñarse de la herencia. Escuchan esta parábola fariseos, ancianos y sacerdotes, a los que – explica el Papa – Jesús se dirige para darles a entender “dónde han caído” por no tener “el corazón abierto a la Palabra de Dios”.
 
“¡Este es el drama de esta gente, y también el drama nuestro! Se ha adueñado de la Palabra de Dios. Y la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, una palabra según su interés, sus ideologías, sus teologías … pero a su servicio. Y cada uno la interpreta según su propia voluntad, según su propio interés. Este es el drama de este pueblo. Y para conservar esto, matan. Esto le sucedió a Jesús”.
 
“Los jefes de los sacerdotes y de los fariseos – prosigue el Papa Francisco – comprendieron que hablaba de ellos, cuando escucharon esta parábola de Jesús. Intentaban capturarlo y darle muerte”. De este modo, afirma el Papa, “la Palabra de Dios queda muerta, queda prisionera. El Espíritu Santo está encarcelado en los deseos de cada uno de ellos”. Y es exactamente lo que nos sucede a nosotros, observa el Papa Francisco, “cuando no estamos abiertos a la novedad de la Palabra de Dios, cuando no somos obedientes a la Palabra de Dios”.
 
“Pero, hay una frase que nos da esperanza. La Palabra de Dios muere en el corazón de esta gente; también puede morir en nuestro corazón. Pero no acaba, porque está viva en el corazón de los sencillos, de los humildes, del pueblo de Dios, porque le consideraba un profeta. Esa muchedumbre sencilla – que iba detrás de Jesús, porque lo que Jesús decía les hacía bien al corazón, les calentaba el corazón –esta gente no se equivocaba: no usaba la Palabra de Dios para su propio interés, escuchaba y buscaba ser un poco más buena”.
 
Y nosotros, se pregunta en conclusión el Papa Francisco, “¿qué podemos hacer para no matar la palabra de Dios”, para “ser dóciles, “para no encerrar al Espíritu Santo”? “Dos cosas sencillas”, es su respuesta.
 
“Esta es la actitud de quien quiere escuchar la Palabra de Dios: primero, humildad; segundo, oración. Esta gente no rezaba. No necesitaba rezar. Se sentían seguros, fuertes, se sentían ‘dioses’. Humildad y oración; con la humildad y la oración seguimos adelante para escuchar la Palabra de Dios y obedecerla. En la Iglesia. Humildad y oración en la Iglesia. Y así, no nos sucederá a nosotros lo que le pasó a esta gente: no mataremos para defender la Palabra de Dios, esa Palabra que creemos que es Palabra de Dios, pero que es una palabra totalmente alterada por nosotros”.
 
Artículo publicado por Radio Vaticano 
 
 
 

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