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“Espiritual, pero no religioso”: la nueva aburrida moda de los artistas

Jive Records
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¿Dónde habías oído eso antes? Porque todos dicen lo mismo

"Yo no soy una persona religiosa, pero sé que las energías espirituales transcienden a la religión. Y esto es algo que he intentado incorporar en mi música".
 
Cuando leí esta confesión del cantante folk Noah Gundersen, me di cuenta, en seguida, que ya había oído antes esas palabras. Casi literalmente. ¿Pero dónde?
 
No tardé mucho en darme cuenta de una respuesta sorprendente: ¡ahora, en todas partes! He oído este “testimonio” de “mentes espiritualmente abiertas” por doquier. El “movimiento” de los “Espirituales-Pero-No-Religiosos” (o EMNR) enfatiza el amor, la emoción y la creencia en un “poder mayor” que está por encima de las iglesias, de los dogmas y de cualquier concepción religiosa específica sobre Dios. El EMNR llegó y se convirtió en lo nuevo normal (antes incluso de saber cómo llamarlo).
 
Veamos sólo unas declaraciones de algunas de las estrellas internacionales de la música actual:
 
Ariana Grande:
"Yo siempre fui un poco de todo en cuanto al asunto de la religión… Nadie lo sabe, pero yo también medito todos los días y hago obras de energización. Me gusta todo".
 
Lady Gaga:
"Yo soy espiritual… No existe ninguna religión que no odie o no condene a algún tipo de personas, y yo creo totalmente en puro amor y perdón, sin excluir a nadie".
 
Justin Timberlake:
"Yo creo que el término adecuado para mí sería más espiritual que religioso".
 
Demi Lovato:
"Yo no soy muy religiosa, pero sí MUY espiritual y por supuesto creo en Dios ".
 
Macklemore:
"Yo nunca fui una persona religiosa. Soy una persona espiritual desde los 15, 16 años, cuando conocí la psilocibina".
 
Rihanna:
"Todos mis tatuajes son espirituales y muestran lo que yo siento en relación con la religión. Tengo un halcón, que es un halcón egipcio, que representa a Dios".
 
Beyoncé:
"Tengo más afinidad con la fe y con la espiritualidad que con la religión. Hacer el bien y no juzgar ".
 
Drake:
"Yo no soy una persona religiosa… Es una cosa más personal. No importa la religión. Yo hablo, solo. Necesito alguien con quien hablar ".
 
Jay Z:
"Si la gente quiere saber cuál es mi creencia religiosa, yo creo en un Dios. No creo en la religión".
 
Katy Perry:
"Mi educación fue muy rigurosa, protectora y rígida. Ahora es mucho más flexible… Yo tengo mucha cosa espiritual, New Age, que aplico a mi vida".
 
Mac Miller:
"Yo aprendí mucho sobre religión y siempre estuve más que apasionado por ella… Respecto a mis opiniones personales, creo que existe algo allí arriba, pero no creo que nadie sepa lo que es ".
 
Pink:
"Yo soy una persona muy espiritual. [La espiritualidad] es como si fuera mi mantita de bebé en la vida. Pero yo no creo en una religión organizada. ¿Cómo es posible que un grupo pueda tener razón y el resto del mundo estar equivocado?".
 
Entiendes, ¿verdad?
 
Bien, para mí, a estas alturas, sería casi una bocanada de aire fresco oír a algún ateo existencialista proclamando: "Yo no soy religioso y creo que Dios es una ilusión, que el libre albedrío es una ilusión y que este universo donde fuimos arrojados es un carnaval absurdo de basura, de horror y de muerte!" (¡Oh, hable más, brillante ateo!).
 
Sin embargo, el “EMNR” parece ser, cada vez más, la visión del mundo de los cantantes, raperos y otros artistas. Evita la hegemonía del dogmatismo y la insensibilidad del materialismo; no sabe decir exactamente lo que es la verdad, pero tampoco rechaza la noción de trascendencia: hay algo "allí arriba" que fundamenta mi "aquí abajo". En suma, se parece mucho más al alardeado "camino del medio" entre el nuevo ateísmo y las religiones antiguas.
 
Aparentemente, la llamada generación del milenio concuerda con esa visión del  EMNR. El USA Today relató en 2010 que 72% dos “millennials” se consideran "más espirituales que religiosos". El Centro de Investigación Pew divulgó, el año pasado, que el número de personas que no siguen ninguna religión en particular, pero tampoco se identifican como ateas ni como agnósticas, continua creciendo rápidamente en todo el mundo.
 
Pero ese “camino del medio” ¿puede ser algo bueno?
 
En su libro “Bad Religion”, el columnista Ross Douthat, del New York Times, argumenta convincentemente que una "espiritualidad del Dios interior" no es nada más que una herejía de tipo gnóstico, en un caldero que mezcla "ministerios sin denominación, devociones espirituales-pero-no-religiosas y herejías antiguas reinventadas en forma de autoayuda". Y prosigue: “La religión del ‘Dios interior’ tiende a parasitar otras formas más dogmáticas de fe, que crean y alimentan las prácticas que los ‘espirituales self-service’ van picoteando en porciones aquí y allá… La amplitud de la religión del ‘Dios interior’ es una superficialización, ya que los verdaderos descubrimientos espirituales requieren un estrechamiento: la decisión de escoger un camino y de permanecer en él, en vez de mariposear aquí y allí buscando una síntesis que sea “buena para mí”.
 
Otros observadores culturales de diversas orientaciones comentan parecidas. Lillian Daniel, en el Huffington Post, llama al “EMNR” de “moda”, diciendo que el verdadero crecimiento y conciencia espiritual debe tener lugar en el contexto de una comunidad. Alan Miller, humanista laico, va más lejos y dice que el “EMNR” es el “peor de los mundos posibles”: “Tiene poca capacidad de transformación. No hay nada que apunte a un proyecto capaz de inspirarnos o transformarnos”. El rabino David Wolpe concuerda: "Espiritualidad es emoción. Religión es compromiso. La espiritualidad aquieta; la religión moviliza".
 
Pero sea el “EMNR” prejudicial o de ayuda, el problema principal es que no pasa de ser una filosofía autodirigida, sin las verificaciones saludables y el equilibrio proporcionado por la comunidad y por la tradición. El padre James Martin dice: "La religión puede ofrecer un medio de contrarrestar mi tendencia a creerme el centro del universo, a pensar que tengo todas las respuestas, y que sé más que todo el mundo sobre Dios y que Dios habla más claramente a través de mí".
 
La crítica más devastadora del egocentrismo del “EMNR” viene de David Bentley Hart en su ensayo "Cristo y la Nada", que vincula espiritualidades nebulosas a una corriente histórica más amplia de la voluntad del poder:
 
"La banalidad de este tipo de devoción, su falta de dogma y de disciplina, su tendencia a encontrar divinidades ya no en claros o grutas, sino en tiendas de regalos, deja claro que esto no es una vuelta al politeísmo precristiano. Es una religión completamente moderna, cuyos dioses burlescos no suscitan ni una reverencia, ni temor, ni amor, ni creencia; no pasan de ser máscaras usadas por esa misma espontaneidad de la voluntad, que es el demiurgo que gobierna sus idas y venidas ".
 
Está claro que nada de esto sugiere que la religión sin espiritualidad, sin búsqueda y sin dudas, sea la respuesta correcta, ni que cualquier religión antigua sea válida. El padre Martin observa: "La religión sin espiritualidad se convierte en una lista seca de afirmaciones dogmáticas divorciadas de la vida del espíritu. Además, Jesús nos advirtió contra eso. Y la espiritualidad sin religión puede convertirse en una complacencia egocéntrica divorciada de la sabiduría de la comunidad".
 
En otras palabras, religión sin espiritualidad es un callejón tan sin salida como la espiritualidad sin religión. Religión viene del latín "ligación"; espiritualidad viene del latín "respiración"; ¿acaso no necesitamos de las dos para vivir?
 
Sea el “EMNR” sostenible o no, una cosa parece clara: si las tendencias actuales siguen y el testimonio de nuestros formadores de opinión siguen inclinándose hacia las religiones tradicionales, el “EMNR” se volverá en seguida, o tal vez lo sea ya, la nueva “moda desfasada”.
 
Y en medio de tantos “millennials” rebeldes, una religión milenaria puede ser justamente el camino seguro a seguir.
 
 
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