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Migración: cambiar de la cultura del rechazo por la cultura del encuentro

Laura Elizabeth Pohl/Bread for the World
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Cerca de 100 mil habitantes del Estado de Tlaxcala (México) trabajan del otro lado de la frontera

Una carta emitida por el obispo de Tlaxcala, monseñor Francisco Moreno Barrón, ha tocado la llaga de la migración que sufre su diócesis y, al mismo tiempo, México entero, así como los países de Centro América.
 
Tlaxcala es uno de los más pequeños estados mexicanos y, sin embargo, como en el resto del país, diez por ciento de su población, unas 100 mil personas, se encuentran laborando en Estados Unidos, porque en su país no tuvieron las oportunidades de hacerlo de forma digna y bien remunerada.
 
El obispo Moreno Barrón afirma que la migración constituye un problema cada vez más complejo desde el punto de vista social, cultural, político, religioso, económico y pastoral.
 
Morir un poco
 
“Sólo quien lo ha vivido en carne propia, podrá dar testimonio del profundo sentimiento de pérdida e inseguridad que acarrea la emigración”, escribe en su comunicado el purpurado mexicano.
 
Dejar casa, familia, amigos y posesiones, por pequeñas que sean, hace que se parta de la patria con dolor, pues, como dice un viejo proverbio español: “partir es morir un poco”, continuó señalando el obispo de Tlaxcala
 
México es un país de tránsito, destino y origen de personas que emigran. Miles de personas, en su gran mayoría centroamericanas,  llegan a México con el propósito de encontrar mejores oportunidades de desarrollo para ellas y sus familias.
 
Otras más, provenientes de todos los rincones del mundo, atraviesan el territorio mexicano como un puente hacia Estados Unidos y aún hacia Canadá. 
 
“Es sumamente vergonzoso reconocer que en nuestra frontera sur y en los pasos obligados de tránsito territorial hacia Estados Unidos, entre ellos Tlaxcala, los derechos humanos de los migrantes que viajan en el tren llamado La Bestia, son violentados, porque son víctimas de abuso de todo tipo y padecen asaltos, violaciones y secuestros, mientras ellos nos solicitan alimento, vestido, seguridad y ante todo un trato digno”, denunció el obispo Moreno Barrón.
 
Ciertamente, también, muchos migrantes mexicanos sufren la misma violencia en su intento por cruzar la frontera norte, como durante su estancia en los Estados unidos.
 
“Todo esto, está provocando efectos que necesitamos atender pastoral y socialmente, sobre todo familias desintegradas con problemáticas muy diversas y complejas”, aclaró el obispo de Tlaxcala.
 
Para él, el actual fenómeno migratorio es un “signo de los tiempos” muy importante, “un desafío que debemos atender si aspiramos a la construcción de una humanidad renovada en la justicia y en la paz verdaderas”.
 
Más adelante destacó que el magisterio de la Iglesia ha insistido en la urgencia de una política que garantice a todos los emigrantes la seguridad del derecho, “evitando cuidadosamente toda posible discriminación”.
 
Una pastoral activa

 
El pueblo de Tlaxcala –por donde pasa La Bestia, el cada vez más célebre tren que conduce a los migrantes hacia la frontera norte de México– tiene en la migración “una oportunidad para mostrar sus valores y comportamientos tradicionales que lo distinguen, como la hospitalidad, la solidaridad y el compartir”, dijo el obispo Moreno Barrón.
 
Recordó que la Pastoral del Migrante en la diócesis de Tlaxcala tiene una casa que se llama “La Sagrada Familia”, ubicada atrás de la capilla de Cristo Rey en la colonia ferrocarrilera de Apizaco, donde en tres años se han atendido a más de 17 mil 500 migrantes con hospedaje, comida, ropa, medicina, algunos talleres, asesoría jurídica y orientaciones para su viaje hacia el norte.
 
“Se necesita por parte de todos un cambio de actitud hacia los inmigrantes y los refugiados, el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o marginación – que, al final, corresponde a la cultura del rechazo – a una actitud que ponga como fundamento la cultura del encuentro, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor”, dijo monseñor Moreno Barrón.
 
El texto del obispo de Tlaxcala terminó diciendo que un signo de esperanza es que los jóvenes de esa diócesis están comenzando a tener encuentros con los migrantes y como esos jóvenes, “todos podemos mostrar un gesto de disposición, cercanía y respuesta a las necesidades de los migrantes que vamos encontrando en los caminos de la vida”.
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