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La persecución religiosa: Holocausto de los tiempos modernos

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Si la libertad religiosa no se respeta, tampoco se respetarán los demás derechos

Desde el Edicto de Milán a la imposición de la Sharia, gravita una verdad elemental: mientras la libertad religiosa no sea una realidad (universalmente reconocida o vigente) la humanidad no gozará jamás, plenamente, del resto de los derechos.
 
El  martirio de los primeros cristianos, ejemplificado por la degollación de Santa Margarita durante la persecución de Diocleciano -pasando por los desafueros de las Cruzadas, la Inquisición, las Guerras de Religión y las masacres en el siglo XX- hasta los espeluznantes casos actuales de torturas y asesinatos  contra los cristianos, muestran al mundo que el creyente no se resigna a entregar su fe y que la verdadera catacumba es la morada de quienes le temen a una idea clara: lo inaceptable de la confusión entre poder político y convicción religiosa.
 
En momentos en que el mundo convierte en derechos la menor –y a veces hasta descabellada- aspiración y los defiende a capa y espada en nombre de la libertad de escoger, se produce la más cruenta opresión religiosa de la modernidad.
 
También la sangrienta persecución de los cristianos por parte del Imperio romano sorprendió en su momento pues parecía contradecir su habitual política tolerante. Si bien las religiones del tiempo se identificaban generalmente con los diversos pueblos y no era raro acoger en el propio Panteón  religioso dioses de otros pueblos, los cristianos, por su parte, rechazaban  tajantemente toda tentación de amalgama.
 
No estaban dispuestos a ofrecer sacrificios al emperador auto-proclamado Dios. Cristo era el único Señor, con lo cual el cristianismo mostraba lúcida conciencia de ser una religión no nacional ni politeísta,  sino universal y monoteísta, de fe en una Revelación histórica.
 
Hoy, la violencia contra los cristianos en Siria y en algunos países africanos y asiáticos,  es una de las peores persecuciones del tercer milenio. Un joven cristiano acaba de ser asesinado y decapitado por los yihadistas. Niños acusados de “blasfemia” sin tener siquiera uso de razón. Pero el cristianismo parece crecer en medio de la adversidad: el mayor registro en incremento de conversiones procede de esas zonas del mundo.
 
¿Cuál  fue la razón por la cual creció en el imponente imperio romano?. Porque no se trataba de una estrategia, impensable en un grupo reducido, sin pasado ni perspectivas de dominio futuro, sino de propugnar una religión  testigo de amor al “próximo”,  formada por miembros que se convertían personalmente, cuestionando o  sacrificando toda clase de lazos familiares, sociales y culturales.
 
Se sentían romanos, amaban a su patria y respetaban a las autoridades  como “poder establecido” (S. Pablo), pero eran conscientes de que no se les podía exigir – y no aceptaban – nada que fuese contra su conciencia. Por ello reclamaban protección para  sus derechos como comunidad y, progresivamente, para los de la persona.
 
Mientras los discursos circulen vacíos de los grandes temas éticos, comenzando por el  del respeto incondicional a la plena dignidad humana de todos, estaremos ante  uno de los más degradantes escenarios de intolerancia desde los sangrientos primeros siglos. El fundamentalismo seguiría trazando el mapa de las antiguas zonas de más aguda represión.
 
Seguiremos viviendo en Palestina, Macedonia, Alejandría, Efeso o Tarso.  Y el horrendo espectáculo de cientos de cadáveres calcinados en Borno, a causa de los atentados de Boko Haram bombardeando iglesias repletas, recordará el martirio de Esteban o el Coliseo y sus demenciales espectáculos. Para los que se interesan por los significados, “Boko Haram”, en idioma hausa, traduce "la educación occidental es pecado”.

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