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¿Cómo recuperar la confianza en la política y en la justicia?

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Entrevista Miró i Ardèvol, impulsor del movimiento social cristiano de liberación

Llevar a la práctica la Doctrina Social de la Iglesia, mejorar con ella la sociedad realmente, requiere propuestas concretas: políticas públicas y bases de leyes bien definidas, un movimiento dinámico social,… Lo afirma en la siguiente entrevista a Aleteia Josep Miró i Ardèvol, uno de los impulsores del movimiento social cristiano de liberación que se está formando este año en Barcelona. 

Para este consultor del Consejo Pontificio para los Laicos con una larga trayectoria política en su pasado, perder la confianza en la política, en la justicia, en las estructuras sociales favorables a la persona, es autodestruirse, y contra ello hay que organizarse y actuar, con compromiso y coherencia.

¿Cómo se puede llevar a la práctica la Doctrina Social de la Iglesia?
 
En primer lugar, con propuestas concretas, no sólo principios. Esto quiere decir políticas públicas bien definidas, bases de leyes bien definidas, y sobre esto generar un movimiento en la sociedad, de aquellos que se sienten más interesados, más afectados…
 
Si se da una buena respuesta, va más allá del hecho estrictamente cristiano. Hay que juzgarlo en función de la bondad de lo que se propone. La metodología no es diferente de otra.
 
Y en eso estamos: tener definidos objetivos y cómo alcanzarlos y tener la capacidad organizativa y de trabajo para mover a las personas y sus asociaciones para conseguirlo.
 
Muchas personas –muchos católicos también- no creen ya en la política, en la justicia,…. ¿Cómo puede recuperarse la confianza?
 
Actuando. Si no se confía en eso, uno se está autodestruyendo. Es como si uno dice que no confía en la medicina porque ha tenido unos médicos que no le han curado; lo que hay que hacer es cambiar de médico, no decir que la medicina no es buena. Esto pasa también en la política.
 
El problema nace precisamente de la falta de implicación de los católicos en la vida política y de la coherencia de los que se implican en aquello en lo que dicen creer. Hay un problema de pecado de omisión y de falta de coherencia.
 
¿Cuáles son hoy las estructuras de pecado que hay que combatir?

Como definición general, todas las que impiden la realización de la persona como tal. Son muchas: el mundo económico está lleno de estructuras de pecado. No hay que entenderlas en su totalidad, quizás son aspectos parciales, pero es evidente que las empresas que no retribuyen en justicia a los trabajadores, que no facilitan su participación en la actividad económica,… están generando estructuras de pecado.
 
El afán de ganancia y la justificación de todo en base a ella, el propio funcionamiento de las instituciones políticas cuando implican frustración y engaño,… generan estructuras de pecado.
 
También hay otras estructuras de pecado que lo son intrínsecamente en su propia naturaleza: la dimensión de la prostitución y lo que lleva aparejado de tráfico de mujeres en nuestro país es una estructura de pecado intrínsecamente perversa. Hay, entonces, de dos tipos: las que lo son per se y por tanto exigen su erradicación, y las que no lo son por su naturaleza pero tienen aspectos dañinos.
 
El funcionamiento del sistema financiero es una necesidad económica, pero en función de los criterios con los que se realiza su actividad, genera pecados extraordinarios.
 
¿Qué acogida está teniendo este nuevo movimiento social cristiano de liberación?
 
La acogida es muy buena, pero la cuestión no es tanto la acogida sino el compromiso, y esto es lo que hay que ir viendo a lo largo del tiempo.
 
Hay una debilidad que también sufre la gente de Iglesia, que es la debilidad del compromiso: las personas están dispuestas a hacer una cosa un día, pero no a adquirir el compromiso de hacerlo con regularidad.
 
Esto debe verificar la actividad del movimiento social cristiano de liberación, si es capaz de crear una red de participación con un carácter más comprometido que la ocasión.

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