Aleteia

Elogio de la ternura

© DR
Comparte

La ternura nos permite descubrir que Dios ha sembrado en nuestro interior algo que nos hace originales y fecundos, y entendernos con el lenguaje del corazón

Me pregunto a menudo de qué tenemos hoy más necesidad. Nos desconcierta que no se pueda avanzar cuando hay problemas urgentes que no pueden aplazar más posibles soluciones. Si sólo utilizamos argumentos ideológicos vemos que estos nos mantienen anclados en esquemas fijos que impiden admitir que el otro pueda tener parte de razón. Entonces el diálogo es cada vez más difícil y la relación entre las personas se hace áspera. ¿De qué tenemos hoy más necesidad?
 
Cuando constantemente se vive con la tensión propia de quien no encuentra espacio para respirar o el vivir queda reducido a un ir haciendo cada día sin mayor relevancia, cuando no sabemos llenar de contenido humano y espiritual las horas que invertimos en tiempos vacíos, es bueno que sepamos poner una clave de lectura a los acontecimientos que vivimos y a las palabras que pronunciamos a lo largo del día. Debemos tener la humildad de dejarnos sorprender.
 
Tiene que haber una llave que nos haga darnos cuenta de que detrás de todo eso hay una persona humana con un corazón de carne, capaz de amar. Por eso en el fondo de todo lo que hacemos y decimos siempre está la posibilidad y también el deber de descubrir las múltiples capacidades de las que disponemos para ser buenos y hacer el bien.
 
Hoy, sobre todo, tenemos necesidad de ternura. Esa que llevamos dentro y que tantas veces mantenemos oculta para no parecernos a lo que nos avergüenza demostrar que somos, o quizás nos domina la pereza porque nos resulta más cómodo y no nos compromete a nada. La ternura nos hace descubrir desde la fe que Dios ha sembrado en nuestro interior algo que nos hace originales y fecundos y hace que nos entendamos con el lenguaje del corazón.
 
Elogiar la ternura significa creer en la primacía del amor, en la oferta sincera de diálogo
, en propiciar ámbitos de confianza, en favorecer espacios en los que podamos construir y crear redes de entendimiento y esperanza. Podemos así entrever que un misterio de amor se ha acercado a nuestra vida. Entonces la ternura podría llegar a ser nuestro más auténtico rostro imperado por el amor.
 
Por monseñor Sebastià Taltavull
Artículo publicado originalmente (en catalán) en la web del arzobispado de Barcelona
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.