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​Acoso escolar: ¿cuál es su verdadera dimensión? ¿cómo cortarlo?

© Mitch Altman
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El congreso “Poner freno al bullying” aborda la importancia de detectarlo y de la colaboración entre toda la sociedad

Con una reflexión en torno a la difusión de las duras imágenes de una brutal paliza que una chica de 14 años propinó, el pasado 26 de febrero en Sabadell (España), a otra ante la pasividad de un grupo de compañeras, algunas de las cuales lo grabaron con sus teléfonos móviles, empezó el congreso Poner freno al bullying, respetar a las personas, celebrado en Barcelona los pasados 14 y 15 de marzo, que planteó el problema del acoso escolar y ofreció diversas claves para sacarlo a la luz y atajarlo.
 
¿Qué dimensiones tiene en realidad este problema? ¿Cómo influyen en él las redes sociales y las tecnologías de la comunicación? ¿Cualquiera puede sufrir esta violencia o existe un perfil de persona propensa a sufrirla? ¿Existen unas constantes que suelen repetirse en las víctimas y en los agresores? ¿Cómo se detecta el acoso? ¿Es posible acabar con él?… fueron algunas de las cuestiones planteadas por profesores, cineastas, psicólogos, policías, políticos, abogados, periodistas,… durante el congreso.
 
Fuentes policiales indican que el 14% de los alumnos sufre violencia de alguna forma y el 3% violencia grave. Sin embargo, la ley del silencio que impera en estos casos hace que la mayor parte de los casos no se denuncien y que toda estadística esté por debajo de la realidad, según explicó el psiquiatra infantil Paulino Castells, autor del libro sobre bullying Víctimas y verdugos.
 
Heridas físicas, desequilibrios graves e incluso suicidios, tienen su origen en una agresión sistemática a una persona que no se puede defender. “Muchos me llegan a la consulta muy tarde y están muy tocados”, lamentó.
 
Castells advirtió que el ambiente familiar tiene su importancia en el acoso escolar, pero aseguró que “cualquiera puede ser víctima”. Sin embargo, a veces hay características que lo favorecen”, afirmó citando la gordura, deficiencias sensoriales o de otro tipo, el carácter afeminado en un niño, las altas capacidades que pueden hacerle sobresalir y ser tachado de “empollón”,…
 
El psiquiatra identificó un aspecto fundamental en todas las víctimas: su aislamiento. “No tienen amigos, y además el agresor amenaza a quien apoye al agredido, lo cual encierra todavía más a la víctima”.
 
Y añadió que “la típica víctima está aislada, tiene baja popularidad, es débil, tímida, retraída, no destaca en los deportes, es incapaz de defenderse y tiende a culparse de la situación”.
 
Respecto al perfil del agresor, destacó su aislamiento social y que suele ser impulsivo, embustero, tramposo,… y jactarse de la violencia.
 
Para Castells, tanto el agredido como el agresor son víctimas, y en su casa a veces pueden sufrir también algún tipo de maltrato o sobreprotección. “Son como dos bailarines que inician un baile y que pueden cambiar el papel en cualquier momento”, dijo.
 
El psiquiatra ofreció pistas para detectar que un menor sufre acoso: en casa, viendo el material escolar muy destrozado (la bata, los lápices,…) y heridas en lugares no habituales como por ejemplo la espalda; y en el colegio porque el alumno tarde mucho en comerse el bocadillo (para no tener que ir a jugar y encontrarse con su agresor), suela estar cerca del profesor y a menudo en el lavabo, y levante poco la vista del pupitre (para evitar encontrarse con la mirada del agresor).
 
Respecto a la manera de identificar un agresor, Castells sugirió observar si impone su autoridad, si sufre fracaso escolar o cae en problemas como el consumo de drogas.
 
El psiquiatra calificó el acoso escolar como una “epidemia” y afirmó que hoy existe “un plus de maldad y crueldad novedoso, quizás por mimetismo de la violencia que nos envuelve”.

 
Por su parte, la pedagoga Merche Alenza advirtió que si no se frena el acoso escolar, “la sociedad será menos humana, la insensibilidad vivida en la infancia acompañará a las personas toda su vida; que las personas sean empáticas y solidarias es el futuro”.
 
Para Alenza, es importante “identificar los activos que pueden lograr el cambio”, ofrecer a las familias, a los profesores y a la sociedad herramientas, incidir en el contenido con el que nutrimos a los niños (desde el lenguaje hasta los videojuegos) y revisar los valores que tenemos y vivirlos”.
 
El director del congreso Daniel Arasa, destacó la necesidad de una movilización de toda la sociedad para luchar contra el bullying y ofreció algunas conclusiones de las jornadas:
 
 
–       La exposición crónica a la violencia y la tolerancia hacia la conducta agresiva dentro del hogar, facilita la violencia fuera del contexto familiar.
 
–       La sobreprotección familiar dificulta la autonomía de los hijos, esencial para establecer una buena relación con los iguales.
 
–       Los agresores tienen cuatro veces más posibilidades  que el resto de la población de cometer delitos: seis de cada diez acosadores en la escuela se convierten en delincuentes.
 
–       Para poner freno al bullying, se ha de detectar correctamente y movilizar conjuntamente a toda la sociedad. El bullying es una agresión perversa y se ha incrementado con las redes sociales.
 
–       Ayudar a los adolescentes a reconocer los valores que tienen en sí mismos y a respetar a los demás mediante un diálogo constructivo.
 
–       Hacer de las escuelas reductos seguros para las personas en los que colaboren con  fluidez padres y profesores.
 
–       Aunque anteriormente hubo algún precedente, el cine está siendo desde el año 2000 un medio eficaz de denuncia social en el Bullying.
 
–       Los medios de comunicación social han de demostrar sensibilidad a la hora de abordar los casos de bullying para no convertir a los villanos en héroes.
 
–       Las familias que educan en valores y virtudes de respeto y aceptación del otro son determinantes como prevención de los casos de bullying.
 
–       El bullying escolar es una expresión más de la falta de respeto y consideración hacia el débil, que encontramos en otros ámbitos sociales.
 
–       El bullying es un abuso de poder y es claramente tortura. Es una constante que el único que la percibe es la víctima. La violencia silenciosa es más peligrosa.
 
–       Eliminar el bullying es uno de los retos educativos más importantes para el futuro de un país. Los profesores demandan herramientas para frenar el bullying en las aulas.
 
–       El entorno influye mucho. Todos podemos llegar a ser torturadores. Por tanto, todos debemos esforzarnos en respetar las opiniones y diferencias mutuas.
 
–       Es obligación de padres y profesores informar a los alumnos de las consecuencias sociales y legales que estos malos usos comportan.
 
–       Una comunidad sana es el que todos protegen a todos.
 
–   Se ha de pedir perdón siempre que se ofende. Y quien ofende públicamente está obligado moralmente a pedir perdón públicamente.
 
 

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