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Venezuela pone en marcha la teoría de la insubordinación fundante (Segunda de dos Partes)

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Entrevista al profesor argentino Marcelo Gullo

A partir de este mes de diciembre de 2013 se produjo un cambio sustancial en el enfoque teórico de la política exterior de la República Bolivariana de Venezuela. Se trata de la elaboración, por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, de una nueva doctrina de política exterior, misma que se da por primera vez que un Estado latinoamericano tomando, oficialmente, una teoría de relaciones internacionales (la teoría de la “insubordinación fundante”), elaborada por un académico latinoamericano (el profesor argentino Marcelo Gullo).
 
En la primera parte de esta entrevista –concedida en exclusiva para Aleteia—el profesor Gullo especificó cómo países de éxito económico (tal es el caso de Corea del Sur) habían dado un vuelco al modelo ultra liberal que “exportaban” y basaron su progreso en prácticas que condenaban en países con los que mantienen una subordinación hegemónica.
 
–Cuando usted escribió su libro, ¿imaginaba lo que le sucedió con el reciente proyecto de política exterior en Venezuela?  ¿Lo consultaron a usted Hugo Chávez o Nicolás Maduro?
 
No he tenido directamente ningún contacto con el presidente Chávez ni con el presidente Maduro. Sin embargo, podría decirle que, inconscientemente, estos últimos doce años estuve escribiendo para nuestra clase política, es decir para ser leído por aquellos que detentan el poder en nuestras repúblicas desde el Río Grande a la Tierra del Fuego. Sabía que algunos amigos le habían alcanzado mis libros a Chávez y  luego a Maduro, pero nunca imaginé que la República Bolivariana de Venezuela se propusiera realizar una “insubordinación fundante” tal como yo lo planteo en mis  obras.
 
–¿Qué significa para usted este, digámoslo así, experimento de la República Bolivariana de Venezuela?  ¿Hay indicadores para medir su éxito?  ¿Podría ser “exportable” a otras naciones latinoamericanas?  ¿Bajo qué criterios?
 
Significa que Venezuela ha comprendido que una política exterior independiente debe ir acompañada de un proceso de industrialización y desarrollo que solo puede lograrse a través de la realización de una “insubordinación fundante”. Significa que Venezuela ha comprendido que el único camino para superar el subdesarrollo consiste en realizar una “insubordinación fundante”.  Es decir, que Venezuela ha comprendido  que el análisis objetivo de la historia nos hace ver que todos los procesos emancipatorios exitosos son el resultado de una adecuada combinación de una insubordinación ideológica contra el orden ideológico establecido por las potencias hegemónicas, (hoy el neoliberalismo y el libre comercio absoluto)  más un adecuado impulso estatal que lleva a los recursos del Estado que están en potencia al acto.
 
Venezuela tomando la teoría de la insubordinación fundante como doctrina oficial ha comenzado un proceso de insubordinación ideológica pero, ahora, el gobierno de Venezuela tiene que acertar en la segunda fórmula de lo que es una insubordinación fundante, es decir un adecuado impulso estatal.
 
–¿Podría ampliar este segundo campo de trabajo que deben llevar a cabo los gobiernos que quieran establecer como principio de progreso su teoría?
 
Muy bien, esto quiere decir que si no se elimina la corrupción generalizada, si no hay una conducción eficiente del Estado, si no se concibe  una estrategia exitosa y realista, de industrialización y puesta en valor de todos los enormes recursos que Venezuela posea desde la agricultura a la minería, el proceso fracasa. Quiero decir con esto que Venezuela, por ejemplo, es hoy un importador neto de alimentos, cuando Venezuela tiene una llanura extraordinaria que podría producir una enorme cantidad de alimentos para su pueblo y el mundo. Venezuela es un país que comete hoy el error de tener petróleo y refinarlo fuera de su territorio, tiene seis refinerías en Estados Unidos. Exporta petróleo crudo, no exporta plástico, no exporta fertilizantes.
 
Venezuela tiene que pasar a la etapa de industrialización del petróleo. Hay que dejar atrás la etapa de simple exportador de materias primas sin industrializar. Hay que pasar a la etapa de la industrialización de Venezuela. Pero un proceso de insubordinación fundante no lo hace un hombre, lo hace un hombre acompañado de su pueblo con una enorme cantidad de cuadros incorruptibles que deben ser eficientes en la tarea de organizar esa insubordinación, eficientes para poder levantar una fábrica, eficientes para controlar las empresas del Estado y para poder producir un verdadero proceso de cambio estructural.
 
–En sus investigaciones creo percibir un concepto que le es muy cercano –en el ámbito sociopolítico—al Papa Francisco.  Me refiero al concepto de “patria grande” para referirlo al concierto de las naciones latinoamericanas; concretamente, las sudamericanas: ¿estoy en lo correcto?  Si es así, ¿cómo se implica esta idea con su trabajo y la “Misión Permanente” a que llamó el documento de Aparecida.  Sé que esta pregunta es muy subjetiva, pero podría darnos una clave de lectura de muchas realidades latinoamericanas que hoy, con el Papa Francisco, se están combinando o conjugando…
 
Uno de los más grandes regalos que recibí de Dios es haber tenido al gran filósofo y sociólogo Alberto Methol Ferré como mi gran maestro. El Papa Francisco ha reconocido varias veces que el hombre que formó su pensamiento geopolítico fue justamente Alberto Methol Ferre. Nosotros los católicos tenemos la obligación de luchar por la superación de la pobreza, de extirpar de la América Latina la pobreza y la miseria, porque –sin duda– Jesucristo nos dirá un día tuve hambre y no fueron capaces de darme de comer en el continente más rico del mundo.
 
Ahora bien, para superar la pobreza tenemos que realizar nuestra insubordinación fundante;  tenemos que industrializarnos, y ahí entra el tema de la necesidad de la unidad latinoamericana para formar un gran mercado a escala que nos permita una industrialización tecnologizante, porque  nuestros países – a excepción del Brasil y de México sino hubiera estado tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios- no pueden realizar un proceso de ese tipo a gran profundidad.
 
–Pero, la integración para los católicos es más que una cuestión material es una cuestión en la que está en juego nuestro ser….
 
Methol Ferré, recitando a José Enrique Rodó, no se cansaba de repetir que “Patria es, para los hispanoamericanos, la América española y que dentro del sentimiento de patria cabe el sentimiento de adhesión no menos natural e indestructible, a la provincia, a la comarca; y provincias, regiones y comarcas de aquella patria nuestra (que hoy el Papa Francisco, retomando a Manuel Ugarte, llama Patria Grande), son las naciones en que ella, políticamente se divide”. Tenemos que recordar que el sentido de pertenencia continental, nace con el descubrimiento hispano de América dado que, antes del descubrimiento, no existía tal sentido.
 
–Es evidente que los pueblos indígenas, no tenían conciencia de una pertenencia continental común.
 
En efecto, es el mundo ibérico el que introduce la noción de pertenencia a una ecúmene cultural de carácter continental, como lo es Indoamérica. Lengua, religión, instituciones compartidas, durante tres siglos, por todos los pueblos de esta región del mundo, crearon, en la conciencia indohispánica, un sentimiento de unidad continental que, casi doscientos años de separación, no han podido desarraigar. Y, en definitiva, es por eso que, de tanto en tanto, surgen intentos de construcción política de una Patria Grande como el que hoy nos propone  el Papa Francisco.
 
–¿Propuesta que de una u otra manera ya está anunciada en Puebla y Aparecida?
 
Es preciso aclarar que la construcción de la Patria Grande, es decir la realización de la unidad continental, no es una “utopía” dado que el carácter de “utopía” no le corresponde pues, esta unidad a que aspiramos, tuvo ya un lugar en la historia, existió, efectivamente, durante tres siglos. Solo la subordinación cultural nos ha hecho olvidar que de París a Berlín o a Londres, hay más distancia sicológica que de México a Buenos Aires, que mientras en Europa, la frontera es, hasta cierto punto, natural, en  Indoamérica es una simple convención jurídica, una mera delimitación caprichosa que no se ajusta ni a las conveniencias y necesidades políticas, ni a las realidades espirituales y económicas de los estados.
 
Las diferencias entre los pueblos de Indoamérica son tan mínimas y tenues que no logran nunca constituir individualidades separadas, como en el Viejo Mundo. De norte a sur los hombres tienen el mismo pulso y la misma acentuación vitales. Constituyen en realidad, un solo pueblo unitario de carácter típico, específico, general y ecuménico…Somos, pues, los indoamericanos el primer pueblo-continente de la historia y nuestro patriotismo y nacionalismo tienen que ser un patriotismo y un nacionalismo continentales. A realizar ese patriotismo continental nos llama hoy, curiosamente desde Roma, el Papa Francisco.

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