Recibe Aleteia gratis directamente por email

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

¿Por qué no San Pablo, patrono de las redes sociales?

@DR
Comparte

El nuevo “aerópago” de los tiempos modernos necesita un modelo de evangelización

Para quien tenga interés en conocer los fundamentos de la ciencia filosófica de forma amena, le recomiendo leer “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder. Transcribo a continuación la narración y comentarios de este autor de la presentación de Pablo de Tarso en el Areópago de Atenas, que merece la pena releer aunque ya lo conocemos:

Pablo, mediante sus muchos viajes de misión por todo el mundo grecorromano convirtió el cristianismo en una religión mundial.

Sobre esto podemos leer en los Hechos de los Apóstoles. Por las muchas cartas que Pablo escribió a las primeras comunidades cristianas conocemos su predicación y sus consejos para los cristianos.

Más tarde apareció en Atenas. Fue directamente a la plaza de la capital de la filosofía. Se dice que «estaba escandalizado» de ver la ciudad llena de imágenes paganas. Visitó la sinagoga judía y conversó con algunos filósofos estoicos y epicúreos. Éstos le llevaron al monte del Areópago y le dijeron: « ¿Podemos saber qué doctrina nueva enseñas? Oímos hablar de cosas extrañas y nos gustaría saber de qué se trata».    
    
¿Te lo imaginas, Sofía? Aparece un judío en la plaza de Atenas para hablar de un salvador que fue crucificado y que luego resucitó. Ya en esta visita de Pablo a Atenas intuimos el fuerte choque entre la filosofía griega y la doctrina cristiana sobre la salvación. Pero al parecer consigue hablar con los atenienses. De pie en el monte del Areópago, es decir, bajo los grandiosos templos de la Acrópolis, pronunció el siguiente discurso:

– ¡Atenienses! – empezó –. Por todo, veo que sois muy religiosos. Al recorrer vuestra ciudad y contemplar vuestros santuarios, me he encontrado un altar con esta inscripción: «A un Dios desconocido». Pues bien, lo que veneráis sin conocer, eso es lo que yo os vengo a anunciar. El Dios que creó el mundo y todo lo que hay en él, el que reina sobre el cielo y la tierra, no vive en templos levantados por las manos de los hombres. Tampoco tiene necesidad de nada de lo que las manos de los hombres le puedan ofrecer, pues es él el que da la vida, el aliento y todas las cosas a los hombres. Permitió que todos los pueblos, que proceden de un solo hombre, habitasen por toda la tierra, determinando los tiempos y los límites de su morada, para que buscaran a Dios, para que pudieran sentirle y encontrarle. Porque él no está lejos de ninguno de nosotros. Porque en él vivimos, en él nos movemos y existimos, como alguno de vuestros poetas ha dicho también: «Porque somos de su estirpe». Precisamente porque somos de la estirpe de Dios no debemos pensar que la  divinidad se parece a una imagen de oro o plata o piedra, hecha por el arte o el pensamiento de los hombres. Dios ha tolerado estos tiempos de ignorancia, pero ahora ordena a todos los hombres, estén donde estén, que den la vuelta. Porque él ha fijado ya un día en el que juzgará al mundo con justicia y para esto ha elegido a un hombre. Lo ha acreditado ante todos al resucitarle de entre los muertos.

Pablo en Atenas, Sofía. Estamos hablando de cómo el cristianismo comienza a infiltrarse en el mundo grecorromano como algo distinto, como algo muy diferente a la filosofía epicúrea, estoica o neoplatónica. No obstante, Pablo encuentra al fin y al cabo una base en esta cultura. Señala que la búsqueda de Dios es algo inherente al género humano. Esto no representaba nada nuevo para los griegos. Lo nuevo de la predicación de Pablo es que Dios se ha revelado ante los hombres e ido a su encuentro. No es pues solamente un «dios filosófico» al que los hombres pueden intentar alcanzar con su mente. Tampoco se parece a «una imagen de oro o plata o piedra»; de esa clase de dioses había de sobra arriba en la Acrópolis y abajo en la gran plaza. Pero Dios «no habita en templos levantados por manos humanas». Es un Dios personal que interviene en la Historia y que muere en la cruz por culpa de los hombres.
En los Hechos de los Apóstoles se dice que después del discurso de Pablo en el Areópago, había gente que se burlaba de él por lo que había dicho sobre la resurrección de Jesús de entre los muertos. Pero algunos entre el público también dijeron: «Nos gustaría oírte hablar más sobre eso en otra ocasión». Algunos se unieron a Pablo y comenzaron a creer en el cristianismo. Uno de ellos era una mujer, Damaris, hecho que hay que tener en cuenta, pues hubo muchas mujeres que se convirtieron al cristianismo.

Y Pablo continuó sus actividades misioneras
Poco tiempo después de la muerte de Jesús ya había comunidades cristianasen todas las ciudades importantes griegas y romanas, tales como Atenas, Roma, Alejandría, Éfeso y Corinto. En el transcurso de trescientos o cuatrocientos años todo el mundo helenístico se había cristianizado.

Sorprendente la actualidad del discurso de San Pablo que podría ser la presentación de su web, si la tuviera.

Pues bien, Og Mandino, escritor y editor actual (fallecido en 1996)  uno de los grandes maestros de los vendedores, y experto en autoayuda, con una venta de sus libros por encima de cincuentas millones de ejemplares,  escribió su encantador cuento “El vendedor más grande del mundo” en el que enseña cuál debe ser la actitud, el espíritu, de los vendedores. Al final del cuento, Saulo de Tarso recibe la antorcha del relevo del anterior vendedor más  grande del mundo. Conociendo la vida de San Pablo y después de releer  su intervención en el Areópago, no es de extrañar que el gurú de las ventas Og Mandino, le conceda ese extraordinario título a Saulo de Tarso.

Si San Pablo estuviera presente en el actual Areópago de las redes sociales, su mensaje tendría plena actualidad; en el Areópago se reunían los filósofos y pensadores buscando la verdad, igual que en  Aleteia. Quizá deberíamos nombrarle nuestro Patrono.

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.