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Juan Pablo II y su legado: La Iglesia aprecia más que nadie la sexualidad

Jessica Wissel
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El teólogo y catequista familiar Ksawery Knotz explica la Teología del cuerpo del papa polaco

Cuando era un sacerdote más, Karol Wojtyla fijó como una de sus prioridades la atención pastoral a parejas de novios y de matrimonios, para explicarles que la propuesta de la Iglesia sobre sexualidad y afectividad no es algo opresor, sino un camino de plenitud. Así comenzó a gestar unas enseñanzas sobre el amor humano como reflejo del amor de Dios, a las que, como Papa, dedicó las catequesis semanales de los cuatro primeros años de su pontificado.

40 años después, el franciscano polaco Ksawery Knotz, doctor en Teología Pastoral, experto en pastoral familiar y autor de numerosos libros y que trabaja con cientos de parejas católicas, explica que la Teología del cuerpo, de Juan Pablo II, es una de las claves de su magisterio, y «un punto de referencia» para la Iglesia del siglo XXI.
 
¿Qué es la Teología del cuerpo, de Juan Pablo II?
 
La Teología del cuerpo es un intento de reorientar el pensamiento de algunos católicos. Un pensamiento que se había formado a través de los siglos, o sin tener en cuenta la espiritualidad del matrimonio, o en culturas que no tienen nada que ver con el Evangelio y que degradaron el cuerpo humano. Ante esto, la interpretación católica del cuerpo que hizo Juan Pablo II es de gran importancia para comprender el amor humano, la sexualidad y la afectividad, y la forma de hablar de ellos en la Iglesia.
 
El biógrafo norteamericano de Juan Pablo II, George Weigel, definió las enseñanzas del Papa en materia de afectividad y sexualidad como «una bomba teológica de efecto retardado». ¿Tan importante es para el magisterio de la Iglesia?
 
Es muy importante, y es un punto de referencia imprescindible para la teología del matrimonio y su espiritualidad. Sin la Teología del cuerpo, y la espiritualidad que implica, no se puede hablar con sentido de la ética sexual. Hay una diferencia clara entre los teólogos que se inspiran en la Teología del cuerpo y los que no la han descubierto, o no la entienden, porque sólo aquellos que se inspiran en ella tienen algo importante que decir.
 
Entonces, ¿cuáles son las enseñanzas más importantes de Juan Pablo II sobre el amor humano?
 
En breves palabras, se puede decir que la historia del mundo comienza con el amor de un hombre y de una mujer. La historia empieza porque Dios le dio al hombre su amor y la capacidad para amar; lo que hace que un ser humano lo sea es que no sólo piensa y decide de manera libre, sino que también ama.

Juan Pablo II se pregunta por la conciencia humana, e intenta, junto con el propio hombre, descubrir lo que es el amor humano: una relación, en la que un hombre y una mujer pueden revelar a Dios. Dios es amor, y por eso es necesario que los hombres aprendan a comprender el amor como un don.

El amor no se puede comprar, como un objeto, sólo se puede tomar de la persona que nos ama, o alegrarnos porque nuestro amor sea aceptado. Juan Pablo II muestra que Cristo enseña a los creyentes este amor, para que puedan vivirlo en su vida.
 
Han pasado más de 30 años desde que el Papa escribió la Exhortación Familiaris consortio. Ahora que se habla de un Sínodo sobre la familia, ¿sigue siendo válida?
 
La Familaris consortio mostró las tareas de la familia cristiana y es un buen documento, que ayudó a profundizar en muchos temas. Ahora nos estamos preparando para un nuevo Sínodo sobre el matrimonio y la familia, porque existe la conciencia de que hay que abordar de nuevo este tema, teniendo en cuenta lo que los teólogos han desarrollado en este tiempo.

Personalmente, veo la necesidad de unir más el sacramento del matrimonio con la misión de la comunidad de la Iglesia. Para mí, sigue siendo un sacramento subestimado e incluso marginado en la vida pública de la Iglesia.

 
¿Por qué fue tan sorprendente que un Papa hablase sobre sexualidad y vida familiar?
 
Las catequesis de la Teología del cuerpo no son especialmente fáciles de leer, y, para que sean conocidas, es necesario comentarlas de diferentes maneras. Muchos se sorprenden al ver cómo un papa habla sobre el cuerpo del hombre y de la mujer, con tanto respeto y belleza.

En el tema de la sexualidad, mucha gente sigue sin comprender que se puede incluir a Dios en la vida íntima. La relación de amor entre un hombre y una mujer, incluido todo lo atractivo de la vida sexual, es el invento de Dios para que el hombre participe en su amor.
 
Algunos creen que la propuesta cristiana, en el amor y la afectividad, es algo imposible de vivir…
 
Sin Dios puede ser imposible, pero con Él, es lo más realista posible. El mayor problema asociado con la ética sexual de la Iglesia no es la misma ética, sino sus interpretaciones erróneas, especialmente aquellas mostradas de forma negativa. Cuando se sabe cómo mostrar en positivo a lo que aspiramos y lo que queremos construir, se pueden conciliar todos los valores del Evangelio con la delicadeza con que la Iglesia trata los problemas humanos relacionados con la sexualidad.

La ética sexual de la Iglesia se concentra en buscar cómo construir un vínculo duradero, que permita vivir la unión feliz y la expresión de respeto por el ser humano, incluyendo su cuerpo y su fertilidad. No son requisitos poco realistas, sino muy necesarios para que la gente se sienta amada.
 
Hay personas no católicas, y también católicos, que creen que la Iglesia ve el cuerpo humano y la sexualidad como enemigos. Sin embargo, Juan Pablo II habla del amor humano como de un camino de santidad…
 
La Iglesia, a través de la enseñanza de los Papas, aprecia la sexualidad más que nadie en el mundo que nos rodea, y cree que la sociedad continuamente la subestima.

El cuerpo expresa la totalidad de la riqueza espiritual del ser humano, lo que significa que la sexualidad está diseñada para representar esta riqueza. No se trata de una relación trivial basada en deseos sexuales superficiales, que se pueden generar y romper casi de inmediato, sino de la relación que permite crear una unión estable y fiel, basada en el amor y en la confianza.

Desde la perspectiva del adicto al sexo que todavía no se ha curado, se odia al cuerpo y la limitación de las parejas sexuales. Él goza del sexo sin restricciones, e incluso se enorgullece de sus éxitos. Hoy domina esta perspectiva, que se presenta como ejemplo de la felicidad y de la libertad, pero su fruto real es siempre un gran desprecio por el propio cuerpo, que se escapa de control.

Hoy no tenemos el problema de gente que tenga miedo del sexo por razones religiosas; sin embargo, sí que nos encontramos con una gran cantidad de personas que no tienen nada en común con el cristianismo, y que tienen miedo de su sexualidad porque saben que puede ser peligrosa para ellos y para las personas de su entorno.
 
Las propuestas de Juan Pablo II, ¿son sólo teorías, o pueden aplicarse en la vida diaria de las familias?
 
Durante años, estudié a fondo la Teología del cuerpo y trabajé las catequesis originales con grupos de matrimonios. Para ellos, no eran temas poco prácticos. Cada semana, entendían mejor lo que decía el Papa y veían que estaba totalmente relacionado con su forma de pensar sobre sí mismos, sobre sus cuerpos, sobre la excitación, sobre la masculinidad o sobre la feminidad… Son temas importantes para ellos, que les enseñan cómo entenderse a sí mismos y cómo tratar su cuerpo.

A pesar de todo, la Teología del cuerpo de Juan Pablo II es mucho más fácil de entender que las obras de Lévinas, Whitehead o Foucault. Simplemente, hay obras que forman el pensamiento, incluso aunque tengan un alto nivel de abstracción, y que son importantes e influyen en la vida humana, a pesar de que la mayoría de la gente no sea consciente de ello.
 
Por José Antonio Méndez

Artículo publicado originalmente por Alfa y Omega 

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