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Ley del aborto: Algo está cambiando en Europa

© P.RAZZO/CIRIC
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Habla monseñor Juan Antonio Reig Pla, participante en la marcha por la vida de París

La movilización en Francia en defensa de la vida y del matrimonio es un signo más de que «algo está cambiando en Europa» y de que «empieza a haber una reacción de las conciencias ante el aplastamiento que supone la cultura de la muerte». Recién llegado de la Marcha por la vida, en París, el obispo de Alcalá de Henares y Presidente de la Subcomisión episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida subraya que los católicos deben insistir en esa línea. «La defensa de la vida humana es un signo de los tiempos que hay que anunciar proféticamente», escribe en este artículo
 
Acabo de volver de París y he podido comprobar con mis ojos la multitudinaria Marcha por la vida organizada por distintos grupos franceses. En esta marcha se han escuchado diversas voces alentando la iniciativa del Gobierno de España con su propuesta de reforma de la Ley del aborto. Resulta curioso que la Francia laica esté ahora mismo continuamente expresando con estudios serios y con manifestaciones en la calle su deseo de defender la dignidad de la vida humana y de que se respete el matrimonio entre un hombre y una mujer como una institución básica para el bien común. Llama a su vez la atención el carácter plural e interreligioso de quienes acuden a las manifestaciones o levantan su voz a través de libros y escritos.
 
Todo ello expresa que algo está cambiando en Europa y que empieza a haber una reacción de las conciencias ante el aplastamiento que supone la cultura de la muerte. Lo mismo podríamos encontrar en otros países: Polonia, Hungría, etc. Por otra parte, la sentencia del Tribunal de Justicia Europeo a favor de la vida humana en estado embrionario (Luxemburgo, Gran Sala del Tribunal de Justicia Europeo, 18-10-2011, sentencia del caso C 34/10), o la resolución del Consejo de Europa en contra de la eutanasia y a favor de la vida (Estrasburgo, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, en sesión de 25-01-2012, aprobó la resolución 1859/2012), también son expresión de cierto retroceso de la cultura de la muerte. Hay indicios de una mayor sensibilidad por la vida (por ejemplo, la campaña Uno de nosotros) y ya son muchas voces las que se oponen a una Educación sexual que propicia los mal llamados nuevos derechos sexuales y al inexistente derecho al aborto.
 
No basta con abolir un poco
 
Sin embargo, en España resulta patético el engañoso recurso a la Europa del aborto y la falta de argumentos ante la imperiosa necesidad de proteger el derecho a nacer del concebido no nacido. Por una parte, se invoca como un mantra el derecho a decidir por parte de la mujer. Pero, ¿qué se quiere decidir?, ¿matar a su hijo? Esto, aparte de una incongruencia y un engaño, es lo más opuesto al carácter femenino, que, por vocación, está abierto a acoger el don de la vida y a custodiarlo con amor de madre. Quienes vociferan reclamando para la mujer el derecho al aborto no le prestan ningún favor, sino que la conducen a ser otra víctima provocando una herida profunda en su alma.
 
Por otra parte, si se compara la abolición de la esclavitud con el aborto hay que sacar todas las consecuencias. No es posible contentarse con abolir un poco la esclavitud, hay que acabar con ella. Lo mismo pasa con el aborto. La libertad y la vida son bienes indivisibles y por ello lo coherente es abolir las leyes que permiten la muerte de seres inocentes e indefensos.
 
Yo no dudo que la defensa de la vida humana es un signo de los tiempos que hay que anunciar proféticamente. El futuro no pasa por la muerte de los niños, sino por la promoción de la mujer y de la maternidad, por la mayor presencia del padre y su responsabilidad. El futuro viene de la mano de matrimonios que viven con gozo un amor fiel y una apertura gozosa al don de la maternidad y paternidad. La luz que se ha encendido en Francia y que puede prender en España y en toda Europa es una luz que disipa las sombras de la cultura de la muerte.
 
Una gran oportunidad para España

 
Con estas afirmaciones no quiero desconocer los problemas que puedan plantearse a las mujeres que se sienten tentadas a abortar. Pero los problemas no se solucionan provocando otros problemas mayores: la muerte de un inocente y la herida profunda en el alma de la madre. La verdadera solución pasa por aceptar que la libertad es un dinamismo inteligente y que está necesariamente vinculada a la verdad y al bien. La libertad utilizada para el mal es la corrupción de la libertad.
 
Lo justo es vivir la sexualidad de manera responsable; lo justo es el derecho a nacer y el derecho a ser madre y padre con responsabilidad. Para eso se organiza la sociedad y a ello nos encamina el bien común.
 
España, como en otros tiempos gloriosos, tiene la oportunidad de encabezar en Europa la gran marcha hacia el respeto de la vida humana naciente. Si ganamos otras batallas difíciles, esta batalla también la hemos de ganar. Se lo merecen los niños y las madres.

Por Juan Antonio Reig Pla. Artículo publicado originalmente por Alfa y Omega

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