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Esos nuevos santos patronos contra los males de hoy

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El obispo que defendía a las víctimas de abusos sexuales, la víctima de “stalking”, el patrono de los cerebros en fuga,…

«Patrono» es una palabra que huele a viejo. Pero a mí me parece que es bonito, como creyentes, pensar en los santos patronos como hombres y mujeres de Dios que tienen una mirada particular para determinadas categorías de personas. A medio camino entre «sindicalistas del cielo» y «mediadores» especializados (sin ofender, se entiende…).

La Iglesia católica holandesa quería elevar como patrón de las víctimas de abusos sexuales al obispo Franz Schraven, quemado vivo por los japoneses en 1937 en China, porque se había opuesto a la violación de 200 niñas. Obviamente antes es necesario que llegue a puerto la beatificación del prelado, aún en curso.

La historia de este obispo es muy interesante. Franz Schraven en octubre de 1937 era obispo de Zhengding, a 260 km al sur de Pekín.

Los japoneses habían invadido China, haciéndose responsables de masacres y violaciones en masa (la más tristemente famosa es la de Nanking en el 37).

Cinco mil habitantes de Zhengding se refugiaron en el obispado. Los soldados japoneses pidieron a Schraven que les entregara 200 muchachas chinas para convertirlas en «mujeres de compañía», o sea, esclavas sexuales en burdeles para oficiales.

Pero él opuso un severo rechazo: “Nunca tendréis lo que pedís, antes muero”. Por esa respuesta, los japoneses volvieron al obispado, llevándose a Schraven y otros 8 sacerdotes: los rociaron de gasolina y los quemaron vivos.

Franz Wiertz, que ha llevado adelante la petición de beatificación de monseñor Schraven, en los documentos enviados al Vaticano, ha sugerido que sea considerado “como un santo patrono para las víctimas de abusos sexuales”.

Por desgracia, la plaga de los abusos sexuales está terriblemente de actualidad. También el stalking, es decir, la atención obsesiva por una persona incluso contra su voluntad: una atención que a menudo, cuando no es correspondida, desemboca en violencia.

Santa Scorese es una joven mujer de Bari, asesinada el 15 de marzo de 1991 precisamente por el hombre que desde hacía tiempo la estaba molestando.

Es una figura actualísima, no sólo por la trágica manera en que murió, sino también por la frescura y las ganas de vivir que se desprende de sus escritos.

Nada más alejado de la oleografía rancia de la mártir-masoquista: era una santa que amaba la vida. Durante un tiempo soñó con el matrimonio y con un hombre para sí.

Extrovertida y dinámica, serena en las relaciones y capaz de iniciativa (así la retratan los profesores al final del Liceo Clásico), se inscribió con entusiasmo en Medicina.

Era una chica de su tiempo: amaba la música, los libros, le apasionan las discusiones con los amigos y encuentra tiempo para dedicarse al voluntariado con la Cruz Roja.

Su recorrido espiritual es intenso: criada en una sólida familia cristiana, acudía a la parroquia del Redentor en Bari. Conoció Comunión y Liberación, y después la experiencia de la Madre Teresa a través de sus monjas en Bari; después se acercó al movimiento de los Focolares acudiendo regularmente a sus encuentros.

En 1983 se consagró a la Virgen y de allí a unos años, profundizó en la espiritualidad de las Misioneras de la Inmaculada del Padre Kolbe. Pero cuando decide entrar en la congregación experimenta la resistencia de los padres.
 
El 6 de febrero de 1989 sufrió una agresión por parte del joven que después la asesinó. Siguió un periodo de prueba y soledad. La familia denunció la situación pero sin obtener resultados. Dos años después fue asesinada.

Su muerte suscitó un vasto duelo y su fama de santidad se difundió en breve, tanto que en 1999 se introdujo la causa de beatificación.

Leer algunos de sus escritos es como ojear ciertas noticias dramáticas de hoy:

No puedo salir sola porque hay un hombre que está tras de mí desde junio y hace algunas semanas me agredió. No sé si quiere violarme o asesinarme. Es esquizofrénico y la madre no quiere someterlo a tratamiento. Yo no tengo nada para pararle, aun habiéndolo denunciado en Comisaría. No puedo ir sola por la calle porque él viene sea donde sea. Sólo tengo mi fe y mi diario. ¡No sé cómo terminará esta historia pero te puedo asegurar que es una auténtica pesadilla!”.

Por eso, si hay que elegir una patrona para las víctimas del stalking, esta santa está en primera posición.

Cambiamos decididamente de caso. No sé si representa una verdadera “categoría social”, pero la de la madre-católica-de-adolescente-rebelde-a-la-fe ciertamente es uno de los tipos antropológicos más difundido dentro de nuestras comunidades cristianas.

Y bien, no mucho después de haber leído un admirable discurso del papa Francesco sobre san Agustín y su madre, santa Mónica, doy mi candidatura decididamente a esta última para el puesto. El retrato que Bergoglio hace de Mónica, de su preocupación y del ansia materna por la fe de su hijo es realmente admirable.

Por último. Se habla a menudo de “fuga de cerebros». ¿Por qué no se podría coronar al jesuita Matteo Ricci, imponente figura de misionero-intelectual?

El entonces subsecretario de Exteriores de Italia Staffan de Mistura, dijo que “Ricci debería representar un faro para quienes deciden dejar nuestro país por motivos de estudio o de trabajo”.

Añadía: “Dirigiéndome a 150 jóvenes italiano expatriados de éxito, me imaginé en muchos de ellos a pequeños-grandes Matteo Ricci”.

Del gran jesuita italiano, De Mistura dijo que era “un álfil del diálogo capaz de penetrar en la mentalidad de pueblos lejanos, con la fuerza de la cultura y del respeto del prójimo, igual que muchos italianos que emprenden carreras laborales en las cuatro esquinas de la tierra”.

Ya que tenemos una patrona de los migrantes en santa Francesca Cabrini, ¿por qué no se podría asignar a Matteo Ricci el patronato de los “cerebros en fuga”?

Por Gerolamo Fazzini, artículo publicado en Vinonuovo.it

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