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La falta de comunión interna en la Iglesia, principal obstáculo a la Nueva Evangelización

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SIC - publicado el 11/12/13

Entrevista a monseñor Munilla, obispo de San Sebastián (España)

Es uno de los miembros más jóvenes del episcopado español y uno de los más activos en los medios digitales. El guipuzcoano, Mons. José Ignacio Munilla lleva desde 2009 al frente de la diócesis que le vió nacer, después de tres años en Palencia. Miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Subcomisión de Juventud) y la Comisión Epicopal de Medios de Comunicación Social, Mons. Munilla ha concedido una entrevista a Agencia SIC en la que apunta los retos actuales de la pastoral de juventud o los motivos de esperanza en este “momento de gracia” como él lo califica.

– Usted lleva casi 28 años de vida sacerdotal y cerca de ocho años como obispo, siendo uno de los más jóvenes en el ministerio episcopal de este país. En estos años ¿Cómo describiría su servicio a la Iglesia?

Si echo la mirada atrás, a primera vista veo fases muy distintas en el servicio prestado en la Iglesia. Aparentemente hay una gran diferencia entre los veinte años como sacerdote en Zumárraga y los años posteriores como obispo de Palencia, o estos últimos años como obispo de San Sebastián… Las circunstancias, ciertamente, son muy diversas; pero cada vez aprecio con más claridad que el hilo conductor es uno: la caridad pastoral, la respuesta a la llamada de Cristo a pastorear a sus ovejas.  Cada vez veo las cosas de forma más sencilla, y tiendo a percibir el conjunto de mi vida en una indivisible unidad. ¡¡Confío que el que inició en mí el ministerio pastoral, Él mismo la lleve a término!!

-Aparte de ser uno de los obispos más jóvenes de España, usted dirige, junto con Mons. Novell, el Departamento de Pastoral de Juventud en la CEE. Hace unos meses viajaba a Rio de Janeiro con motivo de la JMJ y pudo ver el impacto en los jóvenes de la llamada al compromiso cristiano que realizó el Papa Francisco ¿Cómo describiría a los jóvenes de hoy? Los jóvenes… la sociedad, ¿Qué inquietudes, esperanzas… manifiestan en su vida diaria? Y sobre todo, ¿están realmente más alejados de Dios que antes?

La lectura sobre la realidad de los jóvenes no debemos realizarla desde un falso optimismo, obviando el hecho de la gran emergencia que vivimos en la transmisión de la fe a las generaciones jóvenes. Pero tampoco debemos de caer en la frecuente distorsión del pesimismo, que juzga de forma negativa la juventud actual, en el falso supuesto de que cualquier tiempo pasado fue mejor. El carisma que Juan Pablo II desarrolló con los jóvenes, o lo acontecido con la llegada del Papa Francisco, son una buena muestra de que no debemos dejarnos afectar por las primeras impresiones.

Es innegable que en los últimos años se ha producido un proceso aceleradísimo de secularización, especialmente entre los más jóvenes; pero es igualmente cierto que el  hambre de Dios sigue intacta en las nuevas generaciones, o tal vez, con más fuerza que hace veinte años. Las consecuencias del vacío existencial son cada vez más acuciantes.

En el que el impulso que nos ofrece el Papa Francisco se nos descubre como un plan de Dios para poner a la Iglesia en marcha, fortalecida en su comunión interna. No en vano, la falta de comunión interna puede ser probablemente la mayor de las rémoras de cara a la Nueva Evangelización.

– El lema de su escudo episcopal es una llamada a la Esperanza, virtud teologal que centrará este año que entra en la Iglesia. Si nos fijamos en nuestro entorno ¿qué motivos de esperanza encontramos en la Iglesia actual, en los jóvenes, en las familias? ¿Estamos realmente en un ‘tiempo nuevo’ para la Iglesia en Europa?

La conocida jaculatoria dirigida al Corazón de Cristo —“en ti confío”— es un acto de fe en que el Señor ama a su Iglesia más que nosotros, y en que la conduce por sendas que nosotros no controlamos, hacia la meta de la Nueva Evangelización.  La Iglesia está tomando conciencia del momento de gracia en el que estamos; en el que el impulso que nos ofrece el Papa Francisco se nos descubre como un plan de Dios para poner a la Iglesia en marcha, fortalecida en su comunión interna.

No en vano, la falta de comunión interna puede ser probablemente la mayor de las rémoras de cara a la Nueva Evangelización. Afortunadamente, observamos que los jóvenes católicos practicantes tienen menos problemas en abrazar gozosamente la comunión plena en la Iglesia, que los adultos que fueron marcados por la cultura de la sospecha.

– La formación religiosa de los jóvenes es un tema que la Iglesia ve con preocupación. Tanto en los ámbitos escolares como en la enseñanza superior, existe una posición cuanto menos controvertida para la religión católica. Por otra parte, las familias han perdido, en numerosas ocasiones ese humus cristiano en el hogar ¿Cómo suplir esta carencia formativa necesaria para el ejercicio cristiano diario?

La “emergencia afectiva” influye en igual o mayor medida en esta falta de formación. Por ello, la educación en el amor humano, sirviéndonos de los diversos cursos existentes, me parece algo fundamental

El reto es tan grande, que sería ingenuo de nuestra parte pensar que exista un único medio, a modo de receta universal, para abordar la ingente tarea de la formación religiosa. La respuesta tiene que ser múltiple y en todos los frentes: Catequesis familiar, movimientos apostólicos, escuela católica, clases de religión, medios de comunicación tradicionales, nuevas tecnologías, publicaciones con frescura apologética… Y no podemos olvidar que este déficit de formación no es exclusivo del ámbito religioso.

Como denunció en repetidas ocasiones nuestro Papa emérito, Benedicto XVI, Europa está inmersa en una “emergencia educativa” muy grave. A esto me atrevería a añadir —como tuve ocasión de señalar en el Congreso Nacional de Pastoral Juvenil celebrado hace un año en Valencia— que la “emergencia afectiva” influye en igual o mayor medida en esta falta de formación. Por ello, la educación en el amor humano, sirviéndonos de los diversos cursos existentes, me parece algo fundamental.

Por Mª José Atienza. Artículo publicado originalmente por SIC

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