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Venezuela: no hay paz sin diálogo

© Evan Bench
El Espíritu Santo viene si lo llamas. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35).
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Así que el diálogo es mucho más que el ejercicio de soportar el discurso del adversario y aplaudir con alegría las ideas afines

La paz es mucho más que la ausencia de conflictos o el reajuste de fuerzas en tensión. Erróneamente la paz se asocia con la desarticulación de los grupos que exigen la reivindicación de sus derechos, pero la paz implica una dimensión mucho más global y profunda; ella compromete a toda la sociedad en general y alcanza todos sus niveles y actividades. Su finalidad es recrear y regenerar la capacidad de vincularnos como ciudadanos en el mutuo reconocimiento y en la construcción del bien común.

En el año 2002 Juan Pablo II recordaba: «La honestidad en dar informaciones, la imparcialidad de los sistemas jurídicos y la transparencia de los procedimientos democráticos dan a los ciudadanos el sentido de seguridad, la disponibilidad para resolver las controversias con medios pacíficos y la voluntad de acuerdo leal y constructivo que constituyen las verdaderas premisas de una paz duradera». Sin esta seguridad ciudadana, a la cual el Papa hacía referencia, es imposible construir un clima de confianza en el marco de un proceso de paz justo y sólido.

Sin duda, una herramienta imprescindible para alcanzar la paz es el diálogo. En 1982, el mismo Juan Pablo II aportaba algunos elementos que deben prevalecer para que este diálogo sea real y efectivo. Lo primero que debe predominar es el afán por la «búsqueda por lo verdadero, lo bueno y lo justo para todo hombre», así se presente este como adverso a nuestras ideas o posiciones políticas. Tal actitud permite reconocer al otro en su aporte al bien común y en la construcción de una historia compartida. Esa búsqueda debe conducir a despertar la capacidad de «aceptar la especificidad y la diferencia» de cada sujeto o grupo social evitando convertirlo en objeto de desprecio. Este diálogo debe estar siempre precedido por una «voluntad obstinada» en evitar fomentar la división y el odio en toda forma de negociación, mediación y arbitraje.

Así que el diálogo es mucho más que el ejercicio de soportar el discurso del adversario y aplaudir con alegría las ideas afines. El mayor obstáculo para el diálogo será siempre «la pretensión de ser uno mismo y solo él el patrón para medir la justicia». Un verdadero diálogo conlleva la búsqueda común de una verdad que «no permite desesperar al adversario… o más aún no desesperar a las víctimas de la injusticia».

Todo diálogo en el horizonte de la paz debe propiciar y garantizar la esperanza de que los justos reclamos serán oídos y formalmente atendidos. La paz requiere del diálogo pero también de la capacidad de convencer, no por medio de la violencia o la manipulación de la verdad, sino a través de actos concretos. En el caso venezolano es preciso que se muestren la imparcialidad del Estado respecto al libre y plural uso de la información y la independencia de sus instituciones en pro de un proceso democrático que restituya la confianza ciudadana y ayude en la construcción del bien común.
 
Dr. Félix Palazzi
Doctor en Teología Dogmática
fpalazzi@ucab.edu.ve
@felixpalazzi

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