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Padre Popieluzsko, el sacerdote mártir de Solidarnosc

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Su historia es impactante por el heroísmo con el que vivió y murió

La historia sobre el sacerdote católico Jerzy Popiełuszko es impactante por el heroísmo con el que vivió y murió. Creía firmemente en la liberación que emana de la Cruz redentora, y en que el deber de un sacerdote es el de transmitir la Verdad, aunque ello signifique morir. Conocía los riesgos pero no cesaba en su afán por transmitir la Palabra de Cristo, levantando la Cruz como un símbolo de resistencia a la opresión comunista.

Sus homilías eran seguidas por miles de fieles que se refugiaban en las Iglesias “porque sólo allí podían sentir que eran verdaderamente libres”. Fue perseguido, encarcelado, vigilado, hostigado y aun así proponía enfrentar el mal con el bien. Quizás por ello, cuando fue asesinado con tanta crueldad, sus fieles parroquianos enfrentaron la injusticia como el padre Jerzy lo hubiera deseado, rezando, perdonando, creyendo que el bien siempre vencerá al mal.

Jerzy Popiełuszko  nació el 14 de septiembre de 1947 en un pueblo llamado Okopy, Polonia. Sus padres, Marianna y Władysław, se dedicaban al trabajo agrícola.

Desde 1961 estudió en la escuela secundaria en Suchowola. Sus maestros lo describían como un alumno hábil, ambicioso y desde los primeros años sirvió como monaguillo.

En 1965 ingresó al seminario en Varsovia. Al principio del segundo año se unió a las fuerzas armadas, ya que el Estado reclutaba clérigos como un modo de desafiar a la Iglesia. Los funcionarios estatales esperaban que, bajo un sistema de adoctrinamiento, los jóvenes aspirantes abandonaran  los seminarios. Sin embargo, el 28 de mayo de 1972 fue ordenado sacerdote por el cardenal Stefan Wyszyński.

El 20 de mayo de 1980 comenzó su ministerio en la iglesia parroquial de San Stanislaw Kostka , su último lugar de trabajo. El domingo 31 de agosto una delegación de trabajadores siderúrgicos pidió la asistencia de un sacerdote en la acería. Debido a un compromiso anterior, el padre Jerzy Czarnota declinó la invitación, ofreciéndose en su lugar, el padre Jerzy.

Después de eso, celebró misa para ellos cada domingo a las 10 en la iglesia de San Stanislaw. Creó una especie de escuela para obreros donde predicó el Evangelio y organizó una serie de cursos sobre conocimientos básicos.

El 25 de abril de 1981, la bandera del movimiento Solidaridad de las acerías de Varsovia, fue consagrada en una ceremonia. Poco después se declaró la ley marcial en toda Polonia.  El padre Jerzy ayudó a los perseguidos y a quienes sufrían la injusticia. A partir del 28 de Febrero de 1982 celebró la misa por la patria pronunciando sermones religiosos y patrióticos.

Debido a sus actividades, el padre Jerzy se convirtió en blanco de duros ataques por parte de las autoridades estatales. Ocurrieron numerosos incidentes para intimidarlo. Comenzaron a llegar cartas oficiales a las autoridades de la iglesia, afirmaban que los sermones en la parroquia de San Stanislaw amenazaban a los intereses de la República popular polaca.

En el otoño de 1984 la situación del padre Jerzy era cada vez más difícil. Aunque él creía profundamente en el sentido de su servicio, estaba cansado de los continuos ataques y presentía que podía morir. Problemas relacionados con su salud y la persistente tensión psicológica le hicieron considerar algún tipo de descanso, o la idea de estudiar en Roma. Sin embargo, decidió quedarse en Varsovia.

El 13 de octubre, en el camino de Gdansk a Varsovia, ocurrió el primer atentado contra la vida del padre Jerzy. El segundo fue planeado para el 19 de octubre. El padre Jerzy regresaba a Varsovia luego de sus tareas pastorales en Bydgoszcz, cuando su auto fue detenido por tres agentes de la seguridad del Estado. Le golpearon hasta la muerte y arrojaron su cuerpo maltrecho y atado en el río Vístula cerca de Włocławek.

El padre Jerzy fue beatificado el 6 de junio de 2010 en la plaza Piłsudski, Varsovia. El arzobispo Angelo Amato, el representante Papal y el prefecto de la congregación para las causas de los Santos, presidieron la misa .

La solemne Eucaristía fue celebrada en latín y polaco por 120 obispos y 1.600 sacerdotes de Polonia y de otros países. Marianna Popiełuszko, madre del padre Jerzy y sus hermanos se encontraban también presentes.

La historia del padre Jerzy impacta porque es un héroe de la Fe del siglo XX, cercano en sus vivencias y pesares a muchos hombres y mujeres de este siglo. El padre Jerzy sufrió la discriminación y la violencia más extrema sólo por el hecho de haber sido religioso.

Hoy los cristianos viven tiempos azarosos, al punto que se acuñó el neologismo “cristianofobia” para designar las diversas formas de hostigamiento en diversos lugares del mundo. Con mayor o menor virulencia, lo cierto es que los ataques se dirigen con inusitado encarnizamiento, tanto con hechos como con palabras. Desde la intransigencia religiosa o desde la intolerancia ideológica.

En tiempos de Popiełuszko los ataques provenían principalmente desde el régimen soviético comunista que dominaba Polonia. Hoy se ha restablecido allí la democracia. Sin embargo, incluso en aquella tierra católica desde hace tres milenios, y donde el 90% de la población se declara todavía creyente, los ataques se han vigorizado desde una nueva ideología que busca socavar los valores cristianos: la Ideología del Género.

El triste panorama se repite en muchos y distantes puntos geográficos. Por esta razón, la figura del padre Jerzy Popiełuszko inspira y da fuerzas al que camina. Al igual que muchos otros mártires es la prueba de la generosidad llevada al extremo de dar su propia vida por Cristo. Lo que lo hace único, singular, fue el valor con el que enfrentó la prueba de amor más grande.

Miriam Dolly Arancibia de Calmels es profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan (Argentina), y autora del libro "La Iglesia Doliente. Un largo invierno en Cracovia" (ed. Plaza) (Más información sobre el libro, aquí)
 

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