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La enfermedad como oportunidad para el crecimiento personal

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Hoy es la Jornada Mundial del enfermo

¿Qué nos diferencia del modo de enfermar de los animales? Fundamentalmente, que el ser humano es capaz de interpretar la enfermedad y darle un sentido. Entra en acción la resiliencia, el vivirlo como una oportunidad para resurgir y una herramienta preciosa para los profesionales sanitarios.
 
La enfermedad ha acompañado al ser humano a lo largo de la historia de la humanidad y siempre ha tenido una connotación negativa, por el deterioro orgánico que se produce y, a entendimiento de los clásicos, también moral (enfermo que deriva del vocablo latino infirmus) y que ha sido el fundamento de la actitud paternalista de los sanitarios hacia el enfermo.

Si pudiéramos hacer una abstracción mental y no fijarnos en enfermedades nominales podríamos ver que la enfermedad tiene distintas facetas y presentaciones, por lo que se podrían distinguir tres grandes grupos de enfermedades de pronóstico diferente: agudas no mortales, crónicas y mortales de evolución corta o larga.
 
Habitualmente las enfermedades agudas dejan poca huella en el individuo, la recuperación es prácticamente completa y la vivencia no suele dejar secuelas psíquicas en la persona, si bien es cierto que, en función de la gravedad, puede suponer un proceso de catarsis, de cambio interno, que lleve a modificar los posibles factores desencadenantes o de riesgo para la enfermedad. De esta experiencia surgen propósitos vitales que en no pocas ocasiones duran poco tiempo.

Soy humano: frágil y vulnerable

Los otros dos grandes grupos de enfermedad sí que suponen un cambio y una adaptación de la persona, puesto que la persona tiene que convivir con la dolencia y tiene que aprender a convivir con ella. Supone un recordatorio permanente de la frágil condición humana y la vulnerabilidad que nos es inherente.

Frente a la enfermedad se reconocen dos tipos de reacciones, que son las que se dan a nivel biológico frente a situaciones de peligro: la parálisis y la hiperactividad. Así podemos encontrarnos personas que se quedan "paralizados" ante la enfermedad y otras muestran una actividad extraordinaria frente a la misma. Lo que nos puede llevar a entender cómo se ha producido antropológicamente el enfrentamiento ante la misma y cómo incluso ante enfermedades muy graves o incapacitantes se ha producido una reacción que ha permitido no solo la supervivencia sino la superación y el crecimiento personal ante estas situaciones.

Los famosos, también a prueba

A lo largo de la historia tenemos personajes que han sido capaces de ser creativos a pesar de padecer enfermedades incapacitantes, que no han sucumbido ante las mismas, como Julio César, que padecía epilepsia, o la ceguera de Homero, o de Juan Sebastián Bach, o el gran científico Stephen Hawking que padece esclerosis lateral amiotrófica; el malogrado actor Christopher Reeve, parapléjico tras un accidente de equitación, o la cantante Luz Casal, que tuvo un cáncer de mama. Ante estos ejemplos la pregunta que surge es qué lleva a la persona enferma a luchar, a intentar sobreponerse a la misma o incluso sacar algo positivo y creativo mientras se padece. Indudablemente hay instinto de supervivencia (similar al del resto de los seres biológicos), que se manifiesta en mecanismos de lucha activa y que se mantiene en función inversa al deterioro global que presenta el sujeto.

Pero este instinto de supervivencia no explica las otras reacciones de crecimiento ante la adversidad. Ante estos ejemplos algunos investigadores han intentado encontrar las causas que hacen que un individuo sea autónomo, autorregulado y con estrategias analíticas para resolver problemas, es decir, con lo que hoy se denomina "plasticidadbiológica y psicosocial", y otros sean un mero testigo de su autodestrucción. Estudios que solo se han llevado a cabo en los últimos años del pasado siglo pretenden aprovechar este caudal para poder llevar una relación más humanizadora y potenciadora de la persona. A esta capacidad de resistir y crecer antes las adversidades se conoce como resiliencia.

De la física a la vida diaria

Este concepto de resiliencia procede de la física de materiales, de manera que se dice que un material es resiliente cuando es capaz de absorber los impactos y retomar sus características originales. En términos teóricos y generales, los seres humanos, al sufrir estrés, ponemos en juego nuestro equilibrio interno (homeostasis), generando así un mecanismo que nos hace crecer y madurar. De este modo nos volvemos resilientes para adaptarnos a cambios internos sin desorganizarnos.
Como recoge el doctor Atilio Costa: Si extrapolamos el concepto de resiliencia a nuestras vidas diarias, podríamos decir que es la capacidad innata o adquirida para evitar que situaciones amenazantes deterioren nuestro funcionamiento biopsicosocial; sería algo así como confrontar y salir fortalecido, aunque no se haya vencido. Lo que nos convierte en actores y no en meros observadores pasivos. Para otros supone la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas. Supone un proceso dinámico que tiene por resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad.

 


El reto del sanitario: conocer al enfermo

Esta capacidad se está trabajando de manera más firme en la esfera psicológica de la persona para poder aprovechar todo el caudal de superación que lleva cada persona. Para los sanitarios supone una exigencia si se pretende que nuestra relación supere la esfera biológica/organicista abarcando la totalidad de la persona. Es lo que se entiende como un acercamiento holístico al enfermo. ¿Cómo puede el profesional sanitario fomentar actitudes resilientes en los enfermos? Los profesionales sanitarios podemos ser elementos que faciliten ese crecimiento personal si somos capaces de conocer los recursos psicológicos de las personas. Es decir, no solo conocer la enfermedad sino también al enfermo.
 
A los profesionales nos exige mostrar empatía con el enfermo, para poder penetrar en su interior y permitir que afloren sus recursos. No es una negación de la realidad (enfermedad) ni una sublimación, sino un proceso activo y dinámico de búsqueda conjunta. Nos exige proporcionar la información que es precisa para conocer el propio proceso de enfermedad, para poder reconocer las manifestaciones que se pueden presentar para poder superarlas. Proceso que lleva a una participación activa, como explicita Gardiner:

Se trata más bien de ver al ser humano "en resiliencia", como la persona que entra en una dinámica en la que recursos personales y sociales se manifiestan interactuando de tal manera que constituyen una conjunción de posibilidades que producen respuestas asertivas y satisfactorias, que permiten no sólo la solución de conflictos sino también el desarrollo y potenciación de otras posibilidades en las que se incluye, como aspecto fundamental, la comunicación interpersonal, la interacción e intercambio de recursos (capacidades, habilidades, valores, convicciones, significados) que constituyen, a su vez, el bagaje de conocimientos prácticos con que la personas y comunidades de éxito enfrentan su realidad.

El paciente reforzado

En palabras de la doctora Pagliarulo, los aspectos resilientes favorecen la búsqueda de soluciones a las enfermedades y que dependen de las siguientes características que presenta el paciente resiliente:

1. Puede realizar una evaluación objetiva de la realidad, no se engaña, la acepta tal como es; en este caso a los médicos les cabe una gran responsabilidad: utilizar la mejor actitud estratégica para informar y acompañar al paciente para que, sin evadirse, refuerce su capital resiliente.

2. Un segundo momento, de suma importancia, es el proceso en que el paciente tiene que construir un nuevo significado de la realidad que le toca vivir, que es adversa. Deberá encontrarle sentido a su situación pática, para poder crear puentes hacia el futuro, lo más sólidos posibles como para pensar en positivo, sostenerse en que la resolución del problema será satisfactoria.

3. Con la ayuda de lo que posee, o cuenta, el paciente recurrirá a la creatividad, que podrá manifestarse de diferentes maneras: sublimando, recurriendo a la religiosidad, volcándose a una acción solidaria, ocupándose en actividades artísticas/lúdicas, etcétera, para poder vivir el presente reelaborando las posibilidades del futuro y aceptando con humor, confianza, aceptación existencial, en la medida que le sea posible.

Niños oncológicos
 
Se han realizado algunas experiencias en este sentido, como la llevada a cabo en la Casa de la Amistad para niños con cáncer, de México, en la que se ha adoptado el enfoque teórico de la resiliencia encuadrado en el programa RIO, "Resiliencia Infantil Oncológica", con la participación de la Universidad Nacional Autónoma de México, con lo que se pretende promover en los pacientes y en las familias factores como el sentido de la vida, comunicación, creatividad, fomento de redes psicoafectivas, etc. Pero también es necesario reconocer que frente a cada enfermedad crónica o invalidante letal son diferentes los mecanismos de reacción. En el caso de la enfermedad oncológica, pasa por establecer las estrategias psicoterapéuticas útiles que mejoren la calidad de vida.

Es preciso aprender a reconocer las características resilientes en todo ser humano para modificar el modelo de acercamiento "patogénico" a un modelo "salutogénico". Lo que supone que el enfermo reconozca la realidad que le toca vivir y busca y afirma lo que posee para el afrontamiento del problema en sí mismo, en la familia, en el equipo médico.

Conclusión

Como conclusión podemos decir que, en nuestro lenguaje de humanizar, podría suponer aprovechar los mecanismos de la relación de ayuda para alcanzar estos propósitos. No podemos olvidar que el conocimiento de la enfermedad y de los mecanismos resilientes de las personas pueden suponer la carta de navegación que nos permitirá conocer las rutas y los caminos por los que transitamos para poder servir, desde una actitud empática, a fomentar el crecimiento y la realización personal a pesar del deterioro que a todos los niveles supone la enfermedad grave, crónica, o incapacitante, o letal.
 
Artículo escrito en la Revista Humanizar por Francisco Javier Rivas Flores, Médico y bioeticista.
 
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