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Cómo ser feliz: ¿No teniendo hijos?

Amanda Tipton
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Un reciente estudio sobre la relación entre felicidad y niños tenía dos importantes fallos

¿El secreto de un matrimonio feliz es no tener hijos? Este es uno de los hallazgos clave de un nuevo estudio publicado en noviembre de 2013 por la Open University del Reino Unido, y presentado esta semana en la British Library. Titulado “Amor duradero: Relaciones de pareja en el siglo XXI”, el estudio comparaba padres, casados y no casados, con parejas sin hijos, y encontraba que las parejas que no tenían hijos estaban más satisfechas con sus relaciones y que se sentían más valoradas por sus parejas.

El estudio, llevado a cabo por el doctor Jacqui Gabb y financiado por el Economic and Social Research Council, pidió a cerca de 4.500 encuestados que describieran la satisfacción general de su relación. ¿Los resultados? Los hombres y mujeres que no tenían hijos se sentían más valorados por su pareja, y calificaban su relación como “muy positiva”. Pero el estudio también encontró que las mujeres sin hijos eran las que en general estaban menos contentas con su vida; y las madres eran más felices que los demás del estudio, tanto hombres como mujeres, aunque su relación con su pareja no fuese exitosa.

Las mujeres manifestaban el doble que los hombres que sus hijos eran lo más importante en sus vidas; los hombres, incluso los que tienen hijos, tendían a calificar a sus parejas como “lo más importante”. Los padres manifestaban el doble que las madres que la intimidad sexual era importante, y consideraban la falta de intimidad como el mayor problema de su relación.

Para sorpresa de nadie, el estudio “descubre” que las necesidades de la crianza de los hijos provocan que los padres tengan menos tiempo para dedicarlo a su relación.

Un aspecto de las relaciones que la investigación no tiene en cuenta es el efecto del compromiso espiritual por parte de las personas. Aunque los encuestados se dividen en función de la edad, el género, el estado civil y la orientación sexual, no se pregunta nada sobre su fe. ¿Influye la creencia en Dios y el aprecio por la vida en la satisfacción personal, aun en momentos de estrés? ¿No sería una alegría sin parangones para los padres el privilegio de participar en la creación de Dios y de criar a un hijo, aunque eso suponga que tienen muchas más responsabilidades, mucho más de lo que hayan experimentado en la época en que no tenían hijos?

En segundo lugar, el estudio omitió considerar un hecho que pudiera ser evidente para las parejas casadas durante mucho tiempo: que las relaciones pasan por temporadas, y que si bien hay menos tiempo para dedicarles durante los años ocupados en la crianza de los hijos, las parejas que se han comprometido para toda la vida encuentran de nuevo una profunda intimidad una vez que los niños son mayores.

Pero el mayor inconveniente de la investigación del Dr. Gabb y su equipo estaría en su definición de “felicidad”.

El Dr. Peter Kreeft, profesor de la Universidad de Boston, ha enumerado tres tipos de realización personal: La primera, el “placer”, implica al cuerpo. La “felicidad”, que es más que el simple placer, está en la mente y los sentimientos. Y por encima de la felicidad, está la “alegría” – que es una satisfacción profunda en el corazón, el espíritu, el centro del ser. El estudio de la Open University parece centrarse en el placer – la intimidad sexual de la pareja – y en la “felicidad”, que se define como la forma en que uno “siente” acerca de la pareja amada.

Por monseñor Murilo S. Krieger,arzobispo de Sao Salvador y primado de Brasil.
Artículo publicado originalmente en la página web de la CNBB (conferencia episcopal de Brasil)

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