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México y la devoción a Cristo Rey (II)

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Jaime Septién - publicado el 24/12/13

Entrevista al historiador Luis Alfonso Orozco

El desarrollo histórico de la devoción en México a Cristo Rey y a su Sagrado Corazón, tiene como momento cumbre del siglo XX la historia, agitada y a veces rocambolesca (por la persecución y el miedo del poder) del monumento nacional a Cristo Rey en el cerro de El Cubilete

En efecto, en la cima de la montaña El Cubilete, que le sirve de pedestal, se levanta solemne la gran estatua de Cristo Rey bendiciendo a la nación y a todos los que llegan de lejos o de las cercanías a su santuario. Cristo Rey se alza en el corazón geográfico de México, a 2.660 metros de altura sobre el nivel del mar, pero quiere reinar también en el corazón de todos los hombres, pues ese es su lugar preferido.

Al pie de la Santa Montaña, que está en el municipio de Silao en el Estado de Guanajuato, Cristo Rey contempló desde su altura el martirio de aquellos hijos suyos, que durante los años de la persecución lo confesaron hasta la última gota de su sangre generosa y hasta el postrer aliento de sus pulmones para aclamarlo como Rey universal: ¡Viva Cristo Rey!

Hasta ese lugar, verdadero corazón del catolicismo mexicano, llegó en marzo de 2012 el Papa Benedicto XVI.  Él mismo confesó que estaba cumpliendo un deseo no realizado de su admirado antecesor, el papa Juan Pablo II, quien no pudo ir a la montaña, justamente, por impedimento de los gobiernos federales de México, en ese entonces, gobiernos que se decían “emanados” de la Revolución y de una Constitución (la de Querétaro, de 1917) profundamente anticatólica.

Exploramos, en esta segunda parte, de la mano del Padre Luis Alfonso Orozco LC, la serie de acontecimientos que enmarcan la consagración mexicana a Cristo Rey, misma que fue ratificada el pasado mes de noviembre, en la Basílica de Guadalupe por el cardenal y arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera.

La primera consagración de México a Cristo Rey fue en 1914, como veíamos en la entrega anterior.  Han pasado nueve años y el catolicismo inicia una década trágica.  Estamos en 1923.  ¿Qué panorama se puede dar como inicio de la construcción del monumento a Cristo Rey en el Cerro del Cubilete?

México contaba ya con la Basílica y Santuario Nacional de Guadalupe, y se quiso favorecer la expresión de la devoción popular del pueblo católico, con otro Santuario Nacional dedicado a Jesucristo.

La historia del monumento edificado a Cristo Rey, en el corazón geográfico de México, es hermosa y heroica, porque forma también parte de la epopeya cristera y de la defensa de la fe.

El 11 de febrero de 1923 el delegado apostólico, monseñor Ernesto Filippi, acompañado del entonces obispo de León, monseñor Emeterio Valverde Téllez, y de otras autoridades y ante 50 mil peregrinos, bendijo la primera piedra de construcción del monumento. Este hecho le mereció –a continuación– la expulsión del país por orden  alevosa del entonces presidente, el general revolucionario Álvaro Obregón.

Fue un acto completamente arbitrario y sin ninguna otra justificación más que el poder de la tiranía, como era la praxis de los gobernantes de la época.

Sin embargo, vendría lo peor…

Así es, pues pocos años más tarde, en plena persecución religiosa, el presidente y general Plutarco Elías Calles decretó, arteramente, que la estatua del Sagrado Corazón hecha de cantera, fuese dinamitada.

La sentencia se ejecutó el 20 de enero de 1928 por manos de varios soldados al mando de un cierto general Carrillo.

Al explotar la dinamita y al fragor del trueno se levantaron voces blasfemas de mofas, procaces insultos, desafíos cobardes, como en torno de la agonizante Víctima del Calvario pendiente en la cruz.

El eco del torbellino que estremeció a la montaña se fue repitiendo en las ondulaciones de las cañadas…

La indignación del pueblo no tuvo límite y pudo verse a mucha gente armada llevando en sus sombreros imágenes y medallas con las iniciales del pregón libertador: ¡Viva Cristo Rey!

Sin saberlo -¿cómo podrían, si los cegaba el odio?-, los generalotes emanados de la Revolución le estaban dando un motivo de devoción más profunda al pueblo fiel de México, ¿no le parece a usted?

Es cierto.  La Montaña del Cubilete se convirtió en tierra santa y en meta de peregrinación incesante. Cuando años más tarde el país se pacificó; finalmente se pudo levantar el grandioso monumento -el quinto y definitivo- a Cristo Rey universal, por cuya causa los labios de los mártires proclamaban antes de ser fusilados o ahorcados: “¡Viva Cristo Rey!”.

Esta epopeya le ha dado a México la mayoría de su santoral, desde el beato Padre jesuita Miguel Agustín Pro, fusilado en 1927, y monseñor Rafael Guizar y Valencia, obispo de Veracruz (aunque él no murió durante la Cristiada, sino en 1938, sin embargo no se había atenuado la persecución religiosa), los primeros 25 mártires canonizados en mayo de 2000 por Juan Pablo II, hasta los trece nuevos beatos proclamados por Benedicto XVI, el 20 de noviembre de 2005 –domingo de Cristo Rey- en Guadalajara, entre los cuales hay tres sacerdotes y diez seglares.

¿Podemos decir que, junto con la Basílica de Guadalupe, el Cristo del Cubilete, tan cantado en su tierra, Padre Luis Alfonso, por la célebre composición de José Alfredo Jiménez, “Caminos de Guanajuato”, es el corazón de México?

Cristo Rey en El Cubilete es ahora uno de los santuarios más frecuentados en el país no sólo por los peregrinos guanajuatenses, sino por peregrinaciones de carácter nacional e internacional, muchas de ellas multitudinarias.

Para este objeto, al pie de la gigantesca estatua de Cristo Rey, como base de la misma, se encuentra la moderna basílica en forma de globo terráqueo.

El Santuario tiene capacidad para alojar a un nutrido número de peregrinos que ascienden a la montaña durante todo el año, pero en particular para la fiesta de Cristo Rey.

¿Qué representa todo este conjunto?

La simbología representada en las estatuas de Cristo y los dos ángeles que reposan sobre un hemisferio de concreto, simboliza al universo, con sus meridianos y paralelos terrestres.

Esta semiesfera descansa a su vez sobre ocho columnas de acero y hormigón que representan a las ocho provincias eclesiásticas que había en México, cuando se levantó el monumento.

Los ángeles arrodillados a los pies del divino Monarca, le ofrecen las dos coronas: la del martirio (corona de espinas) y de la gloria (corona regia).

¿Y la enorme escultura de Cristo Rey?

La escultura hecha con cemento y acero mide 20 metros de altura, pesa 80 toneladas y está localizada en la cima del cerro el Cubilete, a 2.660 metros de altura sobre el nivel del mar, al cual se llega por medio de un camino empedrado que asciende como espiral por la montaña hasta llegar a una amplia explanada superior, que funciona también como mirador y estacionamiento para los coches.

El recorrido sigue una pronunciada pendiente y atraviesa algunas curvas practicables pero cerradas, por lo que es recomendable conducir con velocidad moderada.

En el interior del Santuario que está construido en forma circular, bajo los pies del Cristo, se contienen varias piezas de arte, entra las cuales destaca una custodia en metal precioso, de gran tamaño y que fue fabricada precisamente para este Santuario.

En la custodia se encuentra la Sagrada Hostia expuesta de modo permanente para la adoración de los fieles.

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