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Lo que un domador de gatos me enseñó sobre el amor al pecador

Jeffrey Bruno

Cari Donaldson - publicado el 14/03/14

“Odiar al pecado y no al pecador” es la gran cuestión, la paradoja que a la gente le cuesta tanto entender

Creo que la razón por la cual muchas discusiones terminan mal, tales como las discusiones sobre el sexo, el aborto, la política, las abducciones por extraterrestres, es porque el concepto de pecado como objeto de odio, y no el pecador, se entiende muy mal. Y, hay que admitirlo: muchas veces tampoco se practica mucho. 

En casa vemos muchos programas de mascotas. No es suficiente con vivir en un zoológico – los niños insisten en rodearse de animales incluso cuando se entretienen. Uno de nuestros favoritos es el poco elegante, y acertadamente llamado “Mi gato del Infierno”. El presentador, Jackson Galaxy, parece una caricatura “guay” del mundo. Es calvo, irónicamente, con lentes, y usa camisa bolera retro que no intenta para nada ocultar unos brazos completamente tatuados. Su maletín es un estuche de guitarra, y su coche un Cadillac rosa. Sería más fácil dar por imposible a este hombre cuyo empleo lleva el nombre de “reeducador de gatos” y que se refiere a los humanos como “guardianes de gatos”, o como “dementes”. Pero si lo ves de cerca, comienzas a darte cuenta de algunas cosas interesantes.

El programa es predecible: los dueños del gato (o guardianes) tienen un gato que es especialmente horrible: arisco, arañador, se orina, ruidoso… prácticamente lo más inaceptable dentro del espectro del comportamiento felino. El humano hace una vehemente súplica a Galaxy, insistiendo que si no puede ayudarlos, el gato va a ser “reubicado” (un término políticamente correcto para decir “devuelto”). Galaxy aparece en su coche clásico, deja su estuche de guitarra en la mesita de café, y escucha los detalles de la aflicción de los humanos.

Mientras escucha a la gente, no hay rastro de molestia en sus ojos. Incluso después de ver un par de episodios, el espectador ya sabe exactamente qué es lo que va a decir (“limpia la caja de arena más a menudo” y “juega con tu gato” y “dale a tu gato algo donde trepar, y dejará en paz tus cortinas”), nunca hay ningún rastro de exasperación en los ojos de Galaxy. Las recomendaciones siempre son las mismas, pero para él cada situación, la historia de cada persona, es diferente y valiosa. A pesar de años y años de experiencia trabajando con gatos, Galaxy nunca deja de ser condescendiente con los dueños, o deja de tener en cuenta sus dificultades. Tienes la sensación de que el enfoque positivo entre humanos y felinos es genuino.

Existe una generosidad de espíritu que Galaxy posee que es verdaderamente interesante observar. Incluso cuando se enfrenta con humanos que tienen comportamientos realmente repugnantes para él (por ejemplo, con el uso de collares de choque en gatos, o con mantener gatos encerrados en un apartamento para criar camada tras camada de gatitos no deseados), existe un intento por ver a la persona desde una luz positiva. “Se que esto viene por la frustración, y quiero ayudar a acabar con esas frustraciones”, dijo en respuesta a una pareja que usaba collares de choque con su gato. Desde este punto de partida, ha podido tener discusiones abiertas con los dueños, diciéndoles de manera franca que esterilizar y castrar son opciones viables, pero que los collares de choque no se deberían usar y, de este modo, logra no romper las líneas de comunicación.

Es aquí donde te das cuenta que estás viendo una lección laica de cómo odiar el pecado pero amar al pecador. Este moderno “Cat Daddy” muestra algo verdaderamente similar a Cristo en sus acciones, y podemos aprender mucho de ello. Aunque la gente rápidamente señalaría, correctamente además, que existe una diferencia infinita entre las correctas relaciones entre humanos y gatos y correcta relación entre humanos y Dios, sería un error menospreciar el ejemplo de Galaxy, que se reduce a algunas sencillas tácticas:

  1. Escucha a la gente. Escucha realmente sus historias, y no las historias que tú piensas que tiene. Incluso si sabes que la solución a sus problemas recae en la relación con Cristo, no significa que puedas evitar este paso. Escucha a la gente con todo tu corazón.

  1. Se generoso y breve cuando busques razones para el comportamiento de la gente. Muy a menudo nos obsesionamos con encontrar el “por qué” de las elecciones de la gente – quizá si nosotros descubrimos por qué hicieron algo, podremos entender cómo detenerlos si lo hicieran otra vez. Este falso sentido de control a menudo nos engaña y nos hace perder el tiempo y energía, yendo a un laberinto sin salida que finalmente termina en ninguna parte. Asume lo mejor de la gente, y sigue adelante al siguiente punto que es:

  1. Siempre recuerda el objetivo final. La misión de Jackson Galaxy es ayudar a los humanos y gatos a vivir armoniosamente unos con otros. Cualquier otra cosa fuera de lograr este objetivo es superfluo. Para nosotros, discípulos de Cristo, nuestro objetivo es así de sencillo: dar gloria a Dios y ganar almas para el cielo. Con cada persona que nos topamos, tenemos la oportunidad de glorificar a Dios a través del encuentro. Y ya que no somos hombres de espectáculo como Galaxy, sino más bien de una Iglesia Universal, sabemos que no estamos solamente plantando semillas o cosechando frutos – también estamos despertando semillas inactivas que fueron plantadas en otro tiempo y otro lugar.


Obviamente, esta no es una cura mágica que, si se pone en práctica, causará que el mundo acepte feliz y universalmente la corrección y abandone el pecado. A la gente le sigue sin gustar que le digan que hace cosas que dañan su relación con Dios. Pero estas lecciones sobre los gatos nos pueden ayudar a odiar el pecado, haciendo de modo que claramente mostremos nuestro amor por el pecador.

Tags:
pecado
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