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Jérôme Kerviel : «Soy el monstruo creado y vomitado por las finanzas”

AFP PHOTO FRANCOIS GUILLOT

FRANCE, Paris : French rogue trader Jerome Kerviel is surrounded by journalists as he arrives on July 4, 2013 in Paris, at the Prudhommes court (judicial system of relations between workers and employees) flanked by his lawyer David Koubbi ( ). Kerviel lost last year his appeal against a three-year jail term and a 4.9-billion-euro fine for his part in France's biggest rogue-trading scandal. The 35-year-old was convicted of forgery and breach of trust for gambling away nearly five billion euros ($6.3-billion) in risky deals as a star trader at Societe Generale, one of Europe's biggest banks. AFP PHOTO FRANCOIS GUILLOT

Aleteia Team - publicado el 10/02/14

Entrevista con el trader que provocó el escándalo financiero más grande de la historia

Por Jesús Colina e Yvon Bertorello

El nombre de Jérôme Kerviel está ligado al escándalo financieromás grande de la historia. Cuando trabajaba como joven trader para uno de los bancos más grandes de Europa, la Société Générale, en enero 2008, sus inversiones provocaron en poco tiempo la pérdida de casi 5 mil millones de euros. Un auténtico terremoto que hizo temblar los mercados en todos los continentes.

Francés de 37 años, Kerviel, que no era más que un empleado, ha sido condenado a asumir una deuda por el mismo valor de las pérdidas que generó, y 5 años de prisión (3 de ellos en firme).

Cuando faltan pocos días para su último juicio definitivo ante la Justicia francesa, el hombre más endeudado de la humanidad, acepta sus culpas y parece querer hacer las paces con su conciencia. Al mismo tiempo, comparte con los lectores de Aleteia.org las lecciones que el mundo todavía parece no querer sacar de la crisis financiera.

Y, en este contexto, presenta al Papa Francisco como la autoridad moral a la que debe mirar el mundo para salir de la crisis ética que ha engendrado la burbuja financiera.

– ¿Por qué ha aceptado hablar hoy, poco antes de su último recurso de casación?

Porque mi nombre se ha convertido en sinónimo de lo peor que ha podido engendrar el mundo de las finanzas. Se me ha infligido una condena sin precedentes de más de 5 mil millones de euros. Nadie antes de mí había tenido que soportar semejante condena, semejante castigo.

Esta condena se apoya en dos mentiras: una, que la Société Générale desconocía que yo había tomado en los mercados especulativos posiciones de 50.000 millones de euros. De este modo me han presentado como el inventor de este “sistema”, cuando un año antes del estallido de este escándalo, un empleado del mismo banco se suicidó, tras haber aplicado este mismo sistema que nuestros superiores nos enseñaron y en el que fuimos formados. Yo deseo hablar porque, más allá de la justicia y de mi propia suerte, quiero dar cuenta de las pruebas que se me imponen, esperando que todo esto no haya sido en vano.

– Más allá del dinero, de su deuda…, ¿qué más le ha costado el “caso Kerviel”?

Me ha costado lo que ahora soy. Me he convertido en lo que el banco hizo de mí: primero un buen soldado, sin gran profundidad, después una especie de culpable encerrado en sí mismo. Yo soy tímido y reservado, mi amigo y abogado se ríe diciendo que es porque soy bretón, y los bretones son taciturnos.

Tengo la ventaja de ser un culpable ideal, porque hablo poco y el tono de mi voz es bajo. Esto ha sido interpretado durante mucho tiempo como una forma de desprecio y arrogancia, pero es todo lo contrario. En cada etapa judicial, he tenido miedo y me he visto superado. No sé lo que me pasará mañana y esto me agota literalmente. Estoy luchando por lavar el nombre de mi familia: soy presentado como el responsable de la crisis financiera de 2008.

Ya lo he dicho en alguna ocasión: yo soy el monstruo creado y vomitado por las finanzas. Mi padre murió orgulloso de mi “trayectoria” antes de que sucediera todo y aunque me duele su ausencia, me alivia que no asistiera a todo lo que vino después. Mi madre cayó gravemente enferma después de estallar el escándalo, y no sobrevivirá a mi encarcelamiento. Yo no quiero que muera diciendo que ensucié nuestro apellido.

– ¿Tiene aún confianza en la justicia?

Se ha decidido que yo debería ser el "chivo expiatorio" en este caso. Hace ya seis años que lucho para demostrar mi inocencia. Mi encarcelamiento injusto puede ser inminente. Este caso se ha convertido, a pesar de mí mismo, en un tema social que va más allá del ser humano que soy. Pero los errores judiciales que afectan a cada parte de mi caso han acabado por hacerme perder la confianza en la justicia humana.

– ¿Está dispuesto hoy a reconocer con franqueza que se equivocó?

Yo me equivoqué en lo que me pareció y se me presentó como una realización absoluta. Yo me equivoqué al participar en este sistema. Tengo que confesar que si yo no me encontrara en el centro de este asunto, no estoy seguro de que hubiera tenido la perspectiva necesaria para tomar conciencia de lo que estaba haciendo y medir el impacto de mis acciones. Yo hice lo que el banco me enseñó a hacer y no he robado a nadie.

– ¿Pero usted reconoce una responsabilidad personal en este caso?

Hay dos interrogantes en su pregunta. Es totalmente indiscutible que el sistema financiero, falsamente regulado en todo el mundo, está en el origen de las sucesivas crisis que han tenido graves consecuencias para la mayor parte de las mujeres y hombres del planeta. Este sistema, tal y como existe hoy, será la causa de su propio hundimiento, si los gobernantes de este mundo no aceptan asumir esta cuestión.

Pero ¿soy culpable de lo que se me acusa, es decir, de haber especulado sin que mi sociedad lo supiera? La respuesta es absolutamente no. Yo reitero lo que ya he dicho: mis superiores conocían mis actividades de trading día a día y todo iba bien mientras mis operaciones hicieran ganar dinero al banco. Por otro lado, que yo sepa, no existen en ningún sitio del mundo casos en los que un sistema financiero haya denunciado las actuaciones de un operador, mientras él estuviera haciéndole ganar dinero. Es un sistema de una gran hipocresía, un  sistema en el que yo he participado activamente.

Por otro lado, nunca he intentado sustraerme a mi propia responsabilidad personal: sí, desde la mesa de mi despacho, he especulado contra varias empresas provocando así consecuencias sobre sus empleados. He especulado contra las divisas contribuyendo a debilitarlas. Sí, he especulado también haciendo ganar mucho dinero a mi empresa, en varias crisis financieras y políticas. Es esto lo que me enseñaron. Sí, en resumen, he participado en lo peor que tienen las finanzas, en lo que tienen de más vergonzoso y malsano. Lo que nosotros hacíamos se nos presentaba como una “actividad normal y útil”, cuando en realidad era radicalmente lo contrario.

– En pocas palabras, ¿cómo describiría el funcionamiento de las finanzas especulativas?

El sistema se nutre de catástrofes y desgracias, pues todo es un pretexto para especular y hacer dinero, sin haber construido nada a cambio. Compréndame bien, la especulación no crea nada. Pongamos un ejemplo claro de la perversidad del sistema especulativo: los días de más beneficio para los bancos son aquellos en los que se producen grandes catástrofes: atentados, tsunami, declaraciones de guerra…

– ¿Qué lección no hemos aprendido aún de la crisis financiera?

No se acometerá ninguna reforma profunda y concertada mientras los políticos de todos los países no denuncien los efectos perversos y devastadores de las finanzas. Si me permite un paralelismo, las consecuencias de las finanzas son tratadas con la misma ligereza que el cambio climático: todo el mundo comprende que corremos hacia la catástrofe pero no son capaces de movilizar la energía suficiente que permita un cambio colectivo y reformas profundas.

– Después de seis años de lucha, ¿se siente dispuesto a afrontar la prisión?

No, nadie que sea inocente de lo que se le acusa puede aceptarlo. El sistema financiero siempre preferirá un solo culpable antes que un “mea culpa” colectivo. Este es mi caso, pero no estoy dispuesto a aceptarlo.

A nivel personal, mi vida ha quedado sacudida por este caso y ha causado un tremendo e injusto dolor a mis seres queridos, empezando por mi madre, que afronta con valor la enfermedad. Este caso habrá causado dolor a muchas personas honradas que trabajan en la Société Générale y que están en contacto con los clientes. Pero debo subrayar que buen número de estos empleados me han hecho llegar un apoyo reconfortante.

– Usted habla de honradez y de ética. ¿Quién, según usted, encarna hoy este mensaje y estos valores?

El Papa Francisco representa para mí una figura —LA figura— moral de honradez y de rectitud. Sus declaraciones comprometidas me recuerdan la educación y los valores que me fueron inculcados por mis padres, y de los que sin duda nunca debí alejarme. Con sus acciones y actuaciones concretas, es evidente que el Papa coloca al hombre en el centro de su discurso y de su acción.

En mi opinión, la condena por parte del Papa de las consecuencias de las finanzas internacionales, el cierre de más de 900 cuentas bancarias presentadas por la prensa como muy dudosas, constituyen un acto fundamental, de valor absoluto y de claridad en el camino que debe emprenderse para mejorar la vida de las personas.

Lo que yo no comprendía entonces pero sí ahora es que las consecuencias de las finanzas benefician a muy pocas personas, pero dañan gravemente la vida de la mayoría. Es extraño para mí decir esto, porque admito que mi fe es frágil, y que ésta ha quedado tocada en gran parte por la injusticia de este caso. Al mismo tiempo, tengo fe en este hombre y en su determinación. Para mí es la imagen de un faro que muestra un camino, la única forma de moralizar el sistema y de acabar con la insoportable relegación de la persona al segundo lugar.

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