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¿Cómo hacer cuando mi niño se porta mal en Misa?

Jean-Matthieu GAUTIER/CIRIC

Diócesis de Idaho - publicado el 13/01/14 - actualizado el 25/01/19

La clave está en la actitud de los padres, y en la comprensión de los sacerdotes

Un niño pequeño llorando en la misa, es una señal que la iglesia sigue viva y continua con su misión de evangelizar a las naciones.  Muchos padres de familia tienen miedo de llevar a sus hijos pequeños a la misa por temor de llamar la atención, no vaya ser que el padrecito los vaya a regañar. Otros padres convenientemente usan a sus hijos para no ir a la misa, dicen “hasta que los niños estén grandes y se puedan comportar, entonces si iremos a misa” sin darse cuenta que estos años en la vida de un niño son sumamente importantes para que vayan descubriendo lo que es la misa, y puedan ir modificando su comportamiento para participar activamente de la misa.

Hay un mal entendido con algunos padres de familia que piensan que los sacerdotes no quieren a los niños en la misa. ¿Si no hay niños en la misa de hoy, entonces donde estará la iglesia del mañana? Los niños pueden ir integrándose en la comunidad de fe, y al  principio va a ser difícil. La misa está estructurada, hay diferentes movimientos, se hacen las mismas acciones, es un ritual y esto puede ser difícil para cualquier niño.

Recuerdo cuando era pequeño  mi mamá me llevaba a misa, y yo me aburría mucho y esperaba el momento de la comunión cuando todos estaban parados para pasearme de un lado de la banca al otro, o a veces me gustaba acostarme en la banca cuando los demás se ponían de pie o de rodillas. Poco a poco con los consejos de mi madre y de mi familia me fue dando cuenta que la iglesia no era un lugar para jugar sino para orar. Así también los niños pueden ir aprendiendo, sí sus papas les dedican el tiempo para explicarles lo  que pasa en la misa, y explicarles qué tipo de comportamiento es adecuado tener en una iglesia.  Lleva tiempo y dedicación y no es fácil, pero con una disciplina de fe y un buen ejemplo la lección será bien aprendida.

Gracias a Dios yo pude aprender la lección rápido, pero no quiero imaginarme que hubiera pasado si un sacerdote hubiera parado la misa para regañarme, posiblemente no hubiera regresado a la iglesia.

Algunos padres no regresan a la iglesia porque se sienten ofendidos porque el sacerdote les pide que por favor tengan a sus hijos a su lado bajo control. Esto no creo que sea un pedido ilógico y causa de enojo. Para mí el ruido de los niños en la misa es un signo de vida, de vitalidad. Es un signo que la iglesia aún vive y continúa regenerándose a través de nueva vida, pero tampoco estoy diciendo que quiero una sinfonía de ruidos en la misa y que nadie se tome la molestia para calmar la situación. El problema para mí no es que un niño llore o haga ruido (especialmente un niño de pecho), el problema es cuando un padre que no le pone atención. Si los padres de familia están tratando lo más que se pueda en concentrar a sus hijos en la misa, ¿qué más se puede pedir? Es cuando no prestan atención cuando se crea una dificultad para la misa.

Algunos sacerdotes tratan de corregir esto durante la misa, yo le haría al terminar la misa pues yo no me veo parando la misa y señalando a nadie. Lo que considero importante es que los niños no pierdan la fe porque sus familias dejen de asistir a misa, sino que poco a poco se vayan adaptando a la misa con el ejemplo y ayuda de sus padres. Yo comprendo a la madre de familia que viene sola con sus hijos a la iglesia. Yo agradezco el sacrificio que algunos padres hacen en traer a sus niños de pecho aunque  lloren cuando tienen hambre. Yo a las agradezco familias jóvenes que vienen a la iglesia a pesar de tener a varios niños pequeños. La solución al ruido en la misa no es eliminarlo (que ya no venga), es canalizarlo (aprender a concentrarse con una disciplina de fe llevando a una participación activa).


Este tema es difícil y tanto padres como sacerdotes de buena voluntad tendrán una forma de pensar diferente. Por un lado tenemos que mantener la solemnidad de la misa, por el otro tenemos que tener un ambiente de bienvenida para las familias jóvenes. La vía media no es dar licencia para que todo pase en la misa, sino ir educando desde pequeños a los hijos en la disciplina de la fe con paciencia y sin sentirse ofendidos. Lo que rige la actuación en esta discusión acerca de la asistencia de los niños en la misa y el ruido que puede pasar es lo que nos dice la Escritura: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (Mateo 19:14).

El Padre Ramírez es el vicario parroquial en Blessed John Paul II, Idaho Falls. Artículo publicado originalmente por Diócesis de Idaho

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