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Supliquemos la unión

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Dividimos desde el orgullo y el amor propio, desde el deseo de poder y la desconfianza

Cuando permanecemos unidos, cuando actuamos juntos, iluminamos más, damos más sabor a la vida. Nos potenciamos porque solos no podemos. La vida suele ser así, caminamos juntos hacia el cielo.
 
A veces uno iluminará mi camino, y otras veces seré yo quien lo haga. Es el misterio de la vida. Juntos damos más luz e iluminamos más. Juntos damos más sabor a la vida, porque un grano de sal es muy pequeño y no es suficiente para sacar todo el sabor.
 
Es nuestra esencia. Compartimos una misma misión y somos solidarios los unos con los otros. Formamos parte de una misma familia. Gracias a nuestra unidad, cuando uno no pueda caminar, será el otro quien lo sostenga.
 
Así miraba Jesús a los que le escuchaban atentos. Así nos mira a nosotros. Les animó a mirarse unos a otros, les dio una misión común. Eran todos distintos como nosotros.
 
Hace unas semanas rezamos por la unidad de los cristianos. A veces uno piensa que ya estamos unidos, pero no es así. La gran tentación del hombre es la división. Dividimos desde el orgullo y el amor propio, desde el deseo de poder y la desconfianza.
 
La unidad no está tan presente entre los cristianos, ni siquiera en nuestra misma Iglesia católica. Es un don, una misión, un deseo.
 
Decía el Papa Francisco en su Exhortación: « ¡Cuántas guerras por envidias y celos, también entre cristianos! La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica. El mundo está lacerado por las guerras y la violencia, o herido por un difuso individualismo que divide a los seres humanos y los enfrenta unos contra otros en pos del propio bienestar. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis. ¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos».
 
La unidad es un don que hay que suplicar en cada oración. Un don para ser fieles a la misión común que tenemos entre los hombres.

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