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¿El Papa Francisco molesta a la Mafia?

© Mazur/catholicnews.o rg.uk
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Las palabras y las acciones del Papa Francisco son claras: legalidad y transparencia en el Vaticano y lucha contra armas, droga y pobreza, terreno donde proliferan las mafias

Las organizaciones criminales que se desarrollan junto a las “formas de corrupción, hoy tan extendidas”, “ofenden gravemente a Dios, dañan a los hermanos y atentan contra la creación, mucho más cuando tienen connotaciones religiosas”. Lo dijo el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. La política, sostiene, debe actuar "de modo transparente y responsable" para favorecer una "fraternidad" que genere "paz social".
 
Obviamente, decir esto en un país como Italia tiene sus repercusiones. Según el juez instructor Nicola Gratteri, algún “boss” se está poniendo nervioso: la lucha contra el blanqueo de dinero sucio en las estructuras financieras de la Santa Sede, la denuncia del narcotráfico, de la prostitución, de la trata de personas, de la adoración del “dios soborno”… son continuas en el Papa Francisco en estos nueve meses de pontificado, pero ya lo eran antes también, durante su ministerio en Buenos Aires.
 
Esto estaría suscitando enfados entre los “padrinos” – y gran esperanza entre quienes luchan contra la mafia –, aunque según un sacerdote como Giacomo Panizza, denunciante activo contra la ‘ndrangheta (la mafia de Calabria, al sur de Italia), un peligro directo para el Papa, por ahora “no se nota, yo al menos no lo veo” (Linkiesta, 12 diciembre).
 
Para monseñor Vincenzo Bertolone, arzobispo de Catanzaro y postulador de la causa de don Puglisi, el famoso sacerdote asesinado por la mafia, el Papa, con su acción curativa en la Iglesia es un ejemplo concreto de lucha contra las mafias, y explica cómo ha cambiado la actitud de la Iglesia hacia los clanes: “La Iglesia nunca ha ignorado del todo el fenómeno mafioso desde la inmediata posguerra. Sin embargo, su comprensión y valoración han madurado solo gradualmente. La publicación, en 1991, del bellísimo y significativo documento de los obispos italianos “Educar en la legalidad”, la visita a Sicilia del Papa Juan Pablo II y la muerte de Puglisi en 1993 marcan un cambio de rumbo”.
 
Desde entonces, explica el prelado al Vatican Insider (12 diciembre), “la denuncia civil es normativa, y siempre se acompaña de una incisiva acción pastoral dirigida a la reafirmación de los principios evangélicos en su dimensión humana y social. Se ha hecho mucho, y aún queda mucho por hacer en la concienciación del fenómeno mafioso, no sólo en Sicilia, sino en la Iglesia entera. Sin excepciones ni dudas”.
 
La edición italiana de Aleteia ha hablado al respecto con Maurizio Patriciello, párroco de San Paolo Apostolo a Caivano, en la provincia de Nápoles. Este sacerdote es muy activo en la denuncia de la catástrofe provocada por el enterramiento de detritos tóxicos por parte de la Camorra en la tristemente conocida como “tierra de los fuegos”, con el consiguiente envenenamiento de la población.
 
– El ultimo mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz habla abiertamente del fenómeno mafioso condenándolo; aún antes habló contra el “dios soborno”. Algunos jueces en primera línea contra la mafia afirman que el Papa está poniendo nerviosos a los mafiosos. ¿Según usted, esto es plausible?
 
El Papa fastidia siempre a quien tiene la conciencia sucia, y los mafiosos la tienen sucísima, por lo que no es de extrañar que pueda haber algún “boss” resentido por la acción del Papa Francisco.
 
– No siempre la separación entre la Iglesia y la mafia ha sido clara y frontal, pero se puede decir que el mensaje de Juan Pablo II en mayo de 1993 ha señalado un momento definitivo y posicionado a la Iglesia con las víctimas. ¿Usted qué piensa?
 
Si ha habido zonas de sombra yo no lo sé. Piense que durante mucho tiempo no se ha tenido una percepción clara del fenómeno. Incluso los que viven aquí, en la “tierra de los fuegos”, no tiene una noción clara de lo que está pasando.
 
El asesinato de Puglisi en el 93 y de Peppino Diana en el 94 despertaron las conciencias de muchos en la Iglesia y permitieron comprender muchas cosas. Piense que incluso los jueces tuvieron una percepción exacta de cómo era la Mafia, de lo que significaba la “cúpula” y de sus actividades sólo después de que empezaran a hablar los “arrepentidos”.
 
Los sacerdotes son por naturaleza lo contrario de la Mafia, porque el Evangelio es lo contrario de la Mafia. No existe el “sacerdote antimafia”: o eres sacerdote o no lo eres.
 
– ¿Cómo se combate la “omertà” (ley del silencio entre los mafiosos)?
 
Yo digo siempre – aquí en mi parroquia – ¿se dan cuenta de lo que significa “omertà”? ¿Es “omertà” o miedo? El Estado aquí es “flaco” y en cambio los camorristas están muy presentes en la vida de las personas. Por desgracia aquí sucede que el deseo de normalidad debe convertirse en heroísmo. Aquí el deseo de normalidad pasa por actos de heroísmo y por la sangre, por desgracia.
 
A esto se añade una crisis económica durísima: cuando no se puede hacer más de una comida al día, ¿cómo pretender que no se ceda a ciertas tentaciones? La mafia se hace fuerte allí donde el Estado es débil. Hay que aplastar la cabeza de esta serpiente, pero es necesario un compromiso fuerte de todos, las instituciones las primeras.
 
 
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