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¿Puede un científico ateo creer en milagros?

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La BBC publica el testimonio de la investigadora atea cuyo “testigo ciego” permitió proclamar santa a Margarita de Youville

“A través del microscopio vi una célula letal de leucemia y decidí que la paciente a la que pertenecía debía estar muerta”. Así empieza el testimonio de Jackie Duffin, la doctora canadiense que sirvió de “testigo ciego” en el proceso para la canonización de santa Margarita de Youville, publicado esta semana por la BBC.
 
 “El que esa paciente esté viva 30 años después de su encuentro con leucemia mielocítica aguda es algo que yo no puedo explicar. Pero ella sí”, afirma la hematóloga.
 
En 1986, Duffin examinó unas muestras de médula ósea sin conocer su procedencia ni la razón de la investigación: la comprobación, por parte del Vaticano, de un milagro atribuido a la fundadora de las Hermanas de la Caridad de Montreal.
 
A través de esa revisión, Duffin vio que la paciente se había sometido a quimioterapia, había entrado en remisión, luego había recaído, había habido más tratamientos y un segundo período de remisión.
 
“El Vaticano ya había rechazado que este caso constituyera un milagro; sus expertos sostenían que la paciente no había tenido una primera remisión y una recaída sino que una segunda ronda de tratamiento produjo la única remisión –se explica en el reportaje-. Esta aparentemente sutil distinción era crucial. Hablamos de la posibilidad médica de curar en la primera remisión pero no después de una recaída.
 
“Yo nunca había oído hablar del proceso de canonización y no podía creer que la decisión requeriría tal deliberación científica”, recuerda la profesora de Historia de medicina de la Queen’s University.
 
“Por pura curiosidad, leí la biografía de d’Youville: nació cerca de Montreal y estableció un hogar para los pobres y discapacitados, un hospicio, una cocina pública y una orden de monjas que fundaron escuelas en todo el mundo –continúa-
Su vida ciertamente parecía ejemplar”.
 
Un tiempo después, Duffin prestó testimonio sobre su informe ante el tribunal eclesiástico, ante el que también testificaron el doctor y la paciente, que explicó
cómo había apelado a d’Youville durante su recaída.
 
“Finalmente, nos enteramos de la excitante noticia: d’Youville iba a ser canonizada por el papa Juan Pablo II el 9 de diciembre de 1990”, relata.
 
“Las monjas que habían estado promoviendo su causa me invitaron a la ceremonia.
Al principio, vacilé. No quería ofenderlas. Soy atea y mi esposo es judío.
No obstante, querían incluirnos a ambos y no podíamos negarnos el privilegio de presenciar el reconocimiento de la primera santa de nuestro país”, prosigue.
 
Durante la ceremonia, celebrada en la Basílica de San Pedro, la científica conoció al papa Juan Pablo II: “Fue un momento inolvidable”, asegura.
 
En Roma, los postulantes canadienses me regalaron una copia de la Positio, el testimonio completo del milagro de Ottawa, que entre informes, transcripciones de testimonios y artículos, incluía su propios informe: “un libro que alteró mi vida completamente”.
 
“La historiadora que hay en mí se preguntó cuáles habían sido los otros milagros que habían sido usados para canonizaciones en el pasado –confiesa-.
¿Eran también curas? ¿Cuáles enfermedades curaron? ¿Estaba la ciencia médica tan involucrada en el pasado como en la actualidad? ¿Qué dijeron los doctores que sirvieron de testigos?”.
 
Durante veinte años, esta científica ha estudiado a fondo esas cuestiones, con muchos viajes a los archivos del Vaticano incluidos, y ha publicado
dos libros sobre medicina y religión, Milagros médicos y Santos médicos.
 
En Milagros médicos, Duffin analiza 1.400 milagros usados en procesos de canonización en el curso de 400 años, y en Santos médicos, habla del milagro de santa Margarita de Youville, así como el caso de los santos Cosme y Damián, unos doctores gemelos que mataron en el año 300.
 
“La investigación que hice volvió a sacar a la luz historias dramáticas de recuperación y valentía –afirma-. Reveló notables paralelos entre la medicina y la religión en términos de razonamiento y propósito y mostró que la Iglesia no ha esquivado a la ciencia en sus deliberaciones sobre lo milagroso”.
 
Y concluye: “Aunque sigo siendo atea, creo en milagros, esas cosas maravillosas que pasan para las que no encontramos explicación científica”.
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