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Comulgar en la mano no es un sacrilegio

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A vueltas con un texto de San Juan Crisóstomo sobre la comunión en la mano

A pesar de que grupos o personas bien intencionadas no son partidarias de la recepción de la Sagrada Comunión en la mano, la consideración de este gesto como una herejía o un sacrilegio es falso, como ya aclaraba el padre Julio en un artículo publicado el año pasado, y que invitamos a leer a nuestros lectores. 

Sin embargo, la polémica continúa. Un lector de Aleteia nos mandaba la siguiente pregunta a través de Facebook: "Explíquenme eso teológicamente… yo no logro entender… san Juan Crisóstomo decía en el siglo IV: No tiene sentido que el sacerdote se purifique las manos que van a tocar al Señor, y el que comulga, o sea, el pueblo, con las manos sin lavar recibiéndola…". Por ello, ofrecemos esta segunda respuesta de nuestro experto

Me pregunta por el siguiente texto del Crisóstomo: No tiene sentido que el sacerdote se purifique las manos que van a tocar al Señor, y el que comulga, o sea el pueblo, con las manos sin lavar recibiéndola… . Supongo que lo que no logra entender es lo que con frecuencia pasa hoy en día, cuando se recibe al Señor en la mano, y que se permita a pesar de palabras tan autorizadas.
 
La verdad es que cuando vi la pregunta me pareció un poco extraño el texto: la redacción no es muy buena, y la aclaración “o sea el pueblo” sonaba a una glosa añadida al texto original. Pero también me resultaba algo extraño el texto mismo: no era una cuestión debatida en el tiempo y lugar de Juan Crisóstomo.
 
Y no es de extrañar, porque no es un texto literal de San Juan Crisóstomo. El texto original, que forma parte de una homilía, es el siguiente: No tiene sentido purificar con cuidado las manos que pueden tocar al Señor, dejando manchada el alma que recibirá totalmente el Cuerpo del Señor. El que comulga debe tener las manos lavadas y el corazón purificado.

Como puede verse, no se trata solamente de que haya algunas diferencias en el texto, ni siquiera de que el énfasis se ponga en las disposiciones interiores más que en las exteriores, sino de que Crisóstomo está dando por supuesto que se recibe al Señor en la mano. Así era, y así sigue siendo en el llamado rito melquita o griego (sea católico u ortodoxo), que se remonta precisamente a San Juan Crisóstomo. Hay que tener en cuenta que en él se consagra pan fermentado, no ácimo, por lo que lo empleado no son pequeñas formas que facilitan la administración de la comunión en la boca, sino unos pequeños bollitos de pan cuya administración en la boca resultaría difícil. En cualquier caso, dentro de ese rito no existe ningún debate al respecto. 
 
Recibir la comunión en la mano o en la boca no es propiamente un problema teológico: ninguna de las dos opciones afecta a la doctrina eucarística. Es una cuestión de conveniencia. Personalmente –y siempre en el ámbito del rito latino-, me parece mejor distribuirla en la boca. Pero no hay que convertir la cuestión en un problema teológico, porque no lo es, ni mezclar en ello a San Juan Crisóstomo. Lo que éste decía es que hay que recibir al Señor dignamente tanto en lo exterior como sobre todo en lo interior, y, dando por supuesto que se recibía la comunión en la mano, que lo digno para el sacramento es que esas manos estuvieran bien lavadas. Es difícil, por no decir imposible, estar en desacuerdo con él.  

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