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¿Por qué san Valentín es el patrón de los enamorados?

P.M WYSOCKI / LUMIÈRE DU MONDE
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Su culto como tal nació en la Edad Media

1. El origen del culto de san Valentín como patrono de los enamorados hunde sus raíces en varias leyendas nacidas inmediatamente después de la cristianización de la fiesta pagana de los Lupercalia. 

La fiesta de san Valentín, mártir y obispo de Terni entre el año 199 y el 273, se relaciona con la antigua festividad romana de los Lupercalia, que se celebraba el 15 de febrero en honor del dios Fauno, como protector de los rebaños, y que estaba ligada a la purificación de los campos y a los ritos de fecundidad.

Por su carácter licencioso, la fiesta fue suprimida por el papa Gelasio I en el 494, quien reprochaba a los cristianos el hecho de participar en esa fiesta.

La Iglesia, entonces, en el intento de dar una patina cristiana a esos ritos tan arraigados en la población, decidió anticiparla al 14 de febrero, atribuyendo al mártir de Terni la capacidad de proteger a los novios y a los enamorados en camino al matrimonio y a una unión bendecida con hijos.

La noticia más antigua sobre el culto a san Valentín de Terni (región italiana de Umbria) la recoge el Martirologio Jeronimiano, una especie de calendario de la Iglesia universal atribuido a san Jerónimo y compilado probablemente entre los años 431 y 450.

Actualmente, el 14 de febrero se celebra ya en todo el mundo el “Día de san Valentín”, pero en realidad en el nuevo calendario litúrgico, ese día se celebra a los santos Cirilo y Metodio, los hermanos monjes originarios de Tesalónica (actual Salónica, Grecia), que a principios del siglo IX, evangelizaron a los pueblos eslavos, y a quienes Juan Pablo II proclamó patronos de Europa.

2. La fiesta de san Valentín como la conocemos hoy no tiene un origen religioso sino que es una herencia anglosajona que se remonta a la Edad Media.

Desde la Alta Edad Media, el culto religioso reservado a san Valentín fue difundido especialmente por los benedictinos, primeros custodios de la Basílica de Terni que existía ya desde mediados del siglo VIII, los cuales difundieron imágenes y gestos sobre él en los diversos monasterios italianos, hasta llegar a Francia e Inglaterra.

En muchos países, sin embargo, surgió al mismo tiempo la tradición de un patronato sobre los enamorados debido a una coincidencia de calendario. La fiesta cae de hecho en un periodo del año en el que la naturaleza empieza a dar los primeros signos de despertar después del letargo invernal.

Por tanto, se transformó poco a poco en el anunciador de la primavera inminente, cuando los pájaros comenzaban a nidificar, y no por casualidad se le ha representando a veces con el sol en la mano.

Un filón de la crítica literaria atribuye la responsabilidad de la difusión de este patronato al poeta inglés Geoffrey Chaucer. The Parliament of Fowls, un poema alegórico compuesto por él presumiblemente durante su estancia en Italia entre 1372 y 1380, está considerado por los expertos uno de los primeros testimonios literarios en los que san Valentín es llamado a velar sobre el despertar del amor.

En él, la celebración se relaciona con el noviazgo de Ricardo II de Inglaterra y Ana de Bohemia.

3. Al principio se le veneraba solamente como el patrón de los epilépticos, de los niños enfermos y animales domésticos.

Antes del florecimiento de las numerosas leyendas que hicieron del él el símbolo de los enamorados, san Valentín, como lo demuestra el prototipo iconográfico que se extiende sobre todo por el norte de Italia, era venerado como patrono de los epilépticos.

Esto sobre la base de un texto, la Vita Sancti Valentini, compuesto hacia el 725, en el que se relata la curación milagrosa de Cheremone, el hijo de un maestro de retórica latina de nombre Cratón que enseñaba en Roma, y que a raíz de ello decidió hacerse bautizar junto con su familia, incurriendo así en las iras de los paganos, que llevaron finalmente a la decapitación de Valentín.

Aún hoy, en el Véneto, el patrón de Terni es invocado en los casos de epilepsia, por los enfermos psíquicos y los niños.

Es particular la devoción que se le tiene en Bussolengo y en Monselice, en cuya iglesia de san Jorge se veneran las reliquias del santo procedentes de Roma.

Entre los aspectos curiosos de este lugar, está uno, retomado de una leyenda, de la llave bendecida que los padres entregan el 14 de febrero a sus hijos en signo de protección contra la epilepsia. Las llaves deberían permitir a los niños también abrir las puertas del Paraíso.

También en el sur de Italia, se conservan huellas de devoción al santo: en Vico del Gargano existe la tradición de donar grandes cantidades de naranjas para adornar la iglesia y la capilla de san Valentín, patrono de los cítricos.

En otros países, la devoción a san Valentín no es menos sentida. Pero además de patrón de los epilépticos, su culto está difundido en casi todos los países, como en Francia, donde existe la costumbre de invocarlo también por parte de los apicultores.

Siempre gracias a los benedictinos, el culto de san Valentín cruzó las fronteras de Italia, penetrando también en Alemania, donde se fundió con el culto de otro santo del mismo nombre, patrono de la diócesis de Passau, obispo de Rezia (Lorch), documentado en el siglo VI y cuya fiesta es el 7 de enero.

También se le pide intercesión contra la epilepsia y como protector de los animales domésticos.

El culto del santo penetró finalmente en la Iglesia oriental, tanto que aún hoy en la catedral de Cristo Salvador de Moscú se venera un icono suyo en caracteres cirílicos.

4. Entre las leyendas que hicieron de él el santo de los enamorados está la de la “rosa de la reconciliación”, y la referida a la unión entre la joven cristiana Serapia y el centurión romano Sabino.

Se cuenta que un día Valentín, oyendo discutir a dos novios que estaban pasano junto a su jardín, salió a su encuentro llevando como regalo una rosa roja, e invitándoles a hacer las paces. Las palabras tuvieron la fuerza de serenar a la pareja y, transcurrido algún tiempo, los novios volvieron donde Valentín pidiéndole su bendición para la boda y prometiéndose amor eterno.

Cuando la población supo del hecho, comenzó la costumbre de regalarse rosas entre los enamorados y de dirigirse a Valentín para pedir su protección.

En Terni se cuenta, finalmente, la historia de amor de una doncella cristiana de nombre Serapia y del centurión pagano Sabino. Cuando ambos consiguieron finalmente vencer las resistencias de los padres de ella gracias al bautismo de Sabino y a la fe de la joven, ésta había ya enfermado de tuberculosis, y Valentín decidió dirigirse adonde agonizaba la joven.

Serapia tenía junto a sí a Sabino, deseoso de poder permanecer siempre con ella. Aquella voluntad inquebrantable fue escuchada y, con la intercesión del santo, los dos enamorados, abrazados entre sí, cayeron en un sueño que los unió por la eternidad.

 

Con la colaboración de Giuseppe Cassio, director del volumen “San Valentino” (ediciones Velar, 2011 Italia)

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