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¿Los cristianos están discriminados en la sociedad occidental?

AFP/Vincenzo Pinto
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Es un error intentar unirse a la orquesta de las minorías oprimidas: es una cuestión de injusticia, no discriminación

Es un hecho que los cristianos afrontan cada vez más dificultades en la sociedad occidental. En primer lugar, hay un creciente clima de hostilidad hacia el cristianismo: parece que el mal está arraigando en la sociedad. El esoterismo y la violencia están por todas partes en los medios de comunicación; el aborto, la pornografía y las drogas se han convertido en un lugar común; cada día, especialmente en Europa, iglesias y cementerios son profanados; la blasfemia pretende ser un arte para el gran público; activistas como Femen atacan símbolos religiosos, y los medios de comunicación raramente desaprovechan la oportunidad de menospreciar a los cristianos y a la Iglesia católica. Es esta latente hostilidad contra el cristianismo la que explica la indiferencia, o incluso la complacencia, de nuestra sociedad hacia la profanación de su herencia religiosa y la persecución de los cristianos en el mundo.
 
Junto a este clima de hostilidad, que pretende erradicar el sentimiento cristiano de los corazones de la gente, los cristianos colisionan cada vez más con normas sociales a las que no pueden consentir en conciencia. Estas normas están relacionadas con la moralidad. Podemos ver un fenómeno creciente en Europa que limita los derechos de los cristianos, particularmente en países liberales avanzados como el Reino Unido. La libertad de expresión está limitada por normas que criminalizan la incitación al odio o a la discriminación; el derecho a protestar (por ejemplo contra el aborto) está limitada; y los derechos de los padres en la educación son invadidos por el Estado.

La naturaleza específica de las iglesias está siendo puesta a prueba: son vistos a menudo como empresas privadas que no tienen derecho a seleccionar a su personal en base a criterios religiosos. El derecho a no realizar abortos en clínicas cristianas está en entredicho; farmacéuticos, doctores y enfermeras son sancionados por su rechazo a cooperar en abortos; empleados y funcionaros son cesados por su rechazo moral a la homosexualidad. La República Francesa pide exigir la inscripción de su lema ateo en las puertas de las escuelas privadas confesionales, etc. El aborto y la homosexualidad son las principales, pero no las únicas, causas de conflicto entre los cristianos y el poder político.
 
Tomemos el ejemplo del Reino Unido: desde la aprobación de la Equality Act 2010, las multas y condenas han aumentado dramáticamente. Por ejemplo, una pareja vio denegada su aprobación como familia de acogida a causa de su opinión sobre la homosexualidad, un doctor tuvo que dejar su puesto en los servicios sociales porque se abstuvo ante la decisión de confiar niños a parejas del mismo sexo, las agencias católicas de adopción se han visto forzadas a cesar sus operaciones por su rechazo a permitir la adopción de niños por parejas del mismo sexo, un funcionario del ayuntamiento y un consejero matrimonial fueron cesados en nombre de la no discriminación, tras haber expresado su objeción de conciencia para celebrar la unión civil y ofrecer asesoramiento sexual a una pareja gay.

En enero de 2013, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no consideró estos ceses ilegales en un juicio que ejemplifica la tendencia draconiana del liberalismo, por el que una sociedad basada en un consenso de inmoralidad se convierte en intolerante hacia quienes siguen ejerciendo en conciencia un juicio moral sobre la conducta humana. Lo mismo sucede cada vez más en Estados Unidos.
 
Con todo, ¿es esto discriminación?
 
Discriminación (en su significado actual) es la violación del principio de igualdad; es el acto de privar a una persona de un derecho por razón de algún rasgo particular, en comparación con otra persona en la misma situación. El típico ejemplo es rehusar dar empleo a alguien ólo a causa de su sexo o de su religión, aunque no haya evidencia de que estas características personales influyan en la realización satisfactoria del trabajo. Rehusar dar empleo a un musulmán practicante en una carnicería no sería discriminación, pero sí lo sería en una librería.

Por tanto, ¿podemos decir que los cristianos de Occidente son objeto de discriminación? ¿Son privados de ciertos bienes o del ejercicio de ciertos derechos a causa de su religión? Sí, pero de una forma insidiosa y raramente oficial. Algunas profesiones son hostiles a los cristianos practicantes. Con todo, y fue el caso durante la crisis anticlerical de la Tercera República Francesa, hay algunas huellas de discriminación real contra católicos que aún permanecen en las leyes francesas. He visto una: la prohibición de que los religiosos enseñen en las escuelas primarias públicas (Ley del 30 de octubre de 1886). Esta es de hecho una violación de la libertad por razones religiosas. No hay evidencia de que un religioso sea un mal profesor.
 
Seamos francos: el laicismo y la libertad religiosa, al poner a todas las religiones en pie de igualdad, han tenido el efecto de eliminar la discriminación por motivos de religión, entre las religiones. Aparte del caso mencionado anteriormente, en teoría, cualquier persona puede acceder a funciones administrativas y electivas sea cual sea su religión. Sin embargo, si sus creencias morales o religiosas les impiden llevar a cabo todas sus funciones profesionales, es otra cuestión.
 
En realidad, son más bien los cristianos los que desean ser discriminados, y son castigados por ello. Más generalmente, los cristianos, como los seguidores de otras religiones, desearían no tener que cumplir ciertas leyes que son contrarias a su religión o que ofenden a su conciencia.
 
¿Se discrimina a una chica musulmana joven que está excluida de una escuela pública porque lleva un velo? ¿No es más bien que ella la que se priva del bien de la educación, al negarse a cumplir con la "igualdad" entre los estudiantes que impone el secularismo? ¿Pueden los objetores invocar sus propias creencias religiosas y morales para negar la aplicación de la ley? ¿Pueden protestar que son discriminados si la ley se les aplica a ellos, como lo sería con cualquier otra persona? ¿La igualdad no sería una aplicación uniforme de la ley?

 
De hecho, el concepto de la no discriminación se encuentra en un callejón sin salida, ya que se funda en una igualdad abstracta: en primer lugar, el problema real no es la cuestión de "la discriminación contra los cristianos", sino el hecho de que la ley se aleja de la justicia e invade todas las esferas de la vida. No son los cristianos los que se han convertido de repente en moralistas, sino que lo han sido siempre; es la ley la que quiere crear la moralidad, y, además, afirma ser la moralidad común. La verdadera cuestión es la de la definición de la justicia y de la fuente de la moralidad pública. Lo que los cristianos perciben como una "discriminación contra los cristianos" no es otra cosa que la violencia con que otra "moral" tiende a sustituir a la antropología cristiana.
 
La antropología se ha convertido en una cuestión política; se ha convertido en ley con la erupción de los derechos humanos, porque éstos expresan una definición del hombre. Al determinar los derechos fundamentales, se define al propio hombre. Por lo tanto, mediante la modificación de sus derechos, es posible modificar la definición social del hombre. Esta es la razón por la que todos los debates antropológicos se traducen en términos de derechos humanos y se llevan ante los jueces. Por lo tanto, corresponde a los políticos y a los jueces de los derechos humanos revelar al hombre a si mismo a través de la protección progresiva de los nuevos derechos.
 
A diferencia de una ley o de una decisión de la justicia ordinaria, la afirmación de un derecho humano se impone como una progresión hacia la verdad .

No hay libertad de pensamiento en materia de derechos humanos: nadie puede decir que no cree en los derechos humanos. Cuando un político o un juez redefine la vida, la muerte, la familia, o también la persona, esto afecta no sólo al derecho sino también a nuestra percepción de la realidad y, en consecuencia, a la verdad.

Por ejemplo, cuando la ley redefine el matrimonio, cuando afirma que un niño es de dos padres, dos madres o tres padres, ¿es esto cierto ? ¿Es ésta la realidad? ¿De qué realidad estamos hablando: de la verdadera realidad, o de una realidad ficticia que sin embargo es legal y, en consecuencia, obligatoria? ¿Se puede hablar de un hombre que es una mujer, y tenemos que creer que lo es – en virtud de los derechos humanos – desde el momento en que nos pide que lo hagamos? El hombre, la mujer, el feto, el matrimonio, la familia, la vida, la muerte, la moral ¿son sólo "nociones" bajo el control del hombre? Estos derechos subjetivos dan al hombre la libertad de la locura, la libertad de ser "libre de la realidad". ¿Cuál es la diferencia real entre un hombre que grita en la calle "¡Soy Napoleón!" y otro hombre que pretende en público ser la madre de un niño? Sin embargo, estos "derechos" pretenden definir la verdad y son apoyados por la fuerza de la autoridad pública.
 
Cuando objeta contra esta locura, ¿puede un cristiano seguir diciendo que se le discrimina?
 
Lo que algunos cristianos perciben como una discriminación en contra de ellos, es en realidad una injusticia per se. Por lo tanto, cuando se requiere a una enfermera para practicar un aborto, ¿donde está la principal causa de la injusticia? ¿En la obligación o en el aborto? Para que se diera una discriminación, deberían existir situaciones moralmente equivalentes comparables entre sí. Una enfermera que es desestimada porque se opone al aborto podría aducir discriminación a condición de que su elección se considerara como equivalente a la opción opuesta de realizar el aborto.

De hecho, para que una diferencia de trato constituya una discriminación, las situaciones en cuestión deberían ser similares. Del mismo modo, si un juez cree que las parejas del mismo sexo son objeto de discriminación en comparación con las parejas heterosexuales, es porque presupone la equivalencia de estos dos tipos de parejas. Como resultado, una persona que se queja de ser objeto de discriminación a causa de sus creencias o convicciones se sitúa dentro del paradigma liberal relativista. Esto sería una pura contradicción ya que la persona pretendería imponer su propio juicio sobre la sociedad en nombre de la equivalencia de los juicios de conciencia. La persona pediría respeto por su intolerancia en nombre de la tolerancia.
 
Este enfoque está, sin duda, condenado al fracaso. En nuestra cultura subjetivista, poblada con sujetos supuestamente irracionales, la conciencia individual ha perdido toda su autoridad, tanto que el derecho positivo sería la única norma social objetiva aceptable y viable: el "pensamiento único".
 
Los cristianos no deberían intentar unirse a la orquesta de las minorías oprimidas. Islamofobia, homofobia, cristianofobia, ¿son la misma batalla? Definitivamente no. La injusticia individual que algunos cristianos sufren es el resultado de una mayor injusticia en relación con la definición misma del hombre. El deber de los cristianos no es tener una vida libre de problemas, sino dar testimonio para todos. La batalla hoy se juega en torno a la determinación de la fuente de la moralidad, que el mundo trata de arrancar de la conciencia y de la Iglesia.
 
Así que para que la moral no sea expulsada de la plaza pública y se haga vulnerables a todas las injusticias, la postura moral del servicio cristiano se necesita más que nunca, para dar testimonio. Pidiendo ser tolerado supone renunciar a ser comprendido y, por tanto, renunciar a dar testimonio de "el camino, la verdad y la vida".
 

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